Grandes extensiones de España y Francia están ardiendo. Quienes tenemos la suerte de no vernos directamente afectados somos plenamente conscientes de ello gracias a las imágenes de lo que se ha convertido en un fenómeno recurrente cada verano: llamas que arrasan campos resecos, avanzan peligrosamente hacia zonas habitadas y, en ocasiones, cobran vidas humanas.. Las cifras dibujan un panorama alarmante y 2026 podría ser aún más devastador que la histórica temporada de incendios de 2025. Más de 300.000 personas han sido evacuadas en los mayores incendios registrados en España y Francia desde que existen datos de la UE. En Francia, la superficie destruida es más de 1,5 veces superior a la de 2022, el segundo peor año registrado en el país. En España han ardido seis veces más hectáreas este año que el año pasado.. No se trata, sin embargo, de un problema de España o de Francia, sino de un problema mediterráneo. En el último mes, los incendios han golpeado a otros países ribereños, incluyendo Italia, Grecia, Túnez o Argelia. Y la última de una serie interminable de olas de calor vuelve a elevar el riesgo de nuevos incendios en una región marcada por la escasez de agua. Estos episodios de calor extremo y sequedad, que convierten los bosques en combustible, han aumentado hasta un 45 % desde el año 2000, dejando cada vez menos tiempo para que se recuperen.. Los científicos, incluidos los Expertos Mediterráneos sobre Cambio Climático y Medioambiental apoyados por la UpM, no dejan lugar a dudas sobre lo que está impulsando esta situación: un cambio de condiciones estructural que afecta a la región, un punto crítico que se calienta un 20 % más rápido que la media mundial.. La política, en cambio, no ha asumido plenamente esta realidad. Los gobiernos siguen tratando los incendios principalmente como emergencias nacionales, gestionadas con flotas nacionales, recurriendo a la asistencia bilateral solo cuando la situación empeora. El Mecanismo de Protección Civil de la UE sí que ha demostrado repetidamente su valor, y en España y Francia ha facilitado el rápido despliegue de apoyo de países vecinos. Pero existe un mecanismo que podría ser aún más eficaz: uno que incorpore también a los países del sur y el este del Mediterráneo.. El verano pasado, cuando los incendios arrasaban Portugal y dos de sus aviones Canadair sufrieron averías, el país solicitó apoyo a España. Desbordada por sus propios incendios, fue Marruecos quien intervino y envió dos aviones. Esta situación, la de un vecino europeo al límite de su capacidad y un país norteafricano ayudando, muestra en qué debe convertirse la gestión mediterránea de incendios. Los países del sur y del este del Mediterráneo comparten la misma geografía del fuego, cuentan con sus propias capacidades y pueden aportar un valor real dentro de un marco común.. Cuando este mes de julio se declararon incendios forestales en Túnez, Italia y Argelia ofrecieron asistencia. Sin embargo, la gestión de la comunicación transfronteriza absorbió recursos considerables que retrasaron su contención. El Mecanismo de Protección Civil de la UE permite a los países del sur del Mediterráneo participar principalmente como receptores de ayuda y no como contribuyentes, lo que impidió a Túnez centralizar la coordinación y a Argelia ofrecer recursos de manera más eficaz.. Poco después de este incidente, de hecho, las autoridades tunecinas contactaron con la UpM para explorar la posibilidad de ofrecer asistencia a España, días después de que activara el mecanismo europeo, ya que la información de emergencia solo se comparte entre los países participantes y Túnez no figura entre ellos. No cabe duda de que un marco mediterráneo habría evitado estos retrasos y agilizado la coordinación.. Algunas iniciativas ya avanzan en esta dirección. El centro de lucha contra incendios para el Mediterráneo oriental en Chipre, impulsado por la Comisión Europea con el apoyo de la UpM, y la propuesta española de crear otro para el Mediterráneo occidental en Mallorca apuntan a una misma necesidad: reforzar una estrategia mediterránea coherente.. La UpM, en sí misma un marco de cooperación entre los 27 países de la UE y 16 países del sur y el este del Mediterráneo, adoptó recientemente el Plan de Acción 2030 sobre Protección Civil y Gestión del Riesgo de Desastres. Su ambición central es la interoperabilidad: que una aeronave marroquí pueda operar junto a un Canadair francés bajo mando griego sin perder horas por protocolos incompatibles. Puede sonar a tecnicismo administrativo hasta que uno se encuentra con un incendio que va a arrasar cientos de hectáreas y destruir vidas. Desafortunadamente, convencer a los gobiernos de que comprometan recursos y competencias es un problema político que ningún plan de acción puede resolver por sí solo.. Otro problema fundamental es que la gestión de incendios está concebida de forma reactiva y, con demasiada frecuencia, comienza cuando los incendios ya son visibles, no cuando las condiciones que los alimentan empiezan a ser detectables. Los datos de satélite, la modelización del comportamiento de incendios asistida por IA y los sistemas avanzados de alerta temprana permiten hoy una verdadera anticipación, pero solo si permitimos que los datos, los aviones y el conocimiento crucen fronteras con la misma rapidez que los propios incendios.. En un momento en que la cooperación internacional es puesta a prueba como pocas veces en la historia, la tentación de tratar los problemas comunes como competiciones sobre quién asume el coste es real. El Mediterráneo no puede permitírselo. Un incendio forestal en el norte de Túnez amenaza la misma economía turística, la misma biodiversidad y las mismas comunidades rurales que un incendio a pocos kilómetros en Sicilia. Los 43 Estados miembros de la UpM han acordado avanzar hacia un marco regional de protección civil muy necesario. La cuestión más difícil, sin embargo, es si el compromiso político para hacerlo una realidad se mantendrá firme.. *Joan Borrell Mayeur es vicesecretario general para estabilidad y resiliencia, Unión por el Mediterráneo
Grandes extensiones de España y Francia están ardiendo. Quienes tenemos la suerte de no vernos directamente afectados somos plenamente conscientes de ello gracias a las imágenes de lo que se ha convertido en un fenómeno recurrente cada verano: llamas que arrasan campos resecos, avanzan peligrosamente hacia zonas habitadas y, en ocasiones, cobran vidas humanas.. Las cifras dibujan un panorama alarmante y 2026 podría ser aún más devastador que la histórica temporada de incendios de 2025. Más de 300.000 personas han sido evacuadas en los mayores incendios registrados en España y Francia desde que existen datos de la UE. En Francia, la superficie destruida es más de 1,5 veces superior a la de 2022, el segundo peor año registrado en el país. En España han ardido seis veces más hectáreas este año que el año pasado.. No se trata, sin embargo, de un problema de España o de Francia, sino de un problema mediterráneo. En el último mes, los incendios han golpeado a otros países ribereños, incluyendo Italia, Grecia, Túnez o Argelia. Y la última de una serie interminable de olas de calor vuelve a elevar el riesgo de nuevos incendios en una región marcada por la escasez de agua. Estos episodios de calor extremo y sequedad, que convierten los bosques en combustible, han aumentado hasta un 45 % desde el año 2000, dejando cada vez menos tiempo para que se recuperen.. Los científicos, incluidos los Expertos Mediterráneos sobre Cambio Climático y Medioambiental apoyados por la UpM, no dejan lugar a dudas sobre lo que está impulsando esta situación: un cambio de condiciones estructural que afecta a la región, un punto crítico que se calienta un 20 % más rápido que la media mundial.. La política, en cambio, no ha asumido plenamente esta realidad. Los gobiernos siguen tratando los incendios principalmente como emergencias nacionales, gestionadas con flotas nacionales, recurriendo a la asistencia bilateral solo cuando la situación empeora. El Mecanismo de Protección Civil de la UE sí que ha demostrado repetidamente su valor, y en España y Francia ha facilitado el rápido despliegue de apoyo de países vecinos. Pero existe un mecanismo que podría ser aún más eficaz: uno que incorpore también a los países del sur y el este del Mediterráneo.. El verano pasado, cuando los incendios arrasaban Portugal y dos de sus aviones Canadair sufrieron averías, el país solicitó apoyo a España. Desbordada por sus propios incendios, fue Marruecos quien intervino y envió dos aviones. Esta situación, la de un vecino europeo al límite de su capacidad y un país norteafricano ayudando, muestra en qué debe convertirse la gestión mediterránea de incendios. Los países del sur y del este del Mediterráneo comparten la misma geografía del fuego, cuentan con sus propias capacidades y pueden aportar un valor real dentro de un marco común.. Cuando este mes de julio se declararon incendios forestales en Túnez, Italia y Argelia ofrecieron asistencia. Sin embargo, la gestión de la comunicación transfronteriza absorbió recursos considerables que retrasaron su contención. El Mecanismo de Protección Civil de la UE permite a los países del sur del Mediterráneo participar principalmente como receptores de ayuda y no como contribuyentes, lo que impidió a Túnez centralizar la coordinación y a Argelia ofrecer recursos de manera más eficaz.. Poco después de este incidente, de hecho, las autoridades tunecinas contactaron con la UpM para explorar la posibilidad de ofrecer asistencia a España, días después de que activara el mecanismo europeo, ya que la información de emergencia solo se comparte entre los países participantes y Túnez no figura entre ellos. No cabe duda de que un marco mediterráneo habría evitado estos retrasos y agilizado la coordinación.. Algunas iniciativas ya avanzan en esta dirección. El centro de lucha contra incendios para el Mediterráneo oriental en Chipre, impulsado por la Comisión Europea con el apoyo de la UpM, y la propuesta española de crear otro para el Mediterráneo occidental en Mallorca apuntan a una misma necesidad: reforzar una estrategia mediterránea coherente.. La UpM, en sí misma un marco de cooperación entre los 27 países de la UE y 16 países del sur y el este del Mediterráneo, adoptó recientemente el Plan de Acción 2030 sobre Protección Civil y Gestión del Riesgo de Desastres. Su ambición central es la interoperabilidad: que una aeronave marroquí pueda operar junto a un Canadair francés bajo mando griego sin perder horas por protocolos incompatibles. Puede sonar a tecnicismo administrativo hasta que uno se encuentra con un incendio que va a arrasar cientos de hectáreas y destruir vidas. Desafortunadamente, convencer a los gobiernos de que comprometan recursos y competencias es un problema político que ningún plan de acción puede resolver por sí solo.. Otro problema fundamental es que la gestión de incendios está concebida de forma reactiva y, con demasiada frecuencia, comienza cuando los incendios ya son visibles, no cuando las condiciones que los alimentan empiezan a ser detectables. Los datos de satélite, la modelización del comportamiento de incendios asistida por IA y los sistemas avanzados de alerta temprana permiten hoy una verdadera anticipación, pero solo si permitimos que los datos, los aviones y el conocimiento crucen fronteras con la misma rapidez que los propios incendios.. En un momento en que la cooperación internacional es puesta a prueba como pocas veces en la historia, la tentación de tratar los problemas comunes como competiciones sobre quién asume el coste es real. El Mediterráneo no puede permitírselo. Un incendio forestal en el norte de Túnez amenaza la misma economía turística, la misma biodiversidad y las mismas comunidades rurales que un incendio a pocos kilómetros en Sicilia. Los 43 Estados miembros de la UpM han acordado avanzar hacia un marco regional de protección civil muy necesario. La cuestión más difícil, sin embargo, es si el compromiso político para hacerlo una realidad se mantendrá firme.. *Joan Borrell Mayeur es vicesecretario general para estabilidad y resiliencia, Unión por el Mediterráneo
Los incendios no son un problema puntual de España o de Francia, sino un problema mediterráneo. En el último mes, han golpeado a otros países ribereños, incluyendo Italia, Grecia, Túnez o Argelia
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