Desde la carretera resulta difícil imaginar lo que se esconde al otro lado de sus muros. Hay que cruzarlos para que aparezcan el agua, la piedra y la vegetación. Fuentes, canales, antiguos molinos, estanques y pequeñas cascadas acompañan a un gran edificio barroco construido en terrazas sobre el cañón del río Tinto. Pero lo verdaderamente sorprendente del Pazo do Faramello no está únicamente en su aspecto.. Situado en el municipio coruñés de Rois, a unos 12 kilómetros tanto de Santiago de Compostela como de Padrón, este pazo acumula más de 300 años de historias. Fue residencia de Alfonso XIII durante sus visitas a Santiago, estuvo relacionado con la resistencia contra las tropas napoleónicas y por su entorno pasaron algunos de los grandes nombres de la literatura gallega. Incluso conserva un curioso privilegio concedido hace más de dos siglos: su señor puede entrar a caballo en la Catedral de Santiago. Un derecho que nunca ha sido ejercido.. Todo comenzó con una fábrica de papel. Para entender el Faramello hay que remontarse a 1710. Su origen no fue únicamente nobiliario, sino también industrial. Los genoveses Bartolomé Piombino y Jacobo Gambino impulsaron junto al río la que está considerada la primera fábrica de papel de Galicia. La construcción fue contratada el 5 de mayo de aquel año y en 1714 una Real Cédula otorgó a Piombino el privilegio para establecerla y un monopolio durante 20 años.. El lugar acabó convirtiéndose en un pequeño complejo industrial. Un pleito de 1732 permite saber que entonces existían diez construcciones: el molino papelero junto al río, otros edificios destinados a la fabricación y almacenamiento, viviendas para los trabajadores y la propia residencia de Piombino.. El agua explica todavía hoy buena parte de la singular apariencia del Faramello. La propiedad fue desarrollándose sobre un terreno abrupto junto al río y los canales y restos de molinos de aquella actividad industrial continúan integrados en sus jardines. Sobre la antigua factoría fue creciendo el pazo barroco, de marcadas influencias italianas.. De luchar contra Napoleón a recibir a un rey. La historia volvió a llamar a sus puertas un siglo después. Durante la invasión napoleónica, el Faramello se convirtió en un foco de actividad contra las tropas francesas. Las antiguas caballerizas albergaron un arsenal durante las revueltas de 1808 y Turismo de Galicia señala que allí se imprimieron pasquines contra Bonaparte que podrían encontrarse entre los primeros textos escritos en gallego tras los denominados Séculos Escuros.. Décadas después, sus habitaciones recibirían visitantes muy diferentes. El Pazo do Faramello sirvió como residencia de verano de Alfonso XIII durante sus visitas a Santiago y también acogió al infante Luis de Baviera. No fue la única conexión del lugar con grandes personajes. El pazo aparece relacionado con figuras como Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Camilo José Cela, y se convirtió además en uno de los escenarios de La casa de la Troya, la célebre novela publicada por Alejandro Pérez Lugín en 1915.. Una capilla barroca y un privilegio excepcional. Entre las construcciones que sobreviven se encuentra una pequeña capilla barroca consagrada en 1727. En su interior conserva un retablo realizado por José Gambino, importante escultor del barroco gallego que nació precisamente en el Faramello y trabajó también para la Catedral de Santiago.. Pero una de las historias más singulares del pazo conduce directamente hasta el templo compostelano. En 1815 se concedió mediante Privilegio Real al señor del Faramello el derecho a entrar a caballo en la Catedral de Santiago, una prerrogativa histórica que los propietarios aseguran que nunca ha sido utilizada.. La historia y la leyenda vuelven a mezclarse unos metros más arriba. El Faramello se encuentra a los pies del Castro Lupario, asociado por la tradición a la reina Lupa, el personaje legendario que ocupa un lugar destacado en los relatos sobre el traslado del cuerpo del apóstol Santiago a Galicia.. Todo ello permanece escondido en una propiedad donde el paisaje es casi tan importante como los edificios. Jardines de inspiración francesa, antiguos viñedos, frutales, molinos, canales y cascadas se distribuyen por las terrazas que descienden hacia el río. Además, por las inmediaciones discurre el Camino Portugués y el Faramello es el último gran pazo que encuentra esta ruta antes de alcanzar Santiago.. Más de tres siglos después de que unos emprendedores genoveses eligiesen este rincón de Galicia para fabricar papel, el agua continúa atravesando el lugar. Lo hace por los mismos canales y entre las mismas piedras que ayudan a explicar una historia en la que caben una fábrica pionera, la resistencia contra Napoleón, escritores, un rey y hasta el insólito derecho de atravesar a caballo las puertas de la Catedral de Santiago.
Con más de tres siglos de historia, surgió de la primera fábrica de papel de Galicia y está vinculado a reyes, escritores, Napoleón e incluso a la legendaria reina Lupa
Desde la carretera resulta difícil imaginar lo que se esconde al otro lado de sus muros. Hay que cruzarlos para que aparezcan el agua, la piedra y la vegetación. Fuentes, canales, antiguos molinos, estanques y pequeñas cascadas acompañan a un gran edificio barroco construido en terrazas sobre el cañón del río Tinto. Pero lo verdaderamente sorprendente del Pazo do Faramello no está únicamente en su aspecto.. Situado en el municipio coruñés de Rois, a unos 12 kilómetros tanto de Santiago de Compostela como de Padrón, este pazo acumula más de 300 años de historias. Fue residencia de Alfonso XIII durante sus visitas a Santiago, estuvo relacionado con la resistencia contra las tropas napoleónicas y por su entorno pasaron algunos de los grandes nombres de la literatura gallega. Incluso conserva un curioso privilegio concedido hace más de dos siglos: su señor puede entrar a caballo en la Catedral de Santiago. Un derecho que nunca ha sido ejercido.. Todo comenzó con una fábrica de papel. Para entender el Faramello hay que remontarse a 1710. Su origen no fue únicamente nobiliario, sino también industrial. Los genoveses Bartolomé Piombino y Jacobo Gambino impulsaron junto al río la que está considerada la primera fábrica de papel de Galicia. La construcción fue contratada el 5 de mayo de aquel año y en 1714 una Real Cédula otorgó a Piombino el privilegio para establecerla y un monopolio durante 20 años.. El lugar acabó convirtiéndose en un pequeño complejo industrial. Un pleito de 1732 permite saber que entonces existían diez construcciones: el molino papelero junto al río, otros edificios destinados a la fabricación y almacenamiento, viviendas para los trabajadores y la propia residencia de Piombino.. El agua explica todavía hoy buena parte de la singular apariencia del Faramello. La propiedad fue desarrollándose sobre un terreno abrupto junto al río y los canales y restos de molinos de aquella actividad industrial continúan integrados en sus jardines. Sobre la antigua factoría fue creciendo el pazo barroco, de marcadas influencias italianas.. De luchar contra Napoleón a recibir a un rey. La historia volvió a llamar a sus puertas un siglo después. Durante la invasión napoleónica, el Faramello se convirtió en un foco de actividad contra las tropas francesas. Las antiguas caballerizas albergaron un arsenal durante las revueltas de 1808 y Turismo de Galicia señala que allí se imprimieron pasquines contra Bonaparte que podrían encontrarse entre los primeros textos escritos en gallego tras los denominados Séculos Escuros.. Décadas después, sus habitaciones recibirían visitantes muy diferentes. El Pazo do Faramello sirvió como residencia de verano de Alfonso XIII durante sus visitas a Santiago y también acogió al infante Luis de Baviera. No fue la única conexión del lugar con grandes personajes. El pazo aparece relacionado con figuras como Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Camilo José Cela, y se convirtió además en uno de los escenarios de La casa de la Troya, la célebre novela publicada por Alejandro Pérez Lugín en 1915.. Una capilla barroca y un privilegio excepcional. Entre las construcciones que sobreviven se encuentra una pequeña capilla barroca consagrada en 1727. En su interior conserva un retablo realizado por José Gambino, importante escultor del barroco gallego que nació precisamente en el Faramello y trabajó también para la Catedral de Santiago.. Pero una de las historias más singulares del pazo conduce directamente hasta el templo compostelano. En 1815 se concedió mediante Privilegio Real al señor del Faramello el derecho a entrar a caballo en la Catedral de Santiago, una prerrogativa histórica que los propietarios aseguran que nunca ha sido utilizada.. La historia y la leyenda vuelven a mezclarse unos metros más arriba. El Faramello se encuentra a los pies del Castro Lupario, asociado por la tradición a la reina Lupa, el personaje legendario que ocupa un lugar destacado en los relatos sobre el traslado del cuerpo del apóstol Santiago a Galicia.. Todo ello permanece escondido en una propiedad donde el paisaje es casi tan importante como los edificios. Jardines de inspiración francesa, antiguos viñedos, frutales, molinos, canales y cascadas se distribuyen por las terrazas que descienden hacia el río. Además, por las inmediaciones discurre el Camino Portugués y el Faramello es el último gran pazo que encuentra esta ruta antes de alcanzar Santiago.. Más de tres siglos después de que unos emprendedores genoveses eligiesen este rincón de Galicia para fabricar papel, el agua continúa atravesando el lugar. Lo hace por los mismos canales y entre las mismas piedras que ayudan a explicar una historia en la que caben una fábrica pionera, la resistencia contra Napoleón, escritores, un rey y hasta el insólito derecho de atravesar a caballo las puertas de la Catedral de Santiago.
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