En las aguas del río Miño, entre Galicia y Portugal, sobrevive una criatura que ya existía cuando los primeros vertebrados comenzaban a poblar la Tierra. Sin mandíbulas, sin escamas y con una boca en forma de ventosa capaz de adherirse a sus presas, la lamprea es mucho más que un pez: es una reliquia biológica convertida en símbolo gastronómico de Galicia.. Con más de 470 millones de años de historia, este animal es considerado un auténtico fósil viviente, uno de los vertebrados más antiguos que aún habitan el planeta. Su aspecto, a medio camino entre anguila y criatura prehistórica, y su forma de alimentarse, succionando la sangre de otros peces, contribuyen a alimentar en parte el relato y su leyenda.. Entre el río y el mar. La lamprea es una especie anádroma, lo que significa que nace en el río, migra al mar y regresa de nuevo a aguas dulces para reproducirse. Durante su etapa larvaria, puede permanecer varios años enterrada en los fondos fluviales alimentándose de microorganismos. Más tarde emprende su viaje hacia el océano, donde alcanza la madurez antes de regresar al río para desovar y morir, cerrando así un ciclo vital tan fascinante como extremo.. En Galicia, su presencia se concentra principalmente en ríos como el Miño, el Ulla o el Tea, aunque está considerada una especie vulnerable en España, lo que ha llevado a establecer regulaciones específicas para su captura.. Pesca ancestral. La captura de la lamprea es una de las tradiciones más singulares del noroeste peninsular. Entre enero y abril, pescadores expertos se adentran en el río para capturar este esquivo animal mediante técnicas que han pasado de generación en generación.. En el tramo final del Miño se emplean redes manuales, mientras que río arriba destacan las históricas “pesqueiras” o “lampreeiras”, estructuras de piedra de origen romano que canalizan el agua y atrapan a la lamprea en su ascenso para reproducirse.. A fin de cuentas, la fascinación por la lamprea no es nueva. Ya en la antigua Roma era un producto reservado a las élites. El naturalista Plinio recogía cómo miles de lampreas eran destinadas a banquetes imperiales, un lujo que ni siquiera se ofrecía a la venta.. Siglos después, este pez sigue ocupando un lugar privilegiado en la gastronomía gallega, especialmente en localidades como Tui o Arbo. Su preparación más emblemática es la lamprea a la bordelesa —o al estilo de Arbo—, en la que se cocina en su propia sangre con vino y especias, dando lugar a un plato de sabor intenso y textura inconfundible.. Arbo, capital mundial de la lamprea. Pero si hay un lugar donde la lamprea se convierte en protagonista absoluta, ese es Arbo, en la provincia de Pontevedra. Cada año, a finales de este mes de abril, la localidad celebra la Festa da Lamprea, una cita declarada de Interés Turístico Nacional que reúne a miles de visitantes en torno a este producto.. En esta ocasión, del 24 al 26 de abril la villa volverá a llenarse de música, degustaciones y actividades culturales, en un homenaje colectivo a una tradición que combina gastronomía, identidad y patrimonio.. Pese a su valor gastronómico, la lamprea es también una especie que requiere protección. Su pesca está regulada para evitar la sobreexplotación y garantizar su supervivencia, en un delicado equilibrio entre tradición y sostenibilidad.. Así, este pez milenario sigue recorriendo cada año el Miño, ajeno al paso del tiempo, manteniendo viva una de las tradiciones más singulares de Galicia y recordando que, en ocasiones, los sabores más antiguos resultan también los más extraordinarios.
Arbo se prepara para rendir homenaje a este pez milenario con una fiesta que cada año reúne a miles de visitantes
En las aguas del río Miño, entre Galicia y Portugal, sobrevive una criatura que ya existía cuando los primeros vertebrados comenzaban a poblar la Tierra. Sin mandíbulas, sin escamas y con una boca en forma de ventosa capaz de adherirse a sus presas, la lamprea es mucho más que un pez: es una reliquia biológica convertida en símbolo gastronómico de Galicia.. Con más de 470 millones de años de historia, este animal es considerado un auténtico fósil viviente, uno de los vertebrados más antiguos que aún habitan el planeta. Su aspecto, a medio camino entre anguila y criatura prehistórica, y su forma de alimentarse, succionando la sangre de otros peces, contribuyen a alimentar en parte el relato y su leyenda.. Entre el río y el mar. La lamprea es una especie anádroma, lo que significa que nace en el río, migra al mar y regresa de nuevo a aguas dulces para reproducirse. Durante su etapa larvaria, puede permanecer varios años enterrada en los fondos fluviales alimentándose de microorganismos. Más tarde emprende su viaje hacia el océano, donde alcanza la madurez antes de regresar al río para desovar y morir, cerrando así un ciclo vital tan fascinante como extremo.. En Galicia, su presencia se concentra principalmente en ríos como el Miño, el Ulla o el Tea, aunque está considerada una especie vulnerable en España, lo que ha llevado a establecer regulaciones específicas para su captura.. Pesca ancestral. La captura de la lamprea es una de las tradiciones más singulares del noroeste peninsular. Entre enero y abril, pescadores expertos se adentran en el río para capturar este esquivo animal mediante técnicas que han pasado de generación en generación.. En el tramo final del Miño se emplean redes manuales, mientras que río arriba destacan las históricas “pesqueiras” o “lampreeiras”, estructuras de piedra de origen romano que canalizan el agua y atrapan a la lamprea en su ascenso para reproducirse.. A fin de cuentas, la fascinación por la lamprea no es nueva. Ya en la antigua Roma era un producto reservado a las élites. El naturalista Plinio recogía cómo miles de lampreas eran destinadas a banquetes imperiales, un lujo que ni siquiera se ofrecía a la venta.. Siglos después, este pez sigue ocupando un lugar privilegiado en la gastronomía gallega, especialmente en localidades como Tui o Arbo. Su preparación más emblemática es la lamprea a la bordelesa —o al estilo de Arbo—, en la que se cocina en su propia sangre con vino y especias, dando lugar a un plato de sabor intenso y textura inconfundible.. Arbo, capital mundial de la lamprea. Pero si hay un lugar donde la lamprea se convierte en protagonista absoluta, ese es Arbo, en la provincia de Pontevedra. Cada año, a finales de este mes de abril, la localidad celebra la Festa da Lamprea, una cita declarada de Interés Turístico Nacional que reúne a miles de visitantes en torno a este producto.. En esta ocasión, del 24 al 26 de abril la villa volverá a llenarse de música, degustaciones y actividades culturales, en un homenaje colectivo a una tradición que combina gastronomía, identidad y patrimonio.. Pese a su valor gastronómico, la lamprea es también una especie que requiere protección. Su pesca está regulada para evitar la sobreexplotación y garantizar su supervivencia, en un delicado equilibrio entre tradición y sostenibilidad.. Así, este pez milenario sigue recorriendo cada año el Miño, ajeno al paso del tiempo, manteniendo viva una de las tradiciones más singulares de Galicia y recordando que, en ocasiones, los sabores más antiguos resultan también los más extraordinarios.
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