La tensión comercial en torno al mercado europeo de aceites vegetales ha encendido las alarmas en el campo español. La organización agraria ASAJA ha trasladado a las instituciones comunitarias su preocupación por una medida adoptada por Ucrania que, a su juicio, está alterando de forma grave el funcionamiento del mercado. Según la entidad, el sistema aplicado por Kiev pone en riesgo la rentabilidad de cultivos como el girasol, clave en Castilla-La Mancha, la colza o la soja en varios países de la Unión Europea.. La denuncia ha sido presentada conjuntamente con Copa-Cogeca ante la Comisión Europea. Ambas organizaciones sostienen que el Gobierno ucraniano ha introducido un gravamen del 10 % sobre la salida de sus propias semillas oleaginosas hacia el exterior. Esta tasa, explican, funciona como una barrera que impide que la materia prima salga libremente del país y obliga a los agricultores a venderla dentro de sus fronteras.. Desde el sector agrario europeo aseguran que esa política tiene consecuencias directas sobre el precio de las materias primas. Al restringir la exportación de las semillas, la industria local puede adquirirlas a valores muy inferiores a los que marcaría el mercado internacional. Una vez transformadas en aceite, esas mismas empresas colocan el producto en el mercado comunitario con precios que resultan difíciles de igualar para los operadores europeos.. Las cifras del comercio reflejan con claridad el cambio de tendencia. En pocos años, el volumen de aceite procedente de Ucrania que entra en territorio comunitario ha pasado de alrededor de dos millones de toneladas a superar los tres millones. En la actualidad, cerca del 41 % del aceite importado por la Unión Europea procede ya de ese país, lo que evidencia el peso creciente de su industria en este segmento.. El caso de España preocupa especialmente dentro del sector. El país cuenta con una importante estructura de cultivo y transformación de girasol, por lo que la entrada masiva de aceite a bajo coste tiene un doble efecto. Por un lado, presiona a la baja los precios que reciben los agricultores; por otro, complica la actividad de las plantas industriales dedicadas al procesado de semillas, que ven reducido su margen frente a competidores con costes artificialmente rebajados.. Las organizaciones agrarias también sitúan el debate en el plano jurídico. Según recuerdan, la medida adoptada por Kiev contraviene los compromisos recogidos en el Acuerdo de Asociación revisado entre la Unión Europea y Ucrania, que entró en vigor en octubre de 2025. Pese a que la Comisión Europea ya ha trasladado el malestar al Ejecutivo ucraniano, las autoridades del país mantienen el impuesto y defienden que su impacto se limita a los operadores comerciales.. Ante este escenario, ASAJA reclama una reacción firme por parte de Bruselas. La organización pide que la Comisión Europea exija la retirada inmediata del arancel, el cual lo han considerado como «ilegal», y advierte de que, si Ucrania mantiene su postura, deberían aplicarse medidas de respuesta sobre el aceite importado. Con ello, sostienen, se intentaría restablecer un marco de competencia equilibrado para los productores agrícolas y la industria de transformación en la Unión Europea.
ASAJA, en colaboración con Copa-Cogeca, ha denunciado ante la Comisión Europea la medida que, en caso de no verse modificada, aplicarán medidas
La tensión comercial en torno al mercado europeo de aceites vegetales ha encendido las alarmas en el campo español. La organización agraria ASAJA ha trasladado a las instituciones comunitarias su preocupación por una medida adoptada por Ucrania que, a su juicio, está alterando de forma grave el funcionamiento del mercado. Según la entidad, el sistema aplicado por Kiev pone en riesgo la rentabilidad de cultivos como el girasol, clave en Castilla-La Mancha, la colza o la soja en varios países de la Unión Europea.. La denuncia ha sido presentada conjuntamente con Copa-Cogeca ante la Comisión Europea. Ambas organizaciones sostienen que el Gobierno ucraniano ha introducido un gravamen del 10 % sobre la salida de sus propias semillas oleaginosas hacia el exterior. Esta tasa, explican, funciona como una barrera que impide que la materia prima salga libremente del país y obliga a los agricultores a venderla dentro de sus fronteras.. Desde el sector agrario europeo aseguran que esa política tiene consecuencias directas sobre el precio de las materias primas. Al restringir la exportación de las semillas, la industria local puede adquirirlas a valores muy inferiores a los que marcaría el mercado internacional. Una vez transformadas en aceite, esas mismas empresas colocan el producto en el mercado comunitario con precios que resultan difíciles de igualar para los operadores europeos.. Las cifras del comercio reflejan con claridad el cambio de tendencia. En pocos años, el volumen de aceite procedente de Ucrania que entra en territorio comunitario ha pasado de alrededor de dos millones de toneladas a superar los tres millones. En la actualidad, cerca del 41 % del aceite importado por la Unión Europea procede ya de ese país, lo que evidencia el peso creciente de su industria en este segmento.. El caso de España preocupa especialmente dentro del sector. El país cuenta con una importante estructura de cultivo y transformación de girasol, por lo que la entrada masiva de aceite a bajo coste tiene un doble efecto. Por un lado, presiona a la baja los precios que reciben los agricultores; por otro, complica la actividad de las plantas industriales dedicadas al procesado de semillas, que ven reducido su margen frente a competidores con costes artificialmente rebajados.. Las organizaciones agrarias también sitúan el debate en el plano jurídico. Según recuerdan, la medida adoptada por Kiev contraviene los compromisos recogidos en el Acuerdo de Asociación revisado entre la Unión Europea y Ucrania, que entró en vigor en octubre de 2025. Pese a que la Comisión Europea ya ha trasladado el malestar al Ejecutivo ucraniano, las autoridades del país mantienen el impuesto y defienden que su impacto se limita a los operadores comerciales.. Ante este escenario, ASAJA reclama una reacción firme por parte de Bruselas. La organización pide que la Comisión Europea exija la retirada inmediata del arancel, el cual lo han considerado como «ilegal», y advierte de que, si Ucrania mantiene su postura, deberían aplicarse medidas de respuesta sobre el aceite importado. Con ello, sostienen, se intentaría restablecer un marco de competencia equilibrado para los productores agrícolas y la industria de transformación en la Unión Europea.
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