En el mundo ha habido muchas repúblicas: presidenciales, parlamentarias y hasta algunas independientes de casas particulares. Lo que no hubo, desde luego, es una II República Española como nos la van a vender durante, por lo menos, los siguientes quince días. Cada año toca aguantar durante semanas una constante manipulación histórica para convertir un régimen con una cantidad inacabable de claroscuros en una suerte de arcadia feliz. Esto no es defender al franquismo, que tuvo, como casi todos los regímenes, numerosos errores y actos que van contra la moral, sino poner en valor la importancia de ser sincero con la historia para comprender nuestro pasado. Esta misma manipulación ya la hemos empezado a ver desde hace unos días, aunque aún se están calentando motores.. El pasado 28 de marzo se emitió en la 2 la obra de teatro «1936», del dramaturgo Juan Mayorga. Sin querer desmerecer el producto cultural ni a los actores, que realizan muy buenas interpretaciones, el hecho de que se haya escogido representar en televisión para conmemorar el Día Mundial del Teatro en fechas tan cercanas al 14 de abril -cuando es proclamada la República- no deja de ser curioso. Y es que la obra, más allá de ser un buen espectáculo, que eso es innegable, representa los tres grandes tópicos que podemos imaginar: la república era pacífica, el bando nacional estaba formado por brutos crueles y, en última instancia, los nacionales cometieron crímenes que los supuestamente educados republicanos no habrían cometido nunca.. No obstante, todas estas ideas son, al menos, parcialmente falsas, aunque nos veamos obligados cada año a verlas en numerosos medios y en televisión. En primer lugar, el bando nacional no estaba formado por brutos asalvajados que consideraban el disparo la única forma de comunicarse. Numerosos intelectuales como Gerardo Diego, Eugenio d’Ors o Dionisio Ridruejo fueron claros defensores del bando nacional. De la misma manera, catedráticos, escritores y periodistas, así como cineastas y artistas de toda índole, apoyaron el golpe de Estado y la España posterior al considerar que era la mejor opción. Los rectores de las universidades del franquismo no eran, por su ideología, aunque se quiera vender así, estúpidos, sino personas muy formadas que optaron, por un motivo u otro, por dar su apoyo.. Persecución religiosa y violencia callejera. Se repetirá constantemente el tópico de que la república era pacífica, y esto es falso a varios niveles. En primer lugar, durante los últimos años de la república se produjo una persecución sistemática y probada contra el clero. De acuerdo con las estimaciones que realiza el historiador Ángel David Martín Rubio en su artículo «La persecución religiosa en España (1931-1939); una aportación sobre las cifras» (2001), calcula la muerte de religiosos en 6.771, aumentando el ritmo en 1936, en la conocida como «matanza de religiosos», aunque ya había ocurrido en numerosas ocasiones anteriores junto con una persecución social constante. De la misma manera, el fenómeno del pistolerismo y la violencia callejera era igualmente común en ambos bandos antes del estallido de la Guerra Civil, provocando cientos de muertos. El historiador Eduardo González Calleja, en su obra «Cifras cruentas. Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República española» (2015), nos muestra año a año cientos de muertes derivadas de atentados, luchas entre grupos comunistas y fascistas y enfrentamientos con la policía y las fuerzas del orden. Asimismo, y por recalcar un caso célebre, no cabe olvidarse de que el diputado José Calvo Sotelo fue asesinado con dos tiros en la nuca en un coche conducido por fuerzas de seguridad de la república.. Por último, una de las acusaciones que más se repiten es la constante mención a las víctimas del franquismo. Si bien estas fueron muchas y, como víctimas civiles, siempre algo trágico y despreciable, la república no se quedó atrás. En el período de la guerra, entre 1936 y 1939, en el contexto del llamado «terror rojo», fueron asesinadas por lo menos 50.000 personas, de acuerdo con las estimaciones de autores de la talla de Stanley G. Payne o Hugh Thomas en sus diferentes obras. La sangre corrió por España también en el lado republicano, habitualmente a manos de grupos armados extremistas que fueron armados por el propio gobierno de la república que, en poco tiempo, cayó en manos de anarquistas y comunistas.. También cabe destacar esto: el gobierno republicano durante la guerra, lejos de ser estable o dedicado a los valores de la democracia, fue rápidamente dinamitado por los grupos más extremistas. El presidente José Giral, relativamente moderado, fue sustituido en septiembre de 1936 por el socialista Francisco Largo Caballero, quien en un mitin en 1936 afirmaba que «la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo».. Ante la tromba de manipulación histórica que vendrá en los próximos días, la historia es la que es, se venda como se venda. Que una mentira repetida mil veces sigue siendo una mentira; y que la república que nos van a querer vender no existió.
Veremos durante un mes manipulación histórica constante para construir la idea de que la II República era perfecta, y no un régimen lleno de claroscuros
En el mundo ha habido muchas repúblicas: presidenciales, parlamentarias y hasta algunas independientes de casas particulares. Lo que no hubo, desde luego, es una II República Española como nos la van a vender durante, por lo menos, los siguientes quince días. Cada año toca aguantar durante semanas una constante manipulación histórica para convertir un régimen con una cantidad inacabable de claroscuros en una suerte de arcadia feliz. Esto no es defender al franquismo, que tuvo, como casi todos los regímenes, numerosos errores y actos que van contra la moral, sino poner en valor la importancia de ser sincero con la historia para comprender nuestro pasado. Esta misma manipulación ya la hemos empezado a ver desde hace unos días, aunque aún se están calentando motores.. El pasado 28 de marzo se emitió en la 2 la obra de teatro «1936», del dramaturgo Juan Mayorga. Sin querer desmerecer el producto cultural ni a los actores, que realizan muy buenas interpretaciones, el hecho de que se haya escogido representar en televisión para conmemorar el Día Mundial del Teatro en fechas tan cercanas al 14 de abril -cuando es proclamada la República- no deja de ser curioso. Y es que la obra, más allá de ser un buen espectáculo, que eso es innegable, representa los tres grandes tópicos que podemos imaginar: la república era pacífica, el bando nacional estaba formado por brutos crueles y, en última instancia, los nacionales cometieron crímenes que los supuestamente educados republicanos no habrían cometido nunca.. No obstante, todas estas ideas son, al menos, parcialmente falsas, aunque nos veamos obligados cada año a verlas en numerosos medios y en televisión. En primer lugar, el bando nacional no estaba formado por brutos asalvajados que consideraban el disparo la única forma de comunicarse. Numerosos intelectuales como Gerardo Diego, Eugenio d’Ors o Dionisio Ridruejo fueron claros defensores del bando nacional. De la misma manera, catedráticos, escritores y periodistas, así como cineastas y artistas de toda índole, apoyaron el golpe de Estado y la España posterior al considerar que era la mejor opción. Los rectores de las universidades del franquismo no eran, por su ideología, aunque se quiera vender así, estúpidos, sino personas muy formadas que optaron, por un motivo u otro, por dar su apoyo.. Se repetirá constantemente el tópico de que la república era pacífica, y esto es falso a varios niveles. En primer lugar, durante los últimos años de la república se produjo una persecución sistemática y probada contra el clero. De acuerdo con las estimaciones que realiza el historiador Ángel David Martín Rubio en su artículo «La persecución religiosa en España (1931-1939); una aportación sobre las cifras» (2001), calcula la muerte de religiosos en 6.771, aumentando el ritmo en 1936, en la conocida como «matanza de religiosos», aunque ya había ocurrido en numerosas ocasiones anteriores junto con una persecución social constante. De la misma manera, el fenómeno del pistolerismo y la violencia callejera era igualmente común en ambos bandos antes del estallido de la Guerra Civil, provocando cientos de muertos. El historiador Eduardo González Calleja, en su obra «Cifras cruentas. Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República española» (2015), nos muestra año a año cientos de muertes derivadas de atentados, luchas entre grupos comunistas y fascistas y enfrentamientos con la policía y las fuerzas del orden. Asimismo, y por recalcar un caso célebre, no cabe olvidarse de que el diputado José Calvo Sotelo fue asesinado con dos tiros en la nuca en un coche conducido por fuerzas de seguridad de la república.. Por último, una de las acusaciones que más se repiten es la constante mención a las víctimas del franquismo. Si bien estas fueron muchas y, como víctimas civiles, siempre algo trágico y despreciable, la república no se quedó atrás. En el período de la guerra, entre 1936 y 1939, en el contexto del llamado «terror rojo», fueron asesinadas por lo menos 50.000 personas, de acuerdo con las estimaciones de autores de la talla de Stanley G. Payne o Hugh Thomas en sus diferentes obras. La sangre corrió por España también en el lado republicano, habitualmente a manos de grupos armados extremistas que fueron armados por el propio gobierno de la república que, en poco tiempo, cayó en manos de anarquistas y comunistas.. También cabe destacar esto: el gobierno republicano durante la guerra, lejos de ser estable o dedicado a los valores de la democracia, fue rápidamente dinamitado por los grupos más extremistas. El presidente José Giral, relativamente moderado, fue sustituido en septiembre de 1936 por el socialista Francisco Largo Caballero, quien en un mitin en 1936 afirmaba que «la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo».. Ante la tromba de manipulación histórica que vendrá en los próximos días, la historia es la que es, se venda como se venda. Que una mentira repetida mil veces sigue siendo una mentira; y que la república que nos van a querer vender no existió.
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