No me sorprende que se hable tanto de Puerto Rico por estos días. Hace unas semanas estuve allí, reunido con un grupo de colegas para hablar de lo que le ocurre a la lengua española en los Estados Unidos de Trump, y pude constatarlo: en esa isla paradójica, nación y colonia al mismo tiempo, el lugar de nuestra lengua está en el centro de la conversación. Lo está desde hace unas semanas, cuando, en el intermedio de un partido de eso que llaman fútbol americano, un cantante cuya música yo nunca había escuchado (y no he escuchado todavía, para ser sincero) convirtió esa pausa rutinaria, meditadamente diseñada para la inanidad y el más bobo consumismo, en una asombrosa declaración de rebeldía. Y, si me apuran, de coraje cívico: pues para hacer lo que hizo Benito Antonio Martínez Ocasio en esos pocos minutos se necesita un arrojo que no se encuentra con facilidad en nuestros días, porque requiere enfrentarse a fuerzas muy poderosas que cuentan con altavoces muy potentes. Que a uno le guste o no su música es, para todos los efectos, lo de menos.. Seguir leyendo
La presencia de otras lenguas da poder a quienes las usan, y eso es intolerable para el presidente de Estados Unidos
No me sorprende que se hable tanto de Puerto Rico por estos días. Hace unas semanas estuve allí, reunido con un grupo de colegas para hablar de lo que le ocurre a la lengua española en los Estados Unidos de Trump, y pude constatarlo: en esa isla paradójica, nación y colonia al mismo tiempo, el lugar de nuestra lengua está en el centro de la conversación. Lo está desde hace unas semanas, cuando, en el intermedio de un partido de eso que llaman fútbol americano, un cantante cuya música yo nunca había escuchado (y no he escuchado todavía, para ser sincero) convirtió esa pausa rutinaria, meditadamente diseñada para la inanidad y el más bobo consumismo, en una asombrosa declaración de rebeldía. Y, si me apuran, de coraje cívico: pues para hacer lo que hizo Benito Antonio Martínez Ocasio en esos pocos minutos se necesita un arrojo que no se encuentra con facilidad en nuestros días, porque requiere enfrentarse a fuerzas muy poderosas que cuentan con altavoces muy potentes. Que a uno le guste o no su música es, para todos los efectos, lo de menos.. Seguir leyendo
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