El caso de Cristina refleja las dificultades a las que se enfrentan algunos pacientes cuando una enfermedad poco conocida no se diagnostica a tiempo. Su calvario comenzó tras un viaje a Japón, donde sufrió una picadura que desencadenó síntomas como lesiones en la piel, fiebre y un cansancio extremo. A partir de ahí, inició un largo recorrido por distintos centros médicos en España sin obtener una respuesta clara sobre su estado.. La falta de un diagnóstico preciso provocó que recibiera explicaciones muy dispares. “Se me han dado diagnósticos desde impétigo, sífilis, un TOC… te podría decir mil diagnósticos que me han dado”, explica. Incluso llegó a desconfiar de algunos tratamientos propuestos: “Sobre todo para la sífilis querían tratarme con penicilina y a mí ya ahí me chocaba mucho, no me cuadraba”.. El giro en su situación llegó meses después, cuando desde una unidad especializada en enfermedades tropicales surgió una pista clave. “Se le escapó al médico y dijo: ‘No habrá sido por la rickettsia’”, recuerda. A partir de ese momento, y tras solicitar nuevas pruebas y una segunda opinión, en junio de 2025 se confirmó finalmente que padecía la enfermedad de Lyme, una infección bacteriana transmitida por garrapatas.. Una enfermedad para la que, según su experiencia, no hay suficientes especialistas en España. Sin embargo, el diagnóstico no puso fin a sus problemas. Cristina denuncia la falta de especialistas en esta enfermedad en España, lo que la llevó a buscar alternativas en el extranjero. Primero en Japón y, posteriormente, en Alemania, donde ha acudido en busca de un tratamiento más avanzado ante la persistencia de los síntomas.. En los últimos meses, su estado ha llegado a ser especialmente delicado. “Hace menos de 10 días yo estuve en urgencias por primera vez después de año y medio con desmayos, espasmos y síntomas neurológicos graves”, relata. Según cuenta, incluso recibió información errónea por parte de algunos sanitarios sobre la gravedad de su enfermedad.. La joven, que antes llevaba una vida muy activa como bailarina, ve ahora su día a día completamente condicionado. “Soy bailarina, estoy acostumbrada a estar haciendo ejercicio 8 horas al día y no me podía levantar de la cama. Con 25 años yo no quiero una vida así”, lamenta. Su última esperanza pasa ahora por el tratamiento que está siguiendo en Múnich, con el objetivo de recuperar su calidad de vida tras una enfermedad que se ha cronificado.
Su calvario comenzó tras un viaje a Japón, donde sufrió una picadura que desencadenó síntomas como lesiones en la piel, fiebre y un cansancio extremo
El caso de Cristina refleja las dificultades a las que se enfrentan algunos pacientes cuando una enfermedad poco conocida no se diagnostica a tiempo. Su calvario comenzó tras un viaje a Japón, donde sufrió una picadura que desencadenó síntomas como lesiones en la piel, fiebre y un cansancio extremo. A partir de ahí, inició un largo recorrido por distintos centros médicos en España sin obtener una respuesta clara sobre su estado.. La falta de un diagnóstico preciso provocó que recibiera explicaciones muy dispares. “Se me han dado diagnósticos desde impétigo, sífilis, un TOC… te podría decir mil diagnósticos que me han dado”, explica. Incluso llegó a desconfiar de algunos tratamientos propuestos: “Sobre todo para la sífilis querían tratarme con penicilina y a mí ya ahí me chocaba mucho, no me cuadraba”.. El giro en su situación llegó meses después, cuando desde una unidad especializada en enfermedades tropicales surgió una pista clave. “Se le escapó al médico y dijo: ‘No habrá sido por la rickettsia’”, recuerda. A partir de ese momento, y tras solicitar nuevas pruebas y una segunda opinión, en junio de 2025 se confirmó finalmente que padecía la enfermedad de Lyme, una infección bacteriana transmitida por garrapatas.. Sin embargo, el diagnóstico no puso fin a sus problemas. Cristina denuncia la falta de especialistas en esta enfermedad en España, lo que la llevó a buscar alternativas en el extranjero. Primero en Japón y, posteriormente, en Alemania, donde ha acudido en busca de un tratamiento más avanzado ante la persistencia de los síntomas.. En los últimos meses, su estado ha llegado a ser especialmente delicado. “Hace menos de 10 días yo estuve en urgencias por primera vez después de año y medio con desmayos, espasmos y síntomas neurológicos graves”, relata. Según cuenta, incluso recibió información errónea por parte de algunos sanitarios sobre la gravedad de su enfermedad.. La joven, que antes llevaba una vida muy activa como bailarina, ve ahora su día a día completamente condicionado. “Soy bailarina, estoy acostumbrada a estar haciendo ejercicio 8 horas al día y no me podía levantar de la cama. Con 25 años yo no quiero una vida así”, lamenta. Su última esperanza pasa ahora por el tratamiento que está siguiendo en Múnich, con el objetivo de recuperar su calidad de vida tras una enfermedad que se ha cronificado.
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