Los neandertales no acumulaban cráneos de animales por accidente o a través de la caza. Un estudio reciente en el yacimiento de Pinilla del Valle ha identificado con éxito el propósito de esta práctica: era una tradición de larga data, perpetuada durante miles de años con un significado simbólico distinto. La existencia de estos restos había sido reconocida desde hace mucho tiempo y anteriormente se consideraba como elementos de un posible santuario de caza. La novedad ahora reside no en el descubrimiento en sí mismo, sino en la explicación de por qué los cráneos parecen seleccionados deliberadamente, concentrados y depositados sistemáticamente en el mismo lugar. La clave: la tradición, no un evento único. La investigación se centra en la cueva de Des-Cubierta, donde se han registrado 35 cráneos de grandes herbívoros, incluidos bisontes, osos, venados y rinocerontes. Todos provienen de especies con cuernos o cuernos y, en la mayoría de los casos, se presentan sin la mandíbula inferior y separados del resto del esqueleto, un patrón que elimina un propósito puramente dietético. Los investigadores han confirmado que estos huesos no están dispersos al azar o alineados con las zonas de actividad diaria. Más bien, están reunidos en una sección profunda de la cueva que no muestra evidencia de habitabilidad, lo que sugiere una función espacial especializada y distinta. A través del análisis espacial, la investigación geológica y la reconstrucción de fragmentos de hueso, el equipo ha demostrado que la acumulación de cráneo no fue el resultado de un solo evento. Los neandertales volvieron a visitar este lugar varias veces a lo largo de los milenios para incorporar cráneos adicionales a los ya presentes. La repetición es el factor esencial que nos permite referirnos a una tradición en lugar de a un solo evento. El trabajo también elimina la posibilidad de que los cráneos ingresaran a la cueva por medios naturales, como deslizamientos de tierra o arrastre de agua, ya que su ubicación no coincide con la de los desechos geológicos. Además, la elección deliberada de animales con cuernos refuerza el significado simbólico del conjunto. Los estudiosos sugieren que esta costumbre podría estar vinculada a la memoria comunal, la identidad compartida o el reino de la caza, acercando a los neandertales a los grupos humanos contemporáneos capaces de transmitir comportamientos y significado a través de generaciones. El estudio está dirigido por Lucía Villaescusa de la Universidad de Alcalá y forma parte de una iniciativa dirigida por Enrique Baquedano, jefe del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid, junto con el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga y el geólogo Alfredo Pérez-González. Estos sucesos tuvieron lugar en un entorno de gran altitud en medio de un período frío del Pleistoceno Superior, hace aproximadamente 70.000 a 50.000 años.
Durante años, fueron considerados nada más que restos de caza. La investigación ahora revela por qué los neandertales deliberadamente colocaron cráneos de animales en un sitio en Madrid.
Los neandertales no acumulaban cráneos de animales por accidente o a través de la caza. Un estudio reciente en el yacimiento de Pinilla del Valle ha identificado con éxito el propósito de esta práctica: era una tradición de larga data, perpetuada durante miles de años con un significado simbólico distinto. La existencia de estos restos había sido reconocida desde hace mucho tiempo y anteriormente se consideraba como elementos de un posible santuario de caza. La novedad ahora reside no en el descubrimiento en sí mismo, sino en la explicación de por qué los cráneos parecen seleccionados deliberadamente, concentrados y depositados de manera sistemática en el mismo lugar. El estudio examina la cueva de Des-Cubierta, donde se han registrado 35 cráneos de grandes herbívoros, incluidos bisontes, osos, ciervos y rinocerontes. Todos son de especies con cuernos o cuernos y, en la mayoría de los casos, parecen carecer de la mandíbula inferior y separados del resto del esqueleto – un patrón que impide un propósito puramente dietético. Los investigadores han confirmado que estos restos no están dispersos al azar o alineados con las áreas de actividad diaria. Más bien, se agrupan en una sección profunda de la cueva que no muestra rastros de habitabilidad, lo que indica una función espacial especializada y distinta. A través del análisis espacial, las investigaciones geológicas, y la reconstrucción de fragmentos de hueso, el equipo ha demostrado que la acumulación del cráneo no fue el resultado de un solo evento. Los neandertales volvieron a visitar este lugar varias veces a lo largo de los milenios para incorporar cráneos adicionales encima de los preexistentes. La repetición es lo que nos permite referirnos a una tradición en lugar de a un solo evento. El trabajo también elimina la posibilidad de que los cráneos ingresaran a la cueva por medios naturales como deslizamientos de tierra o erosión, ya que su ubicación no se alinea con la de los escombros geológicos. Además, la elección deliberada de animales con cuernos refuerza el significado simbólico de la colección. Los estudiosos sugieren que esta costumbre podría estar vinculada a la memoria comunal, la identidad compartida o el reino de la caza, acercando a los neandertales a los grupos humanos contemporáneos capaces de transmitir comportamientos y significado a través de generaciones. El estudio está dirigido por Lucía Villaescusa de la Universidad de Alcalá y forma parte de una iniciativa más amplia dirigida por Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid, junto con el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga y el geólogo Alfredo Pérez-González. Estos sucesos tuvieron lugar en un entorno montañoso de tierras altas en medio de un período frío del Pleistoceno Superior, hace aproximadamente 70.000 a 50.000 años. Los sitios de Pinilla del Valle, bajo excavación continua desde 2002, se han convertido así en una referencia internacional primaria para estudiar el comportamiento simbólico de los neandertales.
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