El economista jefe de OpenAI, Aaron Chatterji, intentó lanzar un mensaje de calma —se negó a llamarlo “optimismo”— sobre el impacto que el auge de la inteligencia artificial (IA) puede provocar en el mundo del trabajo, en un momento en el que las nuevas herramientas se revelan cada vez más eficientes y sofisticadas, capaces de desarrollar funciones propias de personal cualificado, y los cálculos más pesimistas dibujan una suerte de apocalipsis laboral. Seguir leyendo
Aaron Chatterji, directivo de la empresa puntera, se somete a un interrogatorio en el Foro de Sintra y admite el peligro de esta revolución tecnológica en el mundo educativo
El economista jefe de OpenAI, Aaron Chatterji, intentó lanzar un mensaje de calma —se negó a llamarlo “optimismo”— sobre el impacto que el auge de la inteligencia artificial (IA) puede provocar en el mundo del trabajo, en un momento en el que las nuevas herramientas se revelan cada vez más eficientes y sofisticadas, capaces de desarrollar funciones propias de personal cualificado, y los cálculos más pesimistas dibujan una suerte de apocalipsis laboral. “Solo porque una tarea esté expuesta a la IA no significa que vayas a perder el trabajo, que vayas a ser sustituido por ella”, afirmó Chatterji esta tarde en un diálogo junto con el economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), el Philip Lane, en el marco del Foro de Sintra (Portugal). “La IA no afectará a todos los empleos de la misma manera, si consideras los puestos de trabajo simplemente como un conjunto de tareas, estás pasando por alto el hecho de que constantemente añadimos más tareas y también eliminamos otras”, añadió. Y puso como ejemplo el modo en que el ordenador personal había transformado el trabajo de su padre, también economista en los años ochenta, pero no había eliminado su trabajo.También argumentó que la mejora de la productividad y reducción de costes liberaba recursos para otras inversiones y puso como ejemplo que, cuando las sociedades se hacen más ricas, gastan más en educación y sanidad, con lo que se esperaba un gran incremento del mercado laboral para trabajadores de este sector. Sí admitió, sin embargo, sus temores sobre el impacto en la educación. “Me preocupa mucho cómo vamos a introducir [la IA] en las escuelas”, señaló. Explicó que él utiliza la tecnología y le ahorra múltiples tareas, pero se formó como economista antes que eso, escribiendo miles de curvas y fórmulas. “¿Qué pasa con mi hija? Ella aún no ha estudiado económicas», planteó. Y añadió otros interrogantes: “¿Qué ocurre en un mundo en el que, esencialmente, la IA puede hacer todo eso por ti? ¿Vamos a ser capaces de limitarlo?“.Chatterji, de 47 años, es un profesor de negocios y políticas públicas de la Universidad de Duke (Estados Unidos) que ha trabajado para las dos últimas Administraciones demócratas en Estados Unidos. Primero, en el Consejo de Asesores Económicos de Barack Obama; y con Joe Biden, como economista jefe del Departamento de Comercio. La compañía de Sam Altman lo fichó en 2024 para dirigir un equipo de investigadores dedicado a explorar el impacto de la IA en la economía y la sociedad, en una muestra de la conciencia que la compañía tiene de sí misma como catalizadora de esta revolución tecnológica.Tuvo razón el profesor Chatterji cuando señaló que nadie en el foro hubiese imaginado en 2017 que OpenAI, compañía fundada solo dos años antes, iba a encarnar e impulsar una revolución tecnológica a la que aún le estamos tomando las medidas. En realidad, ni siquiera hace cinco años era imaginable
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