Vivimos en una época obsesionada con la innovación, pero ¿para quién estamos innovando? Cada día aparecen nuevas tecnologías que prometen cambiar el mundo y siempre nacen desde la comodidad de quien ya lo tiene todo resuelto.. Mientras discutimos sobre inteligencia artificial o coches autónomos, hay millones de personas que siguen sin poder agarrar un vaso de agua o atarse los cordones. No porque no exista la tecnología, sino porque no llega a donde realmente se necesita.. La innovación no debería entenderse de otra forma sino como un acto social. El acto humano de solucionar los problemas con el conocimiento que otros no tienen. No fue hasta ver a cinco personas amputadas en Kenia que decidí fabricar con mi impresora 3D unas prótesis que no existían. No estaba en mi mano solucionar la necesidad que tenían pero aun así lo hice. ¿No lo estaba? Quizás si pensamos que las cosas las deben solucionar otros nunca serán resueltas. Puede que sea importante realizar el acto social de la innovación sin parar. Quizás no hace falta viajar al otro lado del mundo pero en nuestro trabajo o en nuestra rutina está la clave. No hay nada más innovador que ayudar con lo que sabemos, con lo que destacamos o con algo que pocos más saben hacer.. Me suelen preguntar qué innovación tienen las prótesis que fabrico. Ocho años y setenta países después, mi respuesta siempre es la misma: son gratis. Mi innovación no será implantarle IA o proporcionarle una batería con cable tipo C a la prótesis de esa madre de Tanzania que me pidió una prótesis solo para abrazar a su hija. Mi innovación será dársela en el menor tiempo posible y que le sirva para toda la vida. Ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo.
Mientras discutimos sobre inteligencia artificial o coches autónomos, hay millones de personas que siguen sin poder agarrar un vaso de agua o atarse los cordones.
Vivimos en una época obsesionada con la innovación, pero ¿para quién estamos innovando? Cada día aparecen nuevas tecnologías que prometen cambiar el mundo y siempre nacen desde la comodidad de quien ya lo tiene todo resuelto.. Mientras discutimos sobre inteligencia artificial o coches autónomos, hay millones de personas que siguen sin poder agarrar un vaso de agua o atarse los cordones. No porque no exista la tecnología, sino porque no llega a donde realmente se necesita.. La innovación no debería entenderse de otra forma sino como un acto social. El acto humano de solucionar los problemas con el conocimiento que otros no tienen. No fue hasta ver a cinco personas amputadas en Kenia que decidí fabricar con mi impresora 3D unas prótesis que no existían. No estaba en mi mano solucionar la necesidad que tenían pero aun así lo hice. ¿No lo estaba? Quizás si pensamos que las cosas las deben solucionar otros nunca serán resueltas. Puede que sea importante realizar el acto social de la innovación sin parar. Quizás no hace falta viajar al otro lado del mundo pero en nuestro trabajo o en nuestra rutina está la clave. No hay nada más innovador que ayudar con lo que sabemos, con lo que destacamos o con algo que pocos más saben hacer.. Me suelen preguntar qué innovación tienen las prótesis que fabrico. Ocho años y setenta países después, mi respuesta siempre es la misma: son gratis. Mi innovación no será implantarle IA o proporcionarle una batería con cable tipo C a la prótesis de esa madre de Tanzania que me pidió una prótesis solo para abrazar a su hija. Mi innovación será dársela en el menor tiempo posible y que le sirva para toda la vida. Ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo.
