En diciembre de 1962, Esther Tusquets lograba lo imposible: que Miguel Delibes publicara en su recién nacido sello Lumen un texto inédito, lejos de las Ediciones Destino de Josep Vergés. Se trataba de «La caza de la perdiz roja» que apareció en la mítica colección Palabra e Imagen con fotografías de Oriol Maspons. El manuscrito original de este pequeño gran ensayo alrededor de la caza, un diálogo entre Juan Gualberto, llamado el Barbas, y el Cazador, es decir, el propio Delibes, fue regalado por Ángeles de Castro, la esposa del escritor, a Tusquets. Mucho tiempo después, tras la muerte de la editora aquellas 54 cuartillas aparecieron en un librero anticuario barcelonés, concretamente en la librería Litoral. Estamos ante uno de los escasísimos manuscritos literarios de Delibes que no es propiedad de la fundación que en Valladolid lleva el nombre del autor de «El camino».. Este diario ha podido acceder a esas páginas en las que se puede conocer de primera mano el proceso de escritura de Delibes que corrige cada una de las páginas, añadiendo y quitando texto, desde el mismo inicio hasta encontrar la palabra exacta. «La caza de la perdiz roja» se inicia con una pregunta de Gualberto: «¿Roja, jefe? ¿A qué ton le dice usted roja a la perdiz». En el manuscrito, en una primera versión Delibes apunta: «¿Roja? ¿Por qué le dice usted roja?». Miguel Delibes tachaba, pero no lo hacía de manera que el texto quedara invisible a los ojos de quien se adentrará en sus manuscritos. Es el caso de este párrafo, hacia el final del manuscrito y suprimido en la versión final, en el que podemos leer: «La caza de la perdiz se ha puesto hoy de moda y las víctimas más directas de esta avidez cinegética son nuestras perdices y, de rechazo, nuestros cazadores».. El manuscrito también nos ayuda a saber que Delibes incluso debió hacer algunos pequeños y precisos cambios a otra versión del texto, probablemente unas galeradas, como demuestra la ausencia de alguna palabra o expresión con respecto a la versión final ya publicada en Lumen junto a las fotografías de Maspons.. La propia Esther Tusquets explicó cómo fue la contratación y el proceso de realización del libro en su imprescindible autobiografía «Confesiones de una vieja dama indigna». Es allí donde narra cómo desde un primer momento, al pensar con su hermano Óscar en la puesta en marcha de la colección Palabra e Imagen, surgieron dos nombres que pensaban «imprescindibles» para llevar a buen puerto el proyecto: Miguel Delibes y Camilo José Cela.. A Delibes fueron a buscarlo a Valladolid, su ciudad. Desde el primer momento, el autor de «Las ratas» se mostró interesado por la iniciativa de unir su palabra a la imagen captada por un fotógrafo de prestigio. Eso sí, el tema escogido por él fue la caza. ¿Por qué? Como le dijo a Tusquets, «dada la creciente afición a la caza en el país y la desahogada posición de muchos de sus cultivadores, el libro puede alcanzar una buena venta».. Esther Tusquets viajó por primera vez a la ciudad castellana a principios de 1962 y, más tarde, con Oriol Maspons convirtiéndose Delibes en el guía perfecto para llevar a cabo la parte fotográfica en el momento en el que se había iniciado la temporada de caza. El libro, como asegura la editora en sus memorias, fue un éxito, «un éxito pequeñito a la medida de la naciente Lumen, pero un éxito al fin, y dio lugar a mi primera pelea profesional». Y es que Esther Tusquets y Vergés tuvieron sus más y sus menos con la aparición de «La caza de la perdiz roja» en las páginas de la revista «Destino».. Volviendo al manuscrito, éste fue una promesa cumplida que Ángeles de Castro le hizo a Esther Tusquets asegurándole que «utilizamos esos papeles para cualquier cosa, a veces para envolver la merienda que llevan los niños al colegio».
El original de «La caza de la perdiz roja» está ahora en manos de una librería de la capital catalana
En diciembre de 1962, Esther Tusquets lograba lo imposible: que Miguel Delibes publicara en su recién nacido sello Lumen un texto inédito, lejos de las Ediciones Destino de Josep Vergés. Se trataba de «La caza de la perdiz roja» que apareció en la mítica colección Palabra e Imagen con fotografías de Oriol Maspons. El manuscrito original de este pequeño gran ensayo alrededor de la caza, un diálogo entre Juan Gualberto, llamado el Barbas, y el Cazador, es decir, el propio Delibes, fue regalado por Ángeles de Castro, la esposa del escritor, a Tusquets. Mucho tiempo después, tras la muerte de la editora aquellas 54 cuartillas aparecieron en un librero anticuario barcelonés, concretamente en la librería Litoral. Estamos ante uno de los escasísimos manuscritos literarios de Delibes que no es propiedad de la fundación que en Valladolid lleva el nombre del autor de «El camino».. Este diario ha podido acceder a esas páginas en las que se puede conocer de primera mano el proceso de escritura de Delibes que corrige cada una de las páginas, añadiendo y quitando texto, desde el mismo inicio hasta encontrar la palabra exacta. «La caza de la perdiz roja» se inicia con una pregunta de Gualberto: «¿Roja, jefe? ¿A qué ton le dice usted roja a la perdiz». En el manuscrito, en una primera versión Delibes apunta: «¿Roja? ¿Por qué le dice usted roja?». Miguel Delibes tachaba, pero no lo hacía de manera que el texto quedara invisible a los ojos de quien se adentrará en sus manuscritos. Es el caso de este párrafo, hacia el final del manuscrito y suprimido en la versión final, en el que podemos leer: «La caza de la perdiz se ha puesto hoy de moda y las víctimas más directas de esta avidez cinegética son nuestras perdices y, de rechazo, nuestros cazadores».. El manuscrito también nos ayuda a saber que Delibes incluso debió hacer algunos pequeños y precisos cambios a otra versión del texto, probablemente unas galeradas, como demuestra la ausencia de alguna palabra o expresión con respecto a la versión final ya publicada en Lumen junto a las fotografías de Maspons.. La propia Esther Tusquets explicó cómo fue la contratación y el proceso de realización del libro en su imprescindible autobiografía «Confesiones de una vieja dama indigna». Es allí donde narra cómo desde un primer momento, al pensar con su hermano Óscar en la puesta en marcha de la colección Palabra e Imagen, surgieron dos nombres que pensaban «imprescindibles» para llevar a buen puerto el proyecto: Miguel Delibes y Camilo José Cela.. A Delibes fueron a buscarlo a Valladolid, su ciudad. Desde el primer momento, el autor de «Las ratas» se mostró interesado por la iniciativa de unir su palabra a la imagen captada por un fotógrafo de prestigio. Eso sí, el tema escogido por él fue la caza. ¿Por qué? Como le dijo a Tusquets, «dada la creciente afición a la caza en el país y la desahogada posición de muchos de sus cultivadores, el libro puede alcanzar una buena venta».. Esther Tusquets viajó por primera vez a la ciudad castellana a principios de 1962 y, más tarde, con Oriol Maspons convirtiéndose Delibes en el guía perfecto para llevar a cabo la parte fotográfica en el momento en el que se había iniciado la temporada de caza. El libro, como asegura la editora en sus memorias, fue un éxito, «un éxito pequeñito a la medida de la naciente Lumen, pero un éxito al fin, y dio lugar a mi primera pelea profesional». Y es que Esther Tusquets y Vergés tuvieron sus más y sus menos con la aparición de «La caza de la perdiz roja» en las páginas de la revista «Destino».. Volviendo al manuscrito, éste fue una promesa cumplida que Ángeles de Castro le hizo a Esther Tusquets asegurándole que «utilizamos esos papeles para cualquier cosa, a veces para envolver la merienda que llevan los niños al colegio».
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