Con las evidente voluntad de Pekín de poner fin de llevar a cabo la denominada “reunificación” con Taiwan en un plazo no muy largo, la cuestión es la si la democracia de la que actualmente disfrutan sus habitantes podrá seguir existiendo.. Seguir leyendo
La reconfiguración estratégica global y la pujanza del régimen de Pekín bajo Xi Jinping vuelven a poner sobre la mesa la cuestión de la incorporación de la isla a la China continental
Con las evidente voluntad de Pekín de poner fin de llevar a cabo la denominada “reunificación” con Taiwan en un plazo no muy largo, la cuestión es la si la democracia de la que actualmente disfrutan sus habitantes podrá seguir existiendo.. Para la periodista Georgina Higueras, la clave pasa por evitar la polarización extrema interna que fomenta una hostilidad manifiesta hacia Pekín a la vez que erosiona el sistema democrático. Por su parte el Fundador el Observatorio de la Política China Xulio Ríos, destaca que, por pragmatismo, Taiwán podría terminar aceptando fórmulas de acomodación con Pekín.. Un porvenir con “características chinas”. GEORGINA HIGUERAS. La lucha de Taiwán por preservar su gobierno y sus estructuras democráticas depende sobre todo de que pueda permanecer en la situación actual, que es lo que desea el 80% de la población. Para ello es fundamental evitar la polarización extrema, que erosiona la democracia y fomenta una hostilidad manifiesta hacia Pekín, que responde agravando las amenazas.. Las relaciones entre Taipei y Pekín se han deteriorado considerablemente desde 2016, con los tres mandatos seguidos del independentista Partido Democrático Progresista (PDP). En respuesta, China ha incrementado la presión militar con incursiones aéreas y maniobras navales, con simulacros de bloqueo y desembarco anfibio. Además, ha estrechado el cerco internacional de la isla, que ha visto como sus relaciones diplomáticas quedaban reducidas a 12 embajadas, incluido el Vaticano.. China considera Taiwán parte inalienable de su territorio, arrebatada por los japoneses en 1895 tras la derrota sufrida por la dinastía Qing. Y refugio de los nacionalistas del Kuomintang (KMT) desde que el Partido Comunista Chino ganó la guerra civil, en 1949. La reunificación simboliza el fin del llamado “siglo de la humillación”.. Los taiwaneses, sin embargo, no quieren la reunificación porque no se fían ni de la democracia “con características chinas” que, si todo va bien, el control de Pekín impondría solo a la larga, ni del compromiso de “un país, dos sistemas”, que se desvaneció en Hong Kong. Tampoco quieren la independencia porque temen un conflicto con China, que insiste en la vía pacífica, pero está dispuesta a recurrir a la fuerza si la isla se declara independiente. Su democracia exige mantener el statu quo.. La democratización de Taiwán se llevó a cabo en la década de los noventa. Desde entonces, cultura e identidad taiwanesas se han diferenciado cada vez más de las del continente. De ahí que, cuando Xi Jinping llegó al poder en 2012, ante el temor a que la disparidad se hiciese insalvable consideró que era necesario “resolver el problema de Taiwán”, porque China no puede seguir transmitiéndolo “de generación en generación”. En cierta medida, esa declaración ha sido el acelerador de la conflictiva situación actual, a la que contribuyen el enorme avance militar logrado por Pekín en los últimos años y la sospecha de que Estados Unidos, para debilitar a China, alentara la independencia con Taiwán. Si quienes salieron del continente para refugiarse en la isla son visceralmente anticomunistas, las últimas encuestas revelan que los jóvenes tienen una visión más positiva de China —quizás por la vertiginosa transformación del país— y son menos entusiastas de la independencia. De confirmarse, esta tendencia podría atenuar las prisas de Xi por recuperar Taiwán.. Aunque Lai Ching-te, líder del PDP, ganó las elecciones presidenciales de 2024, el Yuan Legislativo quedó en manos de la oposición, con el KMT como primera fuerza. Los nacionalistas reconocen el principio de “una sola China” y defienden sentarse a negociar una reunificación beneficiosa para las dos partes.. En China viven casi un millón de taiwaneses, muchos de ellos empresarios que acudieron con la política de reforma y apertura de Deng Xiaoping y fueron de los primeros en impulsar la industrialización de la República Popular. Las dos economías están muy imbricadas. Pekín es el principal socio comercial de Taipei, pero grandes empresas taiwanesas como TSMC y Foxconn tienen una importante presencia en China. En un insólito espaldarazo, Xi Jinping recibió en abril a la líder del KMT, Cheng Li-wun, quien le pidió “unir fuerzas para evitar una guerra”. Tras la entrevista, el presidente chino ha hecho alarde de su poder de seducción y ha presentado a la isla un plan con medidas económicas concretas que van desde incrementar el comercio agrícola y pesquero, el turismo, los vuelos y el apoyo a pequeñas empresas hasta conectar con túneles las cercanas islas Kinmen y Matsu, que Mao Zedong bombardeaba.. Tal vez “la relación constructiva de estabilidad estratégica” que Xi ha ofrecido a Trump pase por una nueva paciencia estratégica para recuperar la isla sin disparar un tiro. Taiwán mantendría su democracia y las “características chinas” serían cosa del futuro.. Georgina Higueras es periodista.. Un incierto futuro en la era Xi. XULIO RÍOS. Taiwán afronta un futuro cada vez más complejo. La presión estratégica de China continental, la rivalidad entre Washington y Pekín y las propias divisiones internas de la isla configuran un escenario marcado por la incertidumbre.. Para la República Popular China no existe otro desenlace legítimo que la “reunificación”. Pekín no interpreta la cuestión taiwanesa únicamente como la consecuencia pendiente de la guerra civil china, sino como una pieza central de la superación del llamado “siglo de humillación”. La recuperación de Taiwán aparece así integrada en la narrativa histórica de la revitalización nacional impulsada por el Partido Comunista de China (PCCh).. Durante el mandato de Xi Jinping pueden identificarse al menos dos momentos especialmente significativos en relación con Taiwán. El primero fue cuando afirmó que la cuestión “no podía dejarse pasar de generación en generación”, sugiriendo que el problema debía comenzar a encaminarse de forma definitiva. El segundo se produjo recientemente, durante la cumbre con Donald Trump, cuando advirtió explícitamente del riesgo de conflicto si la situación no se gestionaba con cuidado. Cada vez más, el legado histórico de Xi parece asociado a la capacidad de acercar una solución al problema taiwanés.. La preferencia oficial de Pekín sigue siendo una reunificación pacífica. Siguiendo la tradición estratégica atribuida a Sun Tzu, vencer sin combatir continúa considerándose la opción óptima. En los últimos años se han debatido distintos escenarios de presión y bloqueo capaces de forzar negociaciones sin necesidad de una invasión convencional.. Al mismo tiempo, Taiwán ha consolidado en las últimas décadas una economía altamente desarrollada y tecnológicamente avanzada. Su PIB per cápita ya supera ligeramente al español y su liderazgo en la industria de los semiconductores constituye uno de sus principales activos estratégicos. Esa centralidad tecnológica funciona en parte como un “escudo” geopolítico. Sin embargo, tampoco este factor está completamente fuera de negociación. Los esfuerzos de Estados Unidos para atraerse parte de la industria taiwanesa de chips reflejan hasta qué punto Washington considera prioritario reducir dependencias estratégicas.. La sociedad taiwanesa continúa profundamente dividida respecto a su relación con China continental. El Kuomintang (KMT) rechaza la fórmula de “un país, dos sistemas”, pero mantiene cierta ambigüedad estratégica al aceptar el llamado Consenso de 1992: la idea de que solo existe “una China”, aunque con interpretaciones distintas. Figuras como Ko Wen-je han insistido en la idea de la pertenencia a una misma “familia china”, dejando espacio para fórmulas de entendimiento futuras.. Estados Unidos seguirá siendo decisivo en cualquier evolución del conflicto, al igual que Japón. En Taiwán persiste el temor a convertirse nuevamente en moneda de cambio entre grandes potencias, algo que ya ocurrió en el pasado. Sectores japoneses más nacionalistas, representados por Sanae Takaichi, sostienen posiciones especialmente favorables a Taipéi. Sin embargo, esa cercanía también genera controversias históricas dentro de la propia isla, como se evidenció recientemente con el homenaje presidencial al ingeniero japonés Yoichi Hatta, criticado por quienes mantienen viva la memoria de las masacres cometidas durante la ocupación nipona.. La cuestión de fondo permanece intacta: ¿resistir o negociar? Cuanto más poderosa sea China, más difícil resultará sostener una estrategia de resistencia indefinida. El tradicional pragmatismo taiwanés podría terminar inclinando la balanza hacia fórmulas de acomodación antes que hacia una confrontación abierta.. Para Pekín, recuperar Taiwán simbolizaría probablemente la culminación del ascenso chino y el desplazamiento del centro de gravedad del poder mundial. Pero un error de cálculo también podría desencadenar una crisis de enormes proporciones y poner en riesgo un proceso de modernización que, hasta ahora, China considera globalmente exitoso.. Xulio Ríos es autor de Taiwán, el problema de China (Catarata) y Taiwán, una crisis en gestación (Popular).
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