A menudo pasa desapercibido, integrado en un mueble o colocado sobre la encimera, pero es uno de los grandes responsables de los sustos en la factura eléctrica. El horno eléctrico consume mucha más energía de lo que la mayoría imagina. En los picos más altos, especialmente durante el precalentamiento, puede llegar a demandar una cantidad de electricidad equivalente a la que usarían hasta 65 frigoríficos funcionando al mismo tiempo.. La razón es sencilla: mientras un frigorífico solo mantiene el frío en un espacio cerrado, el horno necesita generar calor desde cero y sostener temperaturas muy elevadas. Para ello, requiere una potencia que suele situarse entre los 2.000 y los 5.000 vatios, muy por encima de los 300 u 800 vatios habituales de una nevera.. Cuánto puede llegar a gastar. El consumo mensual de un horno puede oscilar entre 40 y 90 kilovatios hora (kWh), dependiendo del uso. De hecho, algunos estudios indican que este electrodoméstico puede concentrar más de una cuarta parte del gasto eléctrico anual de una vivienda.. Supera con claridad el consumo de una nevera e incluso puede acercarse al de la secadora. Además, tiene un inconveniente añadido: solemos utilizarlo de forma más improvisada, sin planificar su uso, lo que incrementa el gasto sin darnos cuenta.. El impacto del desgaste. Otro factor clave es el estado del aparato. Un horno antiguo o mal mantenido puede convertirse en un auténtico agujero en el presupuesto. Con el paso del tiempo, los elementos calefactores pierden eficacia, lo que obliga al electrodoméstico a funcionar durante más tiempo para alcanzar la misma temperatura que antes conseguía rápidamente. Esto se traduce, inevitablemente, en un mayor consumo.. Hábitos para reducir el consumo. La buena noticia es que no es necesario cambiar de horno ni dejar de usarlo para ahorrar. Basta con adoptar algunos hábitos sencillos.. Uno de los más efectivos es aprovechar cada encendido. Dado que el mayor gasto se produce al calentar el horno desde frío, resulta más eficiente cocinar varias recetas seguidas o preparar comida adicional para otro día en lugar de encenderlo varias veces a la semana.. También es recomendable evitar abrir la puerta constantemente. Cada vez que se hace, el calor se pierde y el horno necesita gastar más energía para recuperarlo.. Otro truco útil es apagarlo unos diez minutos antes de finalizar la cocción. El calor acumulado en su interior será suficiente para terminar el proceso sin consumir electricidad extra.. Por último, el tipo de recipiente influye más de lo que parece. Los moldes oscuros o de hierro retienen mejor el calor y permiten cocinar los alimentos en menos tiempo.. En definitiva, el horno seguirá siendo imprescindible en cualquier cocina, pero la forma de utilizarlo marca la diferencia entre un gasto descontrolado y un consumo más eficiente.
Este consume mucha más energía de lo que la mayoría imagina
A menudo pasa desapercibido, integrado en un mueble o colocado sobre la encimera, pero es uno de los grandes responsables de los sustos en la factura eléctrica. El horno eléctrico consume mucha más energía de lo que la mayoría imagina. En los picos más altos, especialmente durante el precalentamiento, puede llegar a demandar una cantidad de electricidad equivalente a la que usarían hasta 65 frigoríficos funcionando al mismo tiempo.. La razón es sencilla: mientras un frigorífico solo mantiene el frío en un espacio cerrado, el horno necesita generar calor desde cero y sostener temperaturas muy elevadas. Para ello, requiere una potencia que suele situarse entre los 2.000 y los 5.000 vatios, muy por encima de los 300 u 800 vatios habituales de una nevera.. Cuánto puede llegar a gastar. El consumo mensual de un horno puede oscilar entre 40 y 90 kilovatios hora (kWh), dependiendo del uso. De hecho, algunos estudios indican que este electrodoméstico puede concentrar más de una cuarta parte del gasto eléctrico anual de una vivienda.. Supera con claridad el consumo de una nevera e incluso puede acercarse al de la secadora. Además, tiene un inconveniente añadido: solemos utilizarlo de forma más improvisada, sin planificar su uso, lo que incrementa el gasto sin darnos cuenta.. El impacto del desgaste. Otro factor clave es el estado del aparato. Un horno antiguo o mal mantenido puede convertirse en un auténtico agujero en el presupuesto. Con el paso del tiempo, los elementos calefactores pierden eficacia, lo que obliga al electrodoméstico a funcionar durante más tiempo para alcanzar la misma temperatura que antes conseguía rápidamente. Esto se traduce, inevitablemente, en un mayor consumo.. Hábitos para reducir el consumo. La buena noticia es que no es necesario cambiar de horno ni dejar de usarlo para ahorrar. Basta con adoptar algunos hábitos sencillos.. Uno de los más efectivos es aprovechar cada encendido. Dado que el mayor gasto se produce al calentar el horno desde frío, resulta más eficiente cocinar varias recetas seguidas o preparar comida adicional para otro día en lugar de encenderlo varias veces a la semana.. También es recomendable evitar abrir la puerta constantemente. Cada vez que se hace, el calor se pierde y el horno necesita gastar más energía para recuperarlo.. Otro truco útil es apagarlo unos diez minutos antes de finalizar la cocción. El calor acumulado en su interior será suficiente para terminar el proceso sin consumir electricidad extra.. Por último, el tipo de recipiente influye más de lo que parece. Los moldes oscuros o de hierro retienen mejor el calor y permiten cocinar los alimentos en menos tiempo.. En definitiva, el horno seguirá siendo imprescindible en cualquier cocina, pero la forma de utilizarlo marca la diferencia entre un gasto descontrolado y un consumo más eficiente.
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