DJI ha conseguido lo que lleva años persiguiendo: que volar un dron deje de ser pilotado… y pase a ser habitado. Con el nuevo DJI Avata 360, la compañía no solo actualiza su línea FPV, sino que empuja el concepto hacia un terreno más ambicioso, donde la cámara ya no tiene marcos. Ni límites.. Durante mucho tiempo, los drones han sido, en esencia, ojos voladores. Incluso los modelos más avanzados obligaban a elegir hacia dónde mirar, a encuadrar en el aire como si el cielo fuera un trípode inestable. El Avata 360 rompe esa lógica con una idea sencilla en apariencia, pero profunda en sus implicaciones: grabarlo todo, todo el tiempo. No en 4K, no en 6K, sino en 8K y en 360 grados, con sensores de una pulgada que buscan algo más que resolución: rango dinámico y textura.. El resultado no es solo técnico, sino narrativo. Una sola toma deja de ser una decisión cerrada para convertirse en una materia prima maleable. El encuadre ya no ocurre durante el vuelo, sino después. Es, en cierto sentido, un cambio de fase: del piloto al editor.. Pero este salto no llega aislado. Es el resultado de una evolución bastante coherente dentro de la serie Avata. Si los primeros modelos apostaban por la accesibilidad al vuelo FPV (siglas de First Person View o Vista en Primera Persona, esa sensación de estar dentro del dron gracias a las gafas), ahora el foco se desplaza hacia la convergencia entre experiencia inmersiva y producción audiovisual. Ya no se trata solo de volar “como en un videojuego”, sino de capturar imágenes que puedan competir en entornos profesionales.. Ahí entra en juego uno de los elementos menos visibles, pero más determinantes: el procesamiento inteligente. Funciones como ActiveTrack 360 o el seguimiento avanzado no son simples ayudas al usuario; son la manifestación de un cambio más amplio en la industria. El dron ya no es una herramienta pasiva, sino un sistema que interpreta la escena. Detecta sujetos, anticipa movimientos, decide (dentro de unos límites) qué merece permanecer en el centro de la historia.. Avata 360 ofrece dos objetivos diferentes que pueden intercambiarse con total fluidez. El objetivo de 360 utiliza sensores equivalentes a 1 pulgada que pueden capturar imágenes de 360 con gran nivel de detalle para vídeos HDR en 8K/60 fps y fotos de 120 MP. Por otro lado, el modo de objetivo único les permite a los creadores utilizar el clásico estilo de grabación de Avata en 4K/60 fps. En total permite vuelos de hasta 23 minutos con una sola carga de batería y un alcance de hasta 20 km, un extremo pocas veces visto en un dron de este peso y estas cualidades.. Esto se nota especialmente en cómo se integran los modos automáticos con la estética FPV. Tradicionalmente, el vuelo inmersivo exigía habilidad, reflejos y cierta tolerancia al error. Aquí, sin embargo, la máquina suaviza esa curva de aprendizaje, permitiendo que incluso usuarios novatos generen movimientos complejos, con giros, derrapes o cambios de perspectiva que antes requerían horas de práctica. La inteligencia artificial no sustituye al piloto, pero sí le quita peso a la técnica para dejar más espacio a la intención.. En paralelo, el sistema de transmisión O4+ amplía el alcance y la estabilidad de la señal, algo crítico en vuelos FPV donde cualquier corte rompe la ilusión. La detección de obstáculos omnidireccional añade una capa de seguridad que hasta hace poco era difícil de combinar con la agilidad de este tipo de drones. Y detalles como la lente reemplazable o el almacenamiento interno de alta velocidad apuntan a un uso más cotidiano, menos dependiente de accesorios y más cercano a una herramienta lista para trabajar.. Esto, en la práctica se traduce en enormes ventajas: 42 GB de almacenamiento interno y transferencias de alta velocidad: Con 42 GB de almacenamiento interno, es posible grabar 30 minutos de vídeo 360 en 8K sin una tarjeta microSD. Y, con la transferencia de alta velocidad Wi‑Fi 6, se puede transferir 1 GB de vídeo a la aplicación DJI Fly en 10 segundos a una velocidad de hasta 100 MB/s. Pero el juego comienza, de verdad, cuando se utilizan las DJI Goggles (sus gafas) y tenemos visión de águila.. Sin embargo, quizá el cambio más interesante no esté en las especificaciones, sino en el modelo mental que propone. El Avata 360 no es solo un dron que graba en 360 grados; es un dispositivo que diluye la frontera entre capturar y crear. Donde antes había una línea clara, primero vuelas, luego editas, ahora hay un continuo en el que ambas cosas se entrelazan.. La pregunta, entonces, no es si este dron es mejor que el anterior. Lo es, en casi todos los aspectos medibles. La pregunta relevante es otra: qué tipo de imágenes hace posible. El Avata 360 busca revolucionar qué queremos contar desde el aire.
El fabricante ha presentado hoy su dron más avanzado, capaz de filmar en 8K y 360º. Pero hay más.
DJI ha conseguido lo que lleva años persiguiendo: que volar un dron deje de ser pilotado… y pase a ser habitado. Con el nuevo DJI Avata 360, la compañía no solo actualiza su línea FPV, sino que empuja el concepto hacia un terreno más ambicioso, donde la cámara ya no tiene marcos. Ni límites.. Durante mucho tiempo, los drones han sido, en esencia, ojos voladores. Incluso los modelos más avanzados obligaban a elegir hacia dónde mirar, a encuadrar en el aire como si el cielo fuera un trípode inestable. El Avata 360 rompe esa lógica con una idea sencilla en apariencia, pero profunda en sus implicaciones: grabarlo todo, todo el tiempo. No en 4K, no en 6K, sino en 8K y en 360 grados, con sensores de una pulgada que buscan algo más que resolución: rango dinámico y textura.. El resultado no es solo técnico, sino narrativo. Una sola toma deja de ser una decisión cerrada para convertirse en una materia prima maleable. El encuadre ya no ocurre durante el vuelo, sino después. Es, en cierto sentido, un cambio de fase: del piloto al editor.. Pero este salto no llega aislado. Es el resultado de una evolución bastante coherente dentro de la serie Avata. Si los primeros modelos apostaban por la accesibilidad al vuelo FPV (siglas de First Person View o Vista en Primera Persona, esa sensación de estar dentro del dron gracias a las gafas), ahora el foco se desplaza hacia la convergencia entre experiencia inmersiva y producción audiovisual. Ya no se trata solo de volar “como en un videojuego”, sino de capturar imágenes que puedan competir en entornos profesionales.. Ahí entra en juego uno de los elementos menos visibles, pero más determinantes: el procesamiento inteligente. Funciones como ActiveTrack 360° o el seguimiento avanzado no son simples ayudas al usuario; son la manifestación de un cambio más amplio en la industria. El dron ya no es una herramienta pasiva, sino un sistema que interpreta la escena. Detecta sujetos, anticipa movimientos, decide (dentro de unos límites) qué merece permanecer en el centro de la historia.. Avata 360 ofrece dos objetivos diferentes que pueden intercambiarse con total fluidez. El objetivo de 360° utiliza sensores equivalentes a 1 pulgada que pueden capturar imágenes de 360° con gran nivel de detalle para vídeos HDR en 8K/60 fps y fotos de 120 MP. Por otro lado, el modo de objetivo único les permite a los creadores utilizar el clásico estilo de grabación de Avata en 4K/60 fps. En total permite vuelos de hasta 23 minutos con una sola carga de batería y un alcance de hasta 20 km, un extremo pocas veces visto en un dron de este peso y estas cualidades.. Esto se nota especialmente en cómo se integran los modos automáticos con la estética FPV. Tradicionalmente, el vuelo inmersivo exigía habilidad, reflejos y cierta tolerancia al error. Aquí, sin embargo, la máquina suaviza esa curva de aprendizaje, permitiendo que incluso usuarios novatos generen movimientos complejos, con giros, derrapes o cambios de perspectiva que antes requerían horas de práctica. La inteligencia artificial no sustituye al piloto, pero sí le quita peso a la técnica para dejar más espacio a la intención.. En paralelo, el sistema de transmisión O4+ amplía el alcance y la estabilidad de la señal, algo crítico en vuelos FPV donde cualquier corte rompe la ilusión. La detección de obstáculos omnidireccional añade una capa de seguridad que hasta hace poco era difícil de combinar con la agilidad de este tipo de drones. Y detalles como la lente reemplazable o el almacenamiento interno de alta velocidad apuntan a un uso más cotidiano, menos dependiente de accesorios y más cercano a una herramienta lista para trabajar.. Esto, en la práctica se traduce en enormes ventajas: 42 GB de almacenamiento interno y transferencias de alta velocidad: Con 42 GB de almacenamiento interno, es posible grabar 30 minutos de vídeo 360° en 8K sin una tarjeta microSD. Y, con la transferencia de alta velocidad Wi‑Fi 6, se puede transferir 1 GB de vídeo a la aplicación DJI Fly en 10 segundos a una velocidad de hasta 100 MB/s. Pero el juego comienza, de verdad, cuando se utilizan las DJI Goggles (sus gafas) y tenemos visión de águila.. Sin embargo, quizá el cambio más interesante no esté en las especificaciones, sino en el modelo mental que propone. El Avata 360 no es solo un dron que graba en 360 grados; es un dispositivo que diluye la frontera entre capturar y crear. Donde antes había una línea clara, primero vuelas, luego editas, ahora hay un continuo en el que ambas cosas se entrelazan.. La pregunta, entonces, no es si este dron es mejor que el anterior. Lo es, en casi todos los aspectos medibles. La pregunta relevante es otra: qué tipo de imágenes hace posible.El Avata 360 busca revolucionar qué queremos contar desde el aire.
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