El Archivo de la Catedral de León custodia uno de los documentos más singulares de la historia eclesiástica europea: una littera gratiosa emitida en 1439 por el Concilio de Basilea, un órgano que llegó a proclamarse superior al papa y que protagonizó una de las crisis más profundas de la Iglesia medieval.. Un capítulo del libro colectivo ‘El papado y los reinos hispánicos en la Edad Media’, realizado por el investigador leonés Javier Domingo Pérez, de la Universidad de León (ULe), analiza este diploma excepcional y el sello de plomo que lo acompaña, una rareza casi desaparecida en Europa debido a la destrucción masiva de documentos ordenada tras el final del conciliarismo.. La bula concede siete años y cuarenta días de indulgencia a todos los fieles que ayudasen económicamente a las obras de la Catedral de León o acudiesen al templo durante algunas de las fiestas más importantes del calendario cristiano —Navidad, Epifanía, Ascensión, Pentecostés, Corpus Christi o las principales solemnidades marianas-.. Además, otorgaba cuarenta días de indulgencia a quienes asistieran en la octava de esas celebraciones.. A primera vista, el contenido no difiere de otras mercedes concedidas por los papas a lo largo de los siglos. Pero el valor del documento es «extraordinario»: no fue emitido por un pontífice, sino por un concilio ecuménico que, en plena tensión con Roma, actuó como si fuera la máxima autoridad de la Iglesia, explica el autor.. Basilea, enfrentado abiertamente al papa Eugenio IV, llegó incluso a declararle hereje y a nombrar a un antipapa, Félix V.. La littera leonesa fue emitida así en un momento de gran actividad constructiva en la Catedral, cuando se trabajaba en el retablo mayor diseñado por Nicolás Francés, la sillería del coro y la torre sur.. El cabildo necesitaba financiación y, como era habitual, recurrió a la solicitud de indulgencias para estimular las donaciones.. El trabajo al que ha tenido acceso EFE no ha podido determinar con certeza quién elevó la súplica a Basilea, aunque una de las hipótesis del estudio apunta al obispo Alonso de Cusanza (1424-1436), cuyas reformas internas coincidieron con algunas ideas del conciliarismo y que habría mantenido tensiones con la Santa Sede.. También es posible que fuese una iniciativa del propio cabildo, aunque la documentación conservada tras 1440 indica que sus miembros se alinearon de manera clara con el papa Eugenio IV.. Un documento que imitaba al papado. La investigación muestra cómo el Concilio de Basilea empleó en sus diplomas las mismas fórmulas solemnes, el mismo tipo de latín y la misma estructura interna que las bulas pontificias, pero sustituyendo todos los elementos que recordaban la autoridad del Papa.. Donde un documento papal diría ‘Martinus, episcopus, servus servorum Dei’, el concilio se autoproclamaba ‘Sacrosancta Generalis Synodus Basiliensis… Universalis Ecclesia representans’, una declaración directa de supremacía conciliar.. También la bendición cambiaba —de apostólica a ‘omnipotentis Dei’—, y la sanción final sustituyó la tradicional invocación a san Pedro y san Pablo por una apelación a la “Iglesia universal”, negando así el papel singular del pontífice.. La pieza más espectacular es el sello de plomo que pende del documento, un tipo de validación reservado en el medievo a emperadores, reyes y papas.. Para el investigador, este documento leonés es «uno de los poquísimos testimonios materiales que quedan en España del momento en que la Iglesia estuvo más cerca de cambiar su modelo de gobierno».. Su valor, añade, no es solo histórico: «También muestra cómo la diplomática —la disciplina que estudia los documentos históricos— permite reconstruir episodios políticos y religiosos decisivos incluso cuando las fuentes fueron en gran parte eliminadas»
El valor del documento es extraordinario y no fue emitido por un pontífice, sino por un concilio ecuménico en plena tensión con Roma
El Archivo de la Catedral de León custodia uno de los documentos más singulares de la historia eclesiástica europea: una littera gratiosa emitida en 1439 por el Concilio de Basilea, un órgano que llegó a proclamarse superior al papa y que protagonizó una de las crisis más profundas de la Iglesia medieval.. Un capítulo del libro colectivo ‘El papado y los reinos hispánicos en la Edad Media’, realizado por el investigador leonés Javier Domingo Pérez, de la Universidad de León (ULe), analiza este diploma excepcional y el sello de plomo que lo acompaña, una rareza casi desaparecida en Europa debido a la destrucción masiva de documentos ordenada tras el final del conciliarismo.. La bula concede siete años y cuarenta días de indulgencia a todos los fieles que ayudasen económicamente a las obras de la Catedral de León o acudiesen al templo durante algunas de las fiestas más importantes del calendario cristiano —Navidad, Epifanía, Ascensión, Pentecostés, Corpus Christi o las principales solemnidades marianas-.. Además, otorgaba cuarenta días de indulgencia a quienes asistieran en la octava de esas celebraciones.. A primera vista, el contenido no difiere de otras mercedes concedidas por los papas a lo largo de los siglos. Pero el valor del documento es «extraordinario»: no fue emitido por un pontífice, sino por un concilio ecuménico que, en plena tensión con Roma, actuó como si fuera la máxima autoridad de la Iglesia, explica el autor.. Basilea, enfrentado abiertamente al papa Eugenio IV, llegó incluso a declararle hereje y a nombrar a un antipapa, Félix V.. La littera leonesa fue emitida así en un momento de gran actividad constructiva en la Catedral, cuando se trabajaba en el retablo mayor diseñado por Nicolás Francés, la sillería del coro y la torre sur.. El cabildo necesitaba financiación y, como era habitual, recurrió a la solicitud de indulgencias para estimular las donaciones.. El trabajo al que ha tenido acceso EFE no ha podido determinar con certeza quién elevó la súplica a Basilea, aunque una de las hipótesis del estudio apunta al obispo Alonso de Cusanza (1424-1436), cuyas reformas internas coincidieron con algunas ideas del conciliarismo y que habría mantenido tensiones con la Santa Sede.. También es posible que fuese una iniciativa del propio cabildo, aunque la documentación conservada tras 1440 indica que sus miembros se alinearon de manera clara con el papa Eugenio IV.. La investigación muestra cómo el Concilio de Basilea empleó en sus diplomas las mismas fórmulas solemnes, el mismo tipo de latín y la misma estructura interna que las bulas pontificias, pero sustituyendo todos los elementos que recordaban la autoridad del Papa.. Donde un documento papal diría ‘Martinus, episcopus, servus servorum Dei’, el concilio se autoproclamaba ‘Sacrosancta Generalis Synodus Basiliensis… Universalis Ecclesia representans’, una declaración directa de supremacía conciliar.. También la bendición cambiaba —de apostólica a ‘omnipotentis Dei’—, y la sanción final sustituyó la tradicional invocación a san Pedro y san Pablo por una apelación a la “Iglesia universal”, negando así el papel singular del pontífice.. La pieza más espectacular es el sello de plomo que pende del documento, un tipo de validación reservado en el medievo a emperadores, reyes y papas.. Para el investigador, este documento leonés es «uno de los poquísimos testimonios materiales que quedan en España del momento en que la Iglesia estuvo más cerca de cambiar su modelo de gobierno».. Su valor, añade, no es solo histórico: «También muestra cómo la diplomática —la disciplina que estudia los documentos históricos— permite reconstruir episodios políticos y religiosos decisivos incluso cuando las fuentes fueron en gran parte eliminadas»
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