“Lo que no me ha pasado a mí en 30 años en Mediaset, les pasa a ellos. Con la de números que llevo echando todos los días…”. Boquiabierto, Jorge Javier Vázquez asiste a la adrenalina del nacimiento de un romance en pleno directo.. El diario de Jorge busca novia a Álvaro, un fan del café con canela. Su chulería de barrio funciona como personaje recurrente del programa de Telecinco. No van a parar hasta que se case. Las líneas telefónicas están abiertas. De hecho, hace unos días, llamó una chica del Charco de Lanzarote, Carolina. Se sintió atraída por Álvaro.. Y el programa decidió traerla a plató y esconderla entre el público. Bien embadurnada de aroma a canela. Todo para que el olfato de Álvaro la localizara (o no) entre las mujeres de la grada. Le costó un rato. Aunque ya daba igual. Porque, en la espera, Carolina había conocido a otro. Un chico del público, Lewis, que estaba sentado en el asiento de la fila de atrás.. La canela no, pero las chispas del amor, entre Carolina y Lewis, se olían a través de la tele. Solo bastaba contemplar los planos de reacción de la grada. Estaban con un cortejo tan sutil como desbordante. Mientras tanto, Álvaro empezaba a subir por la escalera para encontrar a su pretendienta en el graderío. Y la localizó. Y, juntos, bajaron al escenario.. Pero Carolina pasó de pantomimas y rompió el guion del programa: “Me gusta otra persona. Acabo de conocer un chico y voy a por él, porque me encanta”. Jorge pegó un saltito: “Pero, ¿dónde has conocido a alguien? ¿En un avión? ¿En la tele? Dímelo al oído”.. «Está en el público». La confesión se escuchó perfectamente. Los micrófonos prendidos son los grandes espías de los controles de realización de la tele. No es de extrañar que la cámara ya hubiera localizado a Lewis mucho antes de que se levantara y reconociera que ese hombre era él. “¿Queréis ir a una salita?”, propuso entonces Jorge. Y allí les mandaron, a continuar conociéndose. El arco narrativo es tan perfecto que parece maquinado por la misma dirección del programa. Que lo inesperado te pille con la mente abierta.. Así Telecinco es más Telecinco. El diario no solo tuvo capacidad de incorporar la espontaneidad insospechada al devenir del show, además lo jugó con inteligencia. ¿Cómo? Crearon una trama transversal en pletórico directo. La pantalla gigante del fondo del plató se dejó conectada con la imagen de la sala en la que se metió a los tortolitos para que siguieran descubriéndose. De esta forma, la emisión avanzó. Pero sin perder de vista el culebronesco giro de guion. El público en el estudio reaccionaba a cada acercamiento, a cada caricia, a cada intento de acercar labio. El propio Jorge no podía dejar de curiosear de reojo al videowall, a la vez que entrevistaba a otros invitados. “Yo creo que ya está, esta noche carricoche”, apuntilló con su ironía al observar el percal.. Y se acabó el tiempo del programa. Lewis comentó a Jorge que se estaban conociendo poco a poco. “Qué curiosa idea tienes tú de las velocidades”, bromeó el presentador antes de pedir «un beso» para cerrar en alto la emisión. Con tal tensión sexual no resuelta, un pico era poco para ellos y corrieron al morreo.. Su incandescencia fue celebrada por un público catártico. Nos dan subidón las historias de amor con final feliz. O con calentón feliz, que también nos vale. Necesitamos empaparnos de esperanza en forma de ilusiones ajenas. Ahí se hace fuerte el show business: en la autenticidad. Porque la tele es la gente que se deja llevar y consigue que la tele, también, se deje llevar con la gente.
Cuando la realidad se hace con el timón del guion de un programa de TV.
20MINUTOS.ES – Televisión
“Lo que no me ha pasado a mí en 30 años en Mediaset, les pasa a ellos. Con la de números que llevo echando todos los días…”. Boquiabierto, Jorge Javier Vázquez asiste a la adrenalina del nacimiento de un romance en pleno directo.. El diario de Jorge busca novia a Álvaro, un fan del café con canela. Su chuleríade barrio funciona como personaje recurrente del programa de Telecinco. No van a parar hasta que se case. Las líneas telefónicas están abiertas. De hecho, hace unos días, llamóuna chica del Charco de Lanzarote, Carolina. Se sintió atraída por Álvaro.. Y el programa decidió traerla a plató y esconderla entre el público. Bien embadurnada de aroma a canela. Todo para que el olfato de Álvaro la localizara (o no) entre las mujeres de la grada. Le costó un rato. Aunque ya daba igual. Porque, en la espera, Carolina había conocido a otro. Un chico del público, Lewis, que estaba sentado en el asiento de la fila de atrás.. La canela no, pero las chispas del amor, entre Carolina y Lewis, se olían a través de la tele. Solo bastaba contemplar los planos de reacción de la grada. Estaban con un cortejo tan sutil como desbordante. Mientras tanto, Álvaro empezaba a subir por la escalera para encontrar a su pretendienta en el graderío.Y la localizó. Y, juntos, bajaron al escenario.. Pero Carolina pasó de pantomimas y rompió el guion del programa: “Me gusta otra persona. Acabo de conocer un chico y voy a por él, porque me encanta”. Jorge pegó un saltito: “Pero, ¿dónde has conocido a alguien? ¿En un avión? ¿En la tele? Dímelo al oído”.. «Está en el público». La confesión se escuchó perfectamente. Los micrófonos prendidos son los grandes espías de los controles de realización de la tele. No es de extrañar que la cámara ya hubiera localizado a Lewis mucho antes de que se levantara y reconociera que ese hombre era él. “¿Queréis ir a una salita?”, propuso entonces Jorge. Y allí les mandaron, a continuar conociéndose. El arco narrativo es tan perfecto que parece maquinado por la misma dirección del programa. Que lo inesperado te pille con la mente abierta.. Así Telecinco es más Telecinco.El diario no solo tuvo capacidad de incorporar la espontaneidad insospechada al devenir del show, además lo jugó con inteligencia. ¿Cómo? Crearon una trama transversal en pletórico directo. La pantalla gigante del fondo del plató se dejó conectada con la imagen de la sala en la que se metió a los tortolitos para que siguieran descubriéndose. De esta forma, la emisión avanzó. Pero sin perder de vista el culebronesco giro de guion. El público en el estudio reaccionaba a cada acercamiento, a cada caricia, a cada intento de acercar labio. El propio Jorge no podía dejar de curiosear de reojo al videowall, a la vez que entrevistaba a otros invitados. “Yo creo que ya está, esta noche carricoche”, apuntilló con su ironía al observar el percal.. Y se acabó el tiempo del programa. Lewis comentó a Jorge que se estaban conociendo poco a poco. “Qué curiosa idea tienes tú de las velocidades”, bromeó el presentador antes de pedir «un beso» para cerrar en alto la emisión. Con tal tensión sexual no resuelta, un pico era poco para ellos y corrieron al morreo.. Su incandescencia fue celebrada por un público catártico. Nos dan subidón las historias de amor con final feliz. O con calentón feliz, que también nos vale. Necesitamos empaparnos de esperanza en forma de ilusiones ajenas. Ahí se hace fuerte el show business: en la autenticidad. Porque la tele es la gente que se deja llevar y consigue que la tele, también, se deje llevar con la gente.
