Muy probablemente el llamado Maestro de Cabestany, una feliz denominación del historiador Josep Gudiol, fue el primer gran nombre del arte catalán, muchos siglos antes de esa explosión de autores internacionales como Gaudí, Miró y Dalí. Pese a su importancia resultaba difícil que el escultor formara parte de las colecciones del Museu Nacional d’Art de Catalunya (Mnac). No fue hasta fecha reciente que una serie de pequeñas esculturas de este autor románico, pertenecientes a su obra maestra desparecida de Sant Pere de Rodes, aparecieron en el mercado y el museo pudo hacerse con ellas. Con ese punto de partida, el Mnac presenta una exposición en la que se refleja la trayectoria del autor, además de presentar nuevas vías de trabajo alrededor de su vida y su obra.
«Una mirada patrimonial ante la belleza de la ruina», en palabras hoy de Pepe Serra, director del Mnac, es el eje principal de una muestra que cuenta con trabajos de diferentes museos, como el del Vaticano, Cluny o Cremona. Son un total de un centenar de piezas entre esculturas, pinturas, manuscritos iluminados, dibujos y manuscritos de una propuesta que cuenta con el comisariado de Manuel Antonio Castiñeiras con el apoyo de Gemma Ylla Català.
El punto de partida de la exposición, como explicó Castiñeiras, fue la reciente aparición en el mercado de una serie de piezas procedentes de la portada del desaparecido monasterio de Sant Pere de Rodes, de las que el Mnac adquirió para sus colecciones cinco piezas: un relieve, dos cabezas masculinas, un fragmento de vestimenta y la cartela INRI de la cruz. Del estudio de esas obras y las numerosas líneas de trabajo que propició esa indagación surge la exposición que nos ocupa. De esta manera, por ejemplo, se ha podido determinar científicamente que el llamado Picasso del siglo XII, empleaba mármoles procedentes de Carrara y del Proconeso.
Otro hito en la muestra es el poder hacernos una idea de cómo pudo ser la legendaria portada del monasterio, la misma que acogió las obras del Maestro de Cabestany. Debido a que la estructura original fue vandalizada, desmontada y dispersada durante el primer tercio del siglo XIX, no se conservan dibujos fidedignos de su disposición primitiva. Sin embargo, se sabe que el tímpano inferior estaba presidido por una monumental crucifixión pétrea coronada por la cartela del Titulus Crucis (INRI). Asimismo se han identificado relieves de la Aparición de Jesús a sus discípulos en el mar y la Pesca milagrosa, que reforzaban la figura de san Pedro como sucesor de Cristo. También se ha logrado reconstruir el ciclo de Daniel en el foso de los leones a partir de fragmentos de un brazo, una mano de ángel y partes de los felinos.
En el Mnac podremos saber que el Maestro de Cabestany es identificado como un escultor itinerante cuyo trabajo se distribuye por todo el arco del Mediterráneo occidental, incluyendo regiones de la Toscana, el Midi francés (Languedoc y Rosellón), Cataluña y Navarra Su formación, por otro lado, es motivo de controversia. Sobre este punto, la exposición explora las dudas sobre sus orígenes; mientras algunos autores sitúan su formación en la escultura de Toulouse –por el uso de repertorios decorativos languedocianos–, otros buscan sus raíces en los talleres toscanos de Pisa hacia 1160, donde habría madurado su gusto por la narración y los modelos antiguos. El Maestro de Cabestany, del que no se sabe su nombre, fue también, un autor con vocación de seguir los pasos de la Antigüedad.
El museo presenta una exposición meticulosa dedicada al Maestro de Cabestany.
El llamado Maestro de Cabestany, un nombre apropiado acuñado por el historiador Josep Gudiol, fue probablemente la primera figura importante en el arte catalán, siglos antes del surgimiento de gigantes internacionales como Gaudí, Miró y Dalí. Pese a su importancia resultaba difícil que el escultor formara parte de las colecciones del Museu Nacional d’Art de Catalunya (Mnac). Sólo hace poco aparecieron en el mercado una serie de pequeñas esculturas de este artista románico, de su obra maestra perdida en Sant Pere de Rodes, que permitieron al museo adquirirlas. Desde esta fundación, el Mnac acoge una exposición que traza la carrera del artista mientras presenta nuevas perspectivas sobre su vida y obra. «Una mirada patrimonial a la belleza de la ruina», como lo describe Pepe Serra, director de Mnac, sirve como el tema central de la exposición, con piezas de varias instituciones como el Vaticano, Cluny y Cremona. La exposición presenta un total de 100 obras, entre esculturas, pinturas, manuscritos iluminados, dibujos y manuscritos de proyectos, curadas por Manuel Antonio Castiñeiras con el apoyo de Gemma Ylla Català. Como explicó Castiñeiras, se originó en la reciente aparición en el mercado de piezas de la cubierta del monasterio de Sant Pere de Rodes, ahora perdido, de las cuales el Mnac adquirió cinco para sus colecciones: un relieve, dos cabezas masculinas, un fragmento de ropa y la placa INRI de la cruz. La exposición en cuestión surge del estudio de estas obras y de las muchas líneas de investigación que la precedieron. Así, por ejemplo, se ha demostrado científicamente que el llamado Picasso del siglo XII utilizó mármoles de Carrara y Proconnesus. Otro punto destacado de la exposición es la oportunidad de imaginar cómo podría haber sido la legendaria cubierta del monasterio, la misma que albergaba las obras del Maestro de Cabestany. Debido al vandalismo, el desmantelamiento y la dispersión de la estructura original en el primer tercio del siglo XIX, no quedan dibujos precisos de su diseño original.
Noticias de Cataluña en La Razón
