Como usted habla español, en este mismo momento puede declararse anti-algo. Y la lengua lo ampara. Cuesta imaginar qué impulso llevaría a alguien a proclamarse antisardina o antibolso, pero podría hacerlo y esas ocurrencias serían entendidas con la misma facilidad con que comprendemos voces como anticruceros o (vaya por Dios) antigongorino. La productividad actual del prefijo anti-, heredero del griego, es tanta que basta anteponerlo a una palabra para que surja la idea de oposición, de ir a la contra de algo. Seguir leyendo
¿A qué estado de cosas quieren volver los que creen que antes de la regulación estaba la libertad?
Como usted habla español, en este mismo momento puede declararse anti-algo. Y la lengua lo ampara. Cuesta imaginar qué impulso llevaría a alguien a proclamarse antisardina o antibolso, pero podría hacerlo y esas ocurrencias serían entendidas con la misma facilidad con que comprendemos voces como anticruceros o (vaya por Dios) antigongorino. La productividad actual del prefijo anti-, heredero del griego, es tanta que basta anteponerlo a una palabra para que surja la idea de oposición, de ir a la contra de algo. Seguir leyendo
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