Doñana no es solo un conjunto de lagunas y pinos; es un organismo vivo que respira a través de sus cauces. Sin embargo, su principal arteria hídrico, el río Guadiamar, permanece desconectada del corazón de la marisma desde hace décadas. Hace unos días, la Plataforma Salvemos Doñana ha reclamado al Gobierno de España y a la Junta de Andalucía su recuperación integral y que esta se incluya en el Plan Nacional de Restauración. Para las organizaciones que integran la plataforma, como Ecologistas en Acción y WWF, no se trata de una petición sin más, sino de un «mandato legal» y una necesidad.. Tras casi 27 años desde que se declarara de interés general la restauración de este cauce, y cinco años después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE contra España por la deficiente conservación del humedal, el proyecto sigue en un cajón.. Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción, asegura a LA RAZÓN que el Guadiamar fue «amputado, descabezado o cortado». Esta intervención, fruto de los planes de transformación agrícola de mediados del siglo XX, supuso la pérdida del 80 % de los aportes hídricos que recibía el humedal. «La importancia del río Guadiamar para Doñana la tiene fundamentalmente en los aportes hídricos que realizaba al humedal y que ahora no realiza. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) estimaba que las cantidades rondaban los 230 o 240 hm3 en años normales de precipitaciones», explica Romero.. En la actualidad, ese agua dulce, vital para rebajar la salinidad y mantener la vida, es desviada directamente al estuario del Guadalquivir a través de muros, sin tocar el Espacio Natural. «Actualmente, las marismas dependen de dos cuencas reducidas -la Rocina y el Arroyo del Partido- y de las precipitaciones. Eso es muy poco; en años escasos, la marisma prácticamente no se inunda», advierte el ecologista.. La falta de este caudal tiene una consecuencia directa: el acortamiento del hidroperiodo. Romero aporta datos que ilustran un colapso inminente. Mientras que lo normal es que la marisma esté inundada desde noviembre hasta finales de junio, en el ciclo 2023-2024 apenas aguantó 35 días. «Recuperar el Guadiamar significa que el periodo de inundación se alargue y los ciclos reproductivos de las especies puedan culminar», señala, insistiendo en que es necesario «recuperar procesos naturales».. Desde la Oficina Técnica de WWF en Doñana, su portavoz Juanjo Carmona amplía el foco. Para WWF, el problema no es solo la falta de agua, sino la pérdida de espacio físico. Carmona califica la Doñana actual como un «pobre reflejo de lo que fue», ocupando apenas el 20 % de su extensión original. «Es de justicia y una necesidad que tenemos como sociedad el restaurar equilibrios en este espacio. No vamos a regresar a tiempos pretéritos recuperando el 100% de la marisma, pero sí podemos devolver a Doñana los caudales de este río y, sobre todo, devolver terrenos de marisma al norte del Parque Nacional», afirma Carmona.. Uno de los puntos más críticos que denuncia Carmona es la falta de una «zona de transición» en el límite norte del parque. Actualmente, el espacio protegido colinda directamente con explotaciones agrícolas intensivas, sin un área que amortigüe los impactos. «Ahí es imprescindible que esa zona de transición exista, que recuperemos zonas de inundación y zonas de marisma alta. Eso es lo que hay que exigirle al Gobierno: que recupere caudales, pero también terrenos, que cree una ‘zona tampón’ que permita recuperar equilibrios para el espacio natural», añade.. La Plataforma Salvemos Doñana recuerda que la recuperación del río Guadiamar no es una cuestión opcional ya que existe una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo (TJUE) del año 2021 que condena a España por no proteger adecuadamente el acuífero y las zonas ZEPA (Zonas de Especial Protección para las Aves) existentes en la zona.. Mientras la burocracia avanza lentamente, el territorio se transforma de forma irreversible. Romero alerta de que las grandes propiedades en la zona norte están cambiando de manos. «Las grandes propiedades, los herederos, las están vendiendo a fondos de inversión y están sembrando cultivos leñosos: olivos intensivos y, sobre todo, almendros. Hay cierta presión agrícola para impedir que el Guadiamar se recupere», lamenta el ecologista.. A pesar de este escenario, ambos portavoces coinciden en que la solución es técnicamente viable y señalan el éxito de actuaciones previas en la Finca de Caracoles, donde la recuperación del Caño Travieso demostró, en su día, que la naturaleza responde con rapidez si se le da la oportunidad.. La Plataforma Salvemos Doñana concluye que la recuperación del Guadiamar es el único camino para garantizar que el humedal sea resiliente ante el cambio climático. Como sentencia Romero: «La UNESCO nos dio una recomendación, la UE un ultimátum y es un mandato legal. El Guadiamar hay que recuperarlo por su importancia para Doñana».
Tras casi 27 años desde que se declarara de interés general la restauración de este cauce, el proyecto sigue en un cajón
Doñana no es solo un conjunto de lagunas y pinos; es un organismo vivo que respira a través de sus cauces. Sin embargo, su principal arteria hídrico, el río Guadiamar, permanece desconectada del corazón de la marisma desde hace décadas. Hace unos días, la Plataforma Salvemos Doñana ha reclamado al Gobierno de España y a la Junta de Andalucía su recuperación integral y que esta se incluya en el Plan Nacional de Restauración. Para las organizaciones que integran la plataforma, como Ecologistas en Acción y WWF, no se trata de una petición sin más, sino de un «mandato legal» y una necesidad.. Tras casi 27 años desde que se declarara de interés general la restauración de este cauce, y cinco años después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE contra España por la deficiente conservación del humedal, el proyecto sigue en un cajón.. Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción, asegura a LA RAZÓN que el Guadiamar fue «amputado, descabezado o cortado». Esta intervención, fruto de los planes de transformación agrícola de mediados del siglo XX, supuso la pérdida del 80 % de los aportes hídricos que recibía el humedal. «La importancia del río Guadiamar para Doñana la tiene fundamentalmente en los aportes hídricos que realizaba al humedal y que ahora no realiza. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) estimaba que las cantidades rondaban los 230 o 240 hm3 en años normales de precipitaciones», explica Romero.. En la actualidad, ese agua dulce, vital para rebajar la salinidad y mantener la vida, es desviada directamente al estuario del Guadalquivir a través de muros, sin tocar el Espacio Natural. «Actualmente, las marismas dependen de dos cuencas reducidas -la Rocina y el Arroyo del Partido- y de las precipitaciones. Eso es muy poco; en años escasos, la marisma prácticamente no se inunda», advierte el ecologista.. La falta de este caudal tiene una consecuencia directa: el acortamiento del hidroperiodo. Romero aporta datos que ilustran un colapso inminente. Mientras que lo normal es que la marisma esté inundada desde noviembre hasta finales de junio, en el ciclo 2023-2024 apenas aguantó 35 días. «Recuperar el Guadiamar significa que el periodo de inundación se alargue y los ciclos reproductivos de las especies puedan culminar», señala, insistiendo en que es necesario «recuperar procesos naturales».. Desde la Oficina Técnica de WWF en Doñana, su portavoz Juanjo Carmona amplía el foco. Para WWF, el problema no es solo la falta de agua, sino la pérdida de espacio físico. Carmona califica la Doñana actual como un «pobre reflejo de lo que fue», ocupando apenas el 20 % de su extensión original. «Es de justicia y una necesidad que tenemos como sociedad el restaurar equilibrios en este espacio. No vamos a regresar a tiempos pretéritos recuperando el 100% de la marisma, pero sí podemos devolver a Doñana los caudales de este río y, sobre todo, devolver terrenos de marisma al norte del Parque Nacional», afirma Carmona.. Uno de los puntos más críticos que denuncia Carmona es la falta de una «zona de transición» en el límite norte del parque. Actualmente, el espacio protegido colinda directamente con explotaciones agrícolas intensivas, sin un área que amortigüe los impactos. «Ahí es imprescindible que esa zona de transición exista, que recuperemos zonas de inundación y zonas de marisma alta. Eso es lo que hay que exigirle al Gobierno: que recupere caudales, pero también terrenos, que cree una ‘zona tampón’ que permita recuperar equilibrios para el espacio natural», añade.. La Plataforma Salvemos Doñana recuerda que la recuperación del río Guadiamar no es una cuestión opcional ya que existe una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo (TJUE) del año 2021 que condena a España por no proteger adecuadamente el acuífero y las zonas ZEPA (Zonas de Especial Protección para las Aves) existentes en la zona.. Mientras la burocracia avanza lentamente, el territorio se transforma de forma irreversible. Romero alerta de que las grandes propiedades en la zona norte están cambiando de manos. «Las grandes propiedades, los herederos, las están vendiendo a fondos de inversión y están sembrando cultivos leñosos: olivos intensivos y, sobre todo, almendros. Hay cierta presión agrícola para impedir que el Guadiamar se recupere», lamenta el ecologista.. A pesar de este escenario, ambos portavoces coinciden en que la solución es técnicamente viable y señalan el éxito de actuaciones previas en la Finca de Caracoles, donde la recuperación del Caño Travieso demostró, en su día, que la naturaleza responde con rapidez si se le da la oportunidad.. La Plataforma Salvemos Doñana concluye que la recuperación del Guadiamar es el único camino para garantizar que el humedal sea resiliente ante el cambio climático. Como sentencia Romero: «La UNESCO nos dio una recomendación, la UE un ultimátum y es un mandato legal. El Guadiamar hay que recuperarlo por su importancia para Doñana».
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