Nació en Belén, en un establo, y un pesebre le sirvió de cuna. Unos pastores que dormían al raso con sus rebaños y tres magos que llegaron de Oriente guiados por una estrella fueron los primeros en tener de ello noticia y acudir a visitarle. En brazos de su madre María, y a lomos de una borriquilla de la que tiraba su padre José, huyó una noche a Egipto para escapar del rey Herodes.. Pasado el peligro, volvió a la tierra de Israel, y en Nazaret, de la región de Galilea, pasó la edad de la inocencia. El hijo del carpintero, le llamaban, por la profesión del padre. Y Jesús el Galileo o Jesús el Nazareno le llamarían más adelante.. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, y allí, hambriento, respondió así al demonio tentador: «No solo de pan vive el hombre».. De nuevo en Galilea, tomó por discípulos a cuatro pescadores, que lo dejaron todo para seguirle, y lo mismo hicieron los otros ocho que se le unieron luego. Comenzó entonces a predicar a las muchedumbres, y su fama se extendió por toda la región: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios», dijo en su primera aparición en público. Y sus vecinos de Nazaret, sorprendidos y admirados, comentaban entre sí: «¿Sabéis lo que dice Jesús, el hijo del carpintero? Que al que te abofetee en la mejilla derecha le presentes también la otra; que amemos a nuestros enemigos y oremos por los que nos persigan; que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura; que no juzguemos, si no queremos ser juzgados; que perdonemos, y seremos perdonados…». Dijo también después: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»; «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos»; «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y cuando Pedro le preguntó que cuántas veces tendría que perdonar las ofensas, él le contestó que hasta setenta veces siete; y al joven rico que quería saber el modo de alcanzar la vida eterna le aconsejó que vendiera todos sus bienes y se los diera a los pobres; y a sus discípulos les advirtió, poco antes de ser llevado ante Pilato, sobre cuál sería la vara de medir al final de los tiempos: haber dado de comer al que tenía hambre, y de beber al que tenía sed, y haber acogido al forastero, y haber vestido al desnudo, y haber visitado al enfermo y al que estaba en la cárcel.. Estas son algunas de sus enseñanzas, principio y fundamento de la civilización cristiana, la nuestra, porque la historia no se puede cambiar, por más que a algunos les gustaría hacerlo. Y muchos estamos convencidos de la fecundidad de tales raíces.
“Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”, dijo en su primera aparición en público
Nació en Belén, en un establo, y un pesebre le sirvió de cuna. Unos pastores que dormían al raso con sus rebaños y tres magos que llegaron de Oriente guiados por una estrella fueron los primeros en tener de ello noticia y acudir a visitarle. En brazos de su madre María, y a lomos de una borriquilla de la que tiraba su padre José, huyó una noche a Egipto para escapar del rey Herodes.. Pasado el peligro, volvió a la tierra de Israel, y en Nazaret, de la región de Galilea, pasó la edad de la inocencia. El hijo del carpintero, le llamaban, por la profesión del padre. Y Jesús el Galileo o Jesús el Nazareno le llamarían más adelante.. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, y allí, hambriento, respondió así al demonio tentador: «No solo de pan vive el hombre».. De nuevo en Galilea, tomó por discípulos a cuatro pescadores, que lo dejaron todo para seguirle, y lo mismo hicieron los otros ocho que se le unieron luego. Comenzó entonces a predicar a las muchedumbres, y su fama se extendió por toda la región: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios», dijo en su primera aparición en público. Y sus vecinos de Nazaret, sorprendidos y admirados, comentaban entre sí: «¿Sabéis lo que dice Jesús, el hijo del carpintero? Que al que te abofetee en la mejilla derecha le presentes también la otra; que amemos a nuestros enemigos y oremos por los que nos persigan; que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura; que no juzguemos, si no queremos ser juzgados; que perdonemos, y seremos perdonados…». Dijo también después: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»; «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos»; «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y cuando Pedro le preguntó que cuántas veces tendría que perdonar las ofensas, él le contestó que hasta setenta veces siete; y al joven rico que quería saber el modo de alcanzar la vida eterna le aconsejó que vendiera todos sus bienes y se los diera a los pobres; y a sus discípulos les advirtió, poco antes de ser llevado ante Pilato, sobre cuál sería la vara de medir al final de los tiempos: haber dado de comer al que tenía hambre, y de beber al que tenía sed, y haber acogido al forastero, y haber vestido al desnudo, y haber visitado al enfermo y al que estaba en la cárcel.. Estas son algunas de sus enseñanzas, principio y fundamento de la civilización cristiana, la nuestra, porque la historia no se puede cambiar, por más que a algunos les gustaría hacerlo. Y muchos estamos convencidos de la fecundidad de tales raíces.
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