El 15 de abril de 1976 se celebró el XXX Congreso de la UGT, el primero en España tras el final de la Guerra Civil. El gran protagonista fue Nicolás Redondo Urbieta. El dirigente vasco representaba la culminación de un proceso de renovación interna del socialismo español que había trasladado el peso del sindicato desde el exilio de Toulouse hacia el «interior», en las fábricas y astilleros. Fue quien impulsó al «clan sevillano» de González y Guerra para la construcción de un PSOE más cercano a la realidad del país. Era la imagen de la oposición no comunista al franquismo. De hecho, fue detenido en 1968, 1969, 1971 y 1973, lo que le otorgaba una autoridad moral indiscutible ante una militancia que todavía operaba en la semiclandestinidad.. Asistieron ochocientos delegados con el lema «A la unidad sindical por la libertad», en referencia a la independencia de los sindicatos frente al Gobierno, y al camino hacia la democracia. No se celebraba un congreso de UGT en España desde 1932, porque los trece posteriores fueron en el extranjero. La reunión se celebró en los salones del restaurante Biarritz, en la madrileña calle Almansa, en Moncloa.. Primera sesión con recuerdo a las huelgas generales de 1910 y 1917. En la primera sesión tomó la palabra Nicolás Redondo para recordar la trayectoria del sindicato desde 1932. Invocó las huelgas generales de 1910 y 1917, la defensa de la Segunda República, y la oposición al golpe del 18 de julio de 1936. Había que hacer historia –se pensó– y fue interrumpido varias veces con gritos de «¡Libertad!» proferidos por delegados con el puño en alto. Redondo hizo entonces un clásico discurso de lucha de clases. Dijo que la burguesía se había separado del franquismo porque no les resultaba útil, y buscaban fórmulas de sustitución para preservar sus privilegios frente a la clase obrera. Se atribuyó el giro democrático a la presión del movimiento obrero en las calles y en los centros de trabajo. Por supuesto, para Redondo, que aún creía en el marxismo, el capitalismo estaba en su última fase, próximo a su fin por la inflación y el millón de parados. Ante el colapso del sistema político y económico, Redondo propuso una ruptura basada en el desmantelamiento del Sindicato Vertical (la Organización Sindical Española, OSE) y el reconocimiento pleno de la libertad sindical. Para él, la unidad de acción entre las diversas organizaciones de clase era la única garantía de éxito para forzar al gobierno y a la patronal a aceptar un nuevo marco de relaciones laborales.. El 18 de abril, domingo, se clausuró el Congreso, tras las participaciones de personalidades políticas y sindicales europeas, como el ministro alemán de Investigaciones Científicas. Nicolás Redondo fue elegido secretario general, como no podía ser de otra forma. Su triunfo era también fruto de la presión internacional. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) exigió al gobierno español, presidido por Arias Navarro, que permitiera la celebración del congreso ugetista. Fue un avance y una demostración de preferencia porque el Ejecutivo no se lo había permitido a Comisiones Obreras por su vínculo con el PCE. No en vano, la represión franquista fue mucho menor sobre los dirigentes de la UGT que sobre los del sindicato comunista, como Marcelino Camacho y Nicolás Sartorius.. El momento de la reconstrucción. La organización sindical socialista necesitaba reconstruirse tras años de apartamiento y ostracismo. El mismo Redondo dijo en el congreso que la UGT volvería a ser con el tiempo «la gran organización de masas que siempre fue», lo que era un reconocimiento de su insignificancia frente a CC OO. Al tiempo, Redondo afirmó su independencia del PSOE, aunque sin ocultar su «afinidad con fuerzas políticas que tienen, como nosotros, orientación socialista».. En esos días apareció Enrique Tierno Galván, siempre dispuesto a apuntarse un tanto para dar vida a su famélico Partido Socialista Popular. Restó importancia al mensaje sindical del congreso de la UGT, y trató de darle una significación política diciendo que el sindicato socialista recibía un trato de favor. Entendió que la asamblea ugetista mostraba la «decidida voluntad del neocapitalismo internacional y nacional de establecer en España los esquemas socioeconómicos y políticos de la democracia burguesa». Tierno aseguró que el gobierno había protegido a los líderes socialistas españoles y extranjeros para celebrar el congreso de la UGT mientras que negaba «la misma protección y facilidades» a CC OO. De esta manera, Tierno Galván vinculó a la UGT con el «franquismo residual» o con una democracia incompleta.. Sin embargo, aquel congreso significaba que estaba muy próxima la muerte del Sindicato Vertical, el Único, que era el pilar del mundo laboral ideado por los falangistas del franquismo.. Quedaba poco para que estuviera permitida la separación de trabajadores y empresarios, y se estableciera su independencia frente al Estado.
En abril de 1976 se celebraba el primer congreso en España de este sindicato desde la Guerra Civil, en el que Nicolás Redondo fue elegido secretario general
El 15 de abril de 1976 se celebró el XXX Congreso de la UGT, el primero en España tras el final de la Guerra Civil. El gran protagonista fue Nicolás Redondo Urbieta. El dirigente vasco representaba la culminación de un proceso de renovación interna del socialismo español que había trasladado el peso del sindicato desde el exilio de Toulouse hacia el «interior», en las fábricas y astilleros. Fue quien impulsó al «clan sevillano» de González y Guerra para la construcción de un PSOE más cercano a la realidad del país. Era la imagen de la oposición no comunista al franquismo. De hecho, fue detenido en 1968, 1969, 1971 y 1973, lo que le otorgaba una autoridad moral indiscutible ante una militancia que todavía operaba en la semiclandestinidad.. Asistieron ochocientos delegados con el lema «A la unidad sindical por la libertad», en referencia a la independencia de los sindicatos frente al Gobierno, y al camino hacia la democracia. No se celebraba un congreso de UGT en España desde 1932, porque los trece posteriores fueron en el extranjero. La reunión se celebró en los salones del restaurante Biarritz, en la madrileña calle Almansa, en Moncloa.. Primera sesión con recuerdo a las huelgas generales de 1910 y 1917. En la primera sesión tomó la palabra Nicolás Redondo para recordar la trayectoria del sindicato desde 1932. Invocó las huelgas generales de 1910 y 1917, la defensa de la Segunda República, y la oposición al golpe del 18 de julio de 1936. Había que hacer historia –se pensó– y fue interrumpido varias veces con gritos de «¡Libertad!» proferidos por delegados con el puño en alto. Redondo hizo entonces un clásico discurso de lucha de clases. Dijo que la burguesía se había separado del franquismo porque no les resultaba útil, y buscaban fórmulas de sustitución para preservar sus privilegios frente a la clase obrera. Se atribuyó el giro democrático a la presión del movimiento obrero en las calles y en los centros de trabajo. Por supuesto, para Redondo, que aún creía en el marxismo, el capitalismo estaba en su última fase, próximo a su fin por la inflación y el millón de parados. Ante el colapso del sistema político y económico, Redondo propuso una ruptura basada en el desmantelamiento del Sindicato Vertical (la Organización Sindical Española, OSE) y el reconocimiento pleno de la libertad sindical. Para él, la unidad de acción entre las diversas organizaciones de clase era la única garantía de éxito para forzar al gobierno y a la patronal a aceptar un nuevo marco de relaciones laborales.. El 18 de abril, domingo, se clausuró el Congreso, tras las participaciones de personalidades políticas y sindicales europeas, como el ministro alemán de Investigaciones Científicas. Nicolás Redondo fue elegido secretario general, como no podía ser de otra forma. Su triunfo era también fruto de la presión internacional. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) exigió al gobierno español, presidido por Arias Navarro, que permitiera la celebración del congreso ugetista. Fue un avance y una demostración de preferencia porque el Ejecutivo no se lo había permitido a Comisiones Obreras por su vínculo con el PCE. No en vano, la represión franquista fue mucho menor sobre los dirigentes de la UGT que sobre los del sindicato comunista, como Marcelino Camacho y Nicolás Sartorius.. El momento de la reconstrucción. La organización sindical socialista necesitaba reconstruirse tras años de apartamiento y ostracismo. El mismo Redondo dijo en el congreso que la UGT volvería a ser con el tiempo «la gran organización de masas que siempre fue», lo que era un reconocimiento de su insignificancia frente a CC OO. Al tiempo, Redondo afirmó su independencia del PSOE, aunque sin ocultar su «afinidad con fuerzas políticas que tienen, como nosotros, orientación socialista».. En esos días apareció Enrique Tierno Galván, siempre dispuesto a apuntarse un tanto para dar vida a su famélico Partido Socialista Popular. Restó importancia al mensaje sindical del congreso de la UGT, y trató de darle una significación política diciendo que el sindicato socialista recibía un trato de favor. Entendió que la asamblea ugetista mostraba la «decidida voluntad del neocapitalismo internacional y nacional de establecer en España los esquemas socioeconómicos y políticos de la democracia burguesa». Tierno aseguró que el gobierno había protegido a los líderes socialistas españoles y extranjeros para celebrar el congreso de la UGT mientras que negaba «la misma protección y facilidades» a CC OO. De esta manera, Tierno Galván vinculó a la UGT con el «franquismo residual» o con una democracia incompleta.. Sin embargo, aquel congreso significaba que estaba muy próxima la muerte del Sindicato Vertical, el Único, que era el pilar del mundo laboral ideado por los falangistas del franquismo.. Quedaba poco para que estuviera permitida la separación de trabajadores y empresarios, y se estableciera su independencia frente al Estado.
Noticias de cultura en La Razón
