Hay auriculares que suenan bien, otros que duran mucho, que tienen una batería “eterna” … y luego está la serie 1000X de Sony, que lleva años intentando hacer algo más ambicioso: borrar el mundo que nos rodea sin renunciar a la calidad del sonido. Los Sony WH-1000XM6 son la última iteración de esa obsesión. Y aunque por fuera parecen una evolución tranquila, por dentro hay bastante más ingeniería de la que aparentan. Especialmente en tres frentes: batería, carga y, principalmente, cancelación de ruido.. Lo primero que me sorprendió es que, en un mundo donde todo parece necesitar cargarse constantemente, estos auriculares funcionan casi como un reloj antiguo: me olvidaba de la carga. Con la cancelación de ruido activada, rondan las 30 horas de reproducción continua, y pueden estirarse hasta unas 40 sin ella. El problema es olvidarse de llevar un cargador.. Pero lo interesante no es tanto la duración como la filosofía detrás de la carga rápida. En estos dispositivos, cargar ya no es una interrupción, sino un parche casi invisible en el tiempo: unos 10 minutos de carga bastan para casi dos horas de uso (dependiendo del modo). Son unos auriculares capaces de estirar el tiempo en este sentido.. Confieso que los sometí a una de las pruebas más duras para este tipo de dispositivos: un viaje en avión de 13 horas. Y los usé, al menos, 12 de ellas. Voy por partes. La intuición dicta que unas horas bastarían para resultar incómodos, no filtrar el sonido de forma eficaz (en un avión sería lógico) y perder ímpetu (léase batería) con las horas. Nada que ver. O que oír mejor dicho si tenemos en cuenta la mayor cualidad de estos auriculares: la cancelación de ruido.. Explicarla bien requiere una pequeña licencia narrativa. Imagina que el mundo es una suma de ondas invisibles: motores, voces, viento, el zumbido constante de la cabina de un avión. Cada sonido es una vibración del aire. Lo que hace un sistema de cancelación activa no es “bloquear” ese sonido, sino responderle. Los WH-1000XM6 (XM6 a partir de ahora) llevan este concepto bastante más lejos de lo habitual. Integran 12 micrófonos que no solo oyen el ruido exterior, sino que lo escuchan de forma activa, lo que les permite identificar cómo ese ruido se filtra dentro del auricular. Es decir, no miden el problema en bruto, sino su efecto real en el oído.. Con esa información, el sistema genera una onda inversa: si el ruido es una cresta, el auricular produce un valle. Cuando ambas se encuentran, se cancelan. No es magia: es interferencia destructiva. Pero aquí es donde Sony ha afinado la maquinaria. En generaciones anteriores, esto funcionaba bien con sonidos constantes (el motor de un avión, el traqueteo de un tren), pero fallaba más con lo impredecible. En los XM6, el salto no es solo de hardware, sino de inteligencia. Incorporan un nuevo chip dedicado y algoritmos que analizan el entorno en tiempo real. No se limitan a reaccionar: anticipan.. Eso permite algo bastante sofisticado: adaptar la cancelación según el contexto. No es lo mismo una oficina que una calle o una cabina presurizada. Incluso tienen en cuenta variables como la presión atmosférica (algo clave en vuelos y que he logrado identificar) para optimizar cómo se comporta el sistema. Dicho de otra manera: no están cancelando “ruido”, están modelando tu entorno acústico.. Hay otro detalle que suele pasar desapercibido y que, sin embargo, es crucial: el sellado físico. La cancelación activa no funciona sola. Necesita una base pasiva, un aislamiento inicial que proporcionan las almohadillas. Esa combinación (material + algoritmo) es lo que permite que, en la práctica, el mundo se atenúe hasta volverse una especie de murmullo lejano.. Breve inciso de experiencia personal. En el viaje de 13 horas, cruzando el Atlántico, me ocurrió dos veces, durante las comidas, que los XM6 me habían hecho creer que el ruido del avión era poco más que un murmullo. Hasta que me los quitaba y entonces era como pasar de un lago quieto hasta una tormenta en la orilla. Lo sorprendente es que, cuando me los volvía a colocar, el sistema automáticamente detectaba que los estaba usando y cancelaba el entorno. Aunque no hubiera música.. Segundo apartado confesional: estos auriculares vienen en un negro sobrio, azul indiferente y blanco para todos los gustos. Los míos eran los nuevos rosas. Cuando me sugirieron evaluar este nuevo color, mi primer pensamiento fue tener un chicle rodeándome la cabeza. No me apetecía. Pero cuando los vi en persona (un rosa viejo que sería el hijo de un caoba y un palo rosado), se convirtió en mi favorito. No había visto un color similar en otros dispositivos hasta ahora. Pedido a Sony: si sacáis camisetas o americanas con este tono, avisadme. No es broma.. Volvemos: las almohadillas. Con los WH-1000XM6, Sony ha entendido que la cancelación de ruido no empieza en los chips, el algoritmo o los micrófonos, sino en el contacto con la piel. Las almohadillas funcionan como la primera frontera física y antes de que el algoritmo actúe, ya han empezado a hacer su trabajo.. Están construidas con espuma de alta densidad, un material viscoelástico que cede lentamente, adaptándose a la forma de la cabeza, y recubiertas por un material sintético suave, similar al cuero. Este recubrimiento tiene una doble función: por un lado, distribuir la presión de forma uniforme para evitar puntos de fatiga; por otro, sellar el contorno del pabellón auditivo para impedir que el sonido se “cuele” por pequeñas fugas.. Ese sellado es clave. La cancelación activa necesita un entorno relativamente estable para funcionar bien. Si hay huecos, el sistema pierde eficacia. Por eso, la ergonomía de las almohadillas no es solo una cuestión de comodidad, sino de ingeniería acústica.. Y aquí es donde Sony ha afinado especialmente el equilibrio. Las almohadillas no aprietan: descansan. La presión se reparte en una superficie amplia, lo que permite usarlas durante horas sin esa sensación de “pinza” en la cabeza. Algo que he confirmado sin resquicios. De hecho, uno de los cambios más sutiles de esta generación es precisamente ese: una mejora en la distribución del peso y en la suavidad del contacto, algo que se traduce en sesiones largas sin fatiga.. También hay una cuestión térmica. El material sintético tiende a retener algo de calor (es inevitable en este tipo de diseño cerrado), pero la densidad de la espuma y la forma de la cavidad interna ayudan a que el aire no quede completamente atrapado.. Veredicto. Lo breve, si bueno, dos veces breve, o bueno no recuerdo. El hecho es que, en este caso, es muy sencillo: son los mejores auriculares over-ear que he probado en mi vida. Y si el precio no es un obstáculo (€399) es una de las mejores inversiones que podemos hacer.
Muy buena batería, excelente sonido y una ergonomía a prueba de días. Pero lo que de verdad destaca es su cancelación de ruido: no tienen competencia.
Hay auriculares que suenan bien, otros que duran mucho, que tienen una batería “eterna” … y luego está la serie 1000X de Sony, que lleva años intentando hacer algo más ambicioso: borrar el mundo que nos rodea sin renunciar a la calidad del sonido. Los Sony WH-1000XM6 son la última iteración de esa obsesión. Y aunque por fuera parecen una evolución tranquila, por dentro hay bastante más ingeniería de la que aparentan. Especialmente en tres frentes: batería, carga y, principalmente, cancelación de ruido.. Lo primero que me sorprendió es que, en un mundo donde todo parece necesitar cargarse constantemente, estos auriculares funcionan casi como un reloj antiguo: me olvidaba de la carga. Con la cancelación de ruido activada, rondan las 30 horas de reproducción continua, y pueden estirarse hasta unas 40 sin ella. El problema es olvidarse de llevar un cargador.. Pero lo interesante no es tanto la duración como la filosofía detrás de la carga rápida. En estos dispositivos, cargar ya no es una interrupción, sino un parche casi invisible en el tiempo: unos 10 minutos de carga bastan para casi dos horas de uso (dependiendo del modo). Son unos auriculares capaces de estirar el tiempo en este sentido.. Confieso que los sometí a una de las pruebas más duras para este tipo de dispositivos: un viaje en avión de 13 horas. Y los usé, al menos, 12 de ellas. Voy por partes. La intuición dicta que unas horas bastarían para resultar incómodos, no filtrar el sonido de forma eficaz (en un avión sería lógico) y perder ímpetu (léase batería) con las horas. Nada que ver. O que oír mejor dicho si tenemos en cuenta la mayor cualidad de estos auriculares: la cancelación de ruido.. Explicarla bien requiere una pequeña licencia narrativa. Imagina que el mundo es una suma de ondas invisibles: motores, voces, viento, el zumbido constante de la cabina de un avión. Cada sonido es una vibración del aire. Lo que hace un sistema de cancelación activa no es “bloquear” ese sonido, sino responderle. Los WH-1000XM6 (XM6 a partir de ahora) llevan este concepto bastante más lejos de lo habitual. Integran 12 micrófonos que no solo oyen el ruido exterior, sino que lo escuchan de forma activa, lo que les permite identificar cómo ese ruido se filtra dentro del auricular. Es decir, no miden el problema en bruto, sino su efecto real en el oído.. Con esa información, el sistema genera una onda inversa: si el ruido es una cresta, el auricular produce un valle. Cuando ambas se encuentran, se cancelan. No es magia: es interferencia destructiva. Pero aquí es donde Sony ha afinado la maquinaria. En generaciones anteriores, esto funcionaba bien con sonidos constantes (el motor de un avión, el traqueteo de un tren), pero fallaba más con lo impredecible. En los XM6, el salto no es solo de hardware, sino de inteligencia. Incorporan un nuevo chip dedicado y algoritmos que analizan el entorno en tiempo real. No se limitan a reaccionar: anticipan.. Eso permite algo bastante sofisticado: adaptar la cancelación según el contexto. No es lo mismo una oficina que una calle o una cabina presurizada. Incluso tienen en cuenta variables como la presión atmosférica (algo clave en vuelos y que he logrado identificar) para optimizar cómo se comporta el sistema. Dicho de otra manera: no están cancelando “ruido”, están modelando tu entorno acústico.. Hay otro detalle que suele pasar desapercibido y que, sin embargo, es crucial: el sellado físico. La cancelación activa no funciona sola. Necesita una base pasiva, un aislamiento inicial que proporcionan las almohadillas. Esa combinación (material + algoritmo) es lo que permite que, en la práctica, el mundo se atenúe hasta volverse una especie de murmullo lejano.. Breve inciso de experiencia personal. En el viaje de 13 horas, cruzando el Atlántico, me ocurrió dos veces, durante las comidas, que los XM6 me habían hecho creer que el ruido del avión era poco más que un murmullo. Hasta que me los quitaba y entonces era como pasar de un lago quieto hasta una tormenta en la orilla. Lo sorprendente es que, cuando me los volvía a colocar, el sistema automáticamente detectaba que los estaba usando y cancelaba el entorno. Aunque no hubiera música.. Segundo apartado confesional: estos auriculares vienen en un negro sobrio, azul indiferente y blanco para todos los gustos. Los míos eran los nuevos rosas. Cuando me sugirieron evaluar este nuevo color, mi primer pensamiento fue tener un chicle rodeándome la cabeza. No me apetecía. Pero cuando los vi en persona (un rosa viejo que sería el hijo de un caoba y un palo rosado), se convirtió en mi favorito. No había visto un color similar en otros dispositivos hasta ahora. Pedido a Sony: si sacáis camisetas o americanas con este tono, avisadme. No es broma.. Volvemos: las almohadillas. Con los WH-1000XM6, Sony ha entendido que la cancelación de ruido no empieza en los chips, el algoritmo o los micrófonos, sino en el contacto con la piel. Las almohadillas funcionan como la primera frontera física y antes de que el algoritmo actúe, ya han empezado a hacer su trabajo.. Están construidas con espuma de alta densidad, un material viscoelástico que cede lentamente, adaptándose a la forma de la cabeza, y recubiertas por un material sintético suave, similar al cuero. Este recubrimiento tiene una doble función: por un lado, distribuir la presión de forma uniforme para evitar puntos de fatiga; por otro, sellar el contorno del pabellón auditivo para impedir que el sonido se “cuele” por pequeñas fugas.. Ese sellado es clave. La cancelación activa necesita un entorno relativamente estable para funcionar bien. Si hay huecos, el sistema pierde eficacia. Por eso, la ergonomía de las almohadillas no es solo una cuestión de comodidad, sino de ingeniería acústica.. Y aquí es donde Sony ha afinado especialmente el equilibrio. Las almohadillas no aprietan: descansan. La presión se reparte en una superficie amplia, lo que permite usarlas durante horas sin esa sensación de “pinza” en la cabeza. Algo que he confirmado sin resquicios. De hecho, uno de los cambios más sutiles de esta generación es precisamente ese: una mejora en la distribución del peso y en la suavidad del contacto, algo que se traduce en sesiones largas sin fatiga.. También hay una cuestión térmica. El material sintético tiende a retener algo de calor (es inevitable en este tipo de diseño cerrado), pero la densidad de la espuma y la forma de la cavidad interna ayudan a que el aire no quede completamente atrapado.. Veredicto. Lo breve, si bueno, dos veces breve, o bueno no recuerdo. El hecho es que, en este caso, es muy sencillo: son los mejores auriculares over-ear que he probado en mi vida. Y si el precio no es un obstáculo (€399) es una de las mejores inversiones que podemos hacer.
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