En lo alto de una finca que roza el río Sil, entre viñedos y montes de Valdeorras, se alza una fortaleza que nunca llegó a terminarse. Dos grandes torreones, una arcada monumental y un túnel que deja pasar la carretera bajo sus muros componen una silueta tan poderosa como enigmática. Es el Castillo de Arnado, también conocido como Torre Penela o Pazo de Arnado: una construcción nacida del amor, atravesada por la historia y llamada ahora a convertirse en símbolo del enoturismo gallego.. La historia del castillo arranca en el siglo XIX, en la parroquia de San Clemente de Arnado, en el municipio ourensano de Vilamartín de Valdeorras. La finca pertenecía a terrenos del priorato benedictino de Santurxo, dependiente del monasterio de San Pedro de Montes del Bierzo, y fue adquirida en 1853 por Pedro Sanjurjo Pérez, magistrado de la Audiencia y diputado en Cortes por Ourense y Bande.. Pero sería su hijo, Pedro Sanjurjo Flórez, quien impulsaría la construcción de la fortaleza en la última década del siglo XIX. Según la tradición, la levantó como muestra de amor hacia su esposa, Pilar Argudín Bolívar. La obra, sin embargo, nunca se concluyó: el fallecimiento de su promotor en 1920 dejó el proyecto inacabado, suspendido en el tiempo como una promesa rota.. Longevidad excepcional. Tras la muerte de Sanjurjo Flórez, la propiedad pasó a manos de la familia Iglesias Naya, aunque con una condición singular: no podrían disfrutarla hasta el fallecimiento de Doña Pilar Argudín. La viuda vivió nada menos que 105 años, y no fue hasta finales del siglo XX cuando la finca quedó plenamente disponible para sus nuevos propietarios.. Durante décadas, el castillo permaneció como una mole imponente pero inconclusa, visible desde la carretera que atraviesa uno de sus torreones y conecta Arnado con O Barco de Valdeorras. La edificación suma unos 1.300 metros cuadrados construidos, distribuidos en dos grandes torres unidas por un cuerpo central con una amplia arcada. A pocos metros se encuentra también una capilla privada, testigo silencioso del pasado señorial del enclave.. Del abandono a la venta. En 2016, la familia Iglesias Naya decidió poner la propiedad a la venta, con precios que oscilaron entre los 390.000 y los 600.000 euros, según distintas ofertas publicadas en internet. Hubo propuestas para reconvertirla en geriátrico o establecimiento hotelero, pero ninguna llegó a buen puerto.. Finalmente, en 2020 la fortaleza cambió de manos y fue adquirida por el grupo empresarial Roandi, vinculado al empresario José Luis Moral Gayoso.. El proyecto actual mira al futuro con una hoja de ruta clara: culminar la fortaleza y convertirla en el icono de una bodega propia, impulsando además la plantación de vides —principalmente godello y mencía— en las aproximadamente 30 hectáreas previstas en la finca adyacente.. El objetivo es doble: por un lado, aprovechar el potencial vitivinícola de Valdeorras; por otro, dotar al castillo de un uso que lo inserte en el circuito del enoturismo, como espacio para eventos y actividades vinculadas al vino.. Entre el Sil y los cedros centenarios. El conjunto ocupa cerca de 30.000 metros cuadrados, que se extienden casi hasta las orillas del Sil y lindan con el Rego do Real. Junto al castillo se levanta la Casa de Arnado, reformada en varias ocasiones, y una singular hilera de seis cedros del Canadá con más de cien años de antigüedad.. En su origen fueron ocho los ejemplares, pero en 2017 se talaron dos, lo que generó críticas vecinales y llevó al concello a anunciar medidas de protección para el resto. Estos árboles, elevados y solemnes, refuerzan la imagen casi romántica del conjunto, donde naturaleza, arquitectura y memoria se entrelazan.. Patrimonio protegido. Más allá de su valor sentimental y paisajístico, el castillo se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y de la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. Esa condición refuerza su relevancia cultural y obliga a que cualquier intervención respete su esencia histórica.. Hoy, la Torre Penela ya no es apenas el símbolo de un amor decimonónico truncado por la muerte. Representa también el emblema de otra oportunidad. En una comarca marcada por el vino y por el curso del Sil, la fortaleza aspira a cerrar el círculo: de castillo romántico a referente vitivinícola gallego.
Levantado sobre antiguos terrenos monásticos y protegido como Bien Histórico, el singular conjunto combina arquitectura inacabada y leyenda familiar
En lo alto de una finca que roza el río Sil, entre viñedos y montes de Valdeorras, se alza una fortaleza que nunca llegó a terminarse. Dos grandes torreones, una arcada monumental y un túnel que deja pasar la carretera bajo sus muros componen una silueta tan poderosa como enigmática. Es el Castillo de Arnado, también conocido como Torre Penela o Pazo de Arnado: una construcción nacida del amor, atravesada por la historia y llamada ahora a convertirse en símbolo del enoturismo gallego.. La historia del castillo arranca en el siglo XIX, en la parroquia de San Clemente de Arnado, en el municipio ourensano de Vilamartín de Valdeorras. La finca pertenecía a terrenos del priorato benedictino de Santurxo, dependiente del monasterio de San Pedro de Montes del Bierzo, y fue adquirida en 1853 por Pedro Sanjurjo Pérez, magistrado de la Audiencia y diputado en Cortes por Ourense y Bande.. Pero sería su hijo, Pedro Sanjurjo Flórez, quien impulsaría la construcción de la fortaleza en la última década del siglo XIX. Según la tradición, la levantó como muestra de amor hacia su esposa, Pilar Argudín Bolívar. La obra, sin embargo, nunca se concluyó: el fallecimiento de su promotor en 1920 dejó el proyecto inacabado, suspendido en el tiempo como una promesa rota.. Longevidad excepcional. Tras la muerte de Sanjurjo Flórez, la propiedad pasó a manos de la familia Iglesias Naya, aunque con una condición singular: no podrían disfrutarla hasta el fallecimiento de Doña Pilar Argudín. La viuda vivió nada menos que 105 años, y no fue hasta finales del siglo XX cuando la finca quedó plenamente disponible para sus nuevos propietarios.. Durante décadas, el castillo permaneció como una mole imponente pero inconclusa, visible desde la carretera que atraviesa uno de sus torreones y conecta Arnado con O Barco de Valdeorras. La edificación suma unos 1.300 metros cuadrados construidos, distribuidos en dos grandes torres unidas por un cuerpo central con una amplia arcada. A pocos metros se encuentra también una capilla privada, testigo silencioso del pasado señorial del enclave.. Del abandono a la venta. En 2016, la familia Iglesias Naya decidió poner la propiedad a la venta, con precios que oscilaron entre los 390.000 y los 600.000 euros, según distintas ofertas publicadas en internet. Hubo propuestas para reconvertirla en geriátrico o establecimiento hotelero, pero ninguna llegó a buen puerto.. Finalmente, en 2020 la fortaleza cambió de manos y fue adquirida por el grupo empresarial Roandi, vinculado al empresario José Luis Moral Gayoso.. El proyecto actual mira al futuro con una hoja de ruta clara: culminar la fortaleza y convertirla en el icono de una bodega propia, impulsando además la plantación de vides —principalmente godello y mencía— en las aproximadamente 30 hectáreas previstas en la finca adyacente.. El objetivo es doble: por un lado, aprovechar el potencial vitivinícola de Valdeorras; por otro, dotar al castillo de un uso que lo inserte en el circuito del enoturismo, como espacio para eventos y actividades vinculadas al vino.. Entre el Sil y los cedros centenarios. El conjunto ocupa cerca de 30.000 metros cuadrados, que se extienden casi hasta las orillas del Sil y lindan con el Rego do Real. Junto al castillo se levanta la Casa de Arnado, reformada en varias ocasiones, y una singular hilera de seis cedros del Canadá con más de cien años de antigüedad.. En su origen fueron ocho los ejemplares, pero en 2017 se talaron dos, lo que generó críticas vecinales y llevó al concello a anunciar medidas de protección para el resto. Estos árboles, elevados y solemnes, refuerzan la imagen casi romántica del conjunto, donde naturaleza, arquitectura y memoria se entrelazan.. Patrimonio protegido. Más allá de su valor sentimental y paisajístico, el castillo se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y de la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. Esa condición refuerza su relevancia cultural y obliga a que cualquier intervención respete su esencia histórica.. Hoy, la Torre Penela ya no es apenas el símbolo de un amor decimonónico truncado por la muerte. Representa también el emblema de otra oportunidad. En una comarca marcada por el vino y por el curso del Sil, la fortaleza aspira a cerrar el círculo: de castillo romántico a referente vitivinícola gallego.
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