Es conocido que una modificación del estilo de vida puede ser beneficioso a la hora de prevenir las enfermedades cardiovasculares, pero ¿de qué manera puede determinar la calidad de los lípidos que ingerimos el riesgo de sufrir un ictus isquémico en el futuro?. Con el fin de responder a esta pregunta, investigadores del Institut de Recerca del Hospital del Mar y del Institut Català d’Oncología-ICO l’Hospitalet han puesto en marcha un estudio en el marco del cual han desarrollado una herramienta que permite cuantificar la calidad de los ácidos grasos de la dieta con el propósito de comprobar si predice el riesgo de ictus isquémico.. Tal y como señala Iolanda Lázaro, investigadora del Grupo de Investigación en Riesgo Cardiovascular y Nutrición del Hospital del Mar Research Institute y del CIBEROBN, el propósito de este trabajo «era, más allá de fijarnos en componentes individuales de grasas de la dieta, fijarnos en ácidos grasos que proceden directamente de elementos que consumimos, combinarlos y hacer como un score o puntuación que capture el global». A continuación, el objetivo era ver si esto se asociaba con el riesgo de ictus .. Para ello, los investigadores seleccionaron nueve tipos de ácidos grasos presenten en la sangre en función de la dieta, seis de ellos relacionados con una dieta saludable, como aquellos procedentes de la ingesta de lácteos, pescado azul, frutos secos y aceites de semillas, y otros tres relacionados con un consumo excesivo de energía y que indican perjuicio, como los azúcares o el alcohol.. A partir de la combinación de estos indicadores o biomarcadores subjetivos, en el marco de este trabajo se llevaron a cabo determinaciones en eritrocitos (glóbulos rojos), en cuyas membranas se incorporan estos ácidos grasos, como en el resto de células de nuestro organismo, con la ventaja en este caso de que, puesto que la vida media de esos eritrocitos es de 120 días, la venta para valorar la dieta es de más tiempo.. Con esta determinación y poniendo el foco en los nueve ácidos grasos mencionados, los investigadores han hecho un score o puntuación, cuya principal particularidad es que «se fija en la fotografía global de los lípidos de nuestra dieta: ¿cuántos lácteos contiene?, ¿cuántos frutos secos y cuánto pescado?, ¿qué exceso de energía estamos consumiendo?», aclara Lázaro, quien al respecto indica que «mirando globalmente esta fotografía, hacemos esta puntuación, que podría ir desde el 0 hasta el 8, siendo cero reflejo de que lo estoy haciendo muy mal y 8, muy bien».. Hipótesis confirmada. Para poder determinar el impacto de estos ácidos grasos en el riesgo de sufrir un ictus isquémico, se seleccionó a 438 personas que habían sufrido un ictus procedentes de la cohorte EPIC, que dispone de muchas muestras y datos recopilados durante años, y se compararon con otros 438 participantes que no había pasado por este accidente cardiovascular, emparejando uno a uno a los integrantes de ambos grupos en función de sus características. «Con todas estas muestras hicimos el perfil de los ácidos grasos a nivel basal de las membranas de los eritrocitos, montamos este score y lo relacionamos con el riesgo de incidencia del ictus», indica Lázaro, quien desvela que lo que pudieron observar es que «las personas con un puntuación más alta en el índice de lípidos en sangre, es decir, con una dieta más sana, presentaban un riesgo 14% menor de padecer en algún momento un ictus isquémico». Además, «comparando a aquellos individuos con un score más alto respecto a los que lo tenían más bajo, la protección era de un 36%», añade.. Con el fin de confirmar estos resultados y la eficacia del score, los investigadores hicieron lo mismo con una segunda cohorte, en esta ocasión con una población de base diferente, concretamente de la cohorte Framingham Offspring Study, de Estados Unidos. Se estudiaron 121 casos que había sufrido un ictus de entre los más de 2.800 participantes para comprobar que el riesgo de quienes seguían una mejor alimentación era un 17% menor y «al comparar grupos extremos, es decir aquellos participantes con un score más alto con aquellos con un score más bajo, el riesgo de los que tenían el score más alto era un 51% inferior que los que tenían un score más bajo».. «Con este trabajo, lo que hemos querido evidenciar es que pequeños cambios en el estilo de vida pueden tener un beneficio en la prevención del ictus isquémico y, en este contexto, en la actual era de la nutrición y la medicina personalizada, puede resultar muy útil hacer una fotografía de en qué estado estás mediante el score que hemos diseñado y qué puedes mejorar de tu dieta para tener menor riesgo, especialmente si formas parte ya de la población de riesgo», concluye la investigadora, quien pone de relieve que» basta con una simple gota de sangre para, mediante nuestra nueva herramienta, poder determinar si realmente sigues una dieta correcta».. Y pese a que aún es necesario validar el score con más datos y ensayos clínicos, los resultados de esta investigación son una primera evidencia que invitaría a estudiar la implementación de este índice en la práctica clínica y más por cuanto se trata de una herramienta muy poco invasiva y de gran usabilidad.
Las personas que presentan una mayor proporción de lípidos en sangre gracias a una dieta sana tienen un riesgo de padecer un ictus isquémico un 14% menor
Es conocido que una modificación del estilo de vida puede ser beneficioso a la hora de prevenir las enfermedades cardiovasculares, pero ¿de qué manera puede determinar la calidad de los lípidos que ingerimos el riesgo de sufrir un ictus isquémico en el futuro?. Con el fin de responder a esta pregunta, investigadores del Institut de Recerca del Hospital del Mar y del Institut Català d’Oncología-ICO l’Hospitalet han puesto en marcha un estudio en el marco del cual han desarrollado una herramienta que permite cuantificar la calidad de los ácidos grasos de la dieta con el propósito de comprobar si predice el riesgo de ictus isquémico.. Tal y como señala Iolanda Lázaro, investigadora del Grupo de Investigación en Riesgo Cardiovascular y Nutrición del Hospital del Mar Research Institute y del CIBEROBN, el propósito de este trabajo «era, más allá de fijarnos en componentes individuales de grasas de la dieta, fijarnos en ácidos grasos que proceden directamente de elementos que consumimos, combinarlos y hacer como un score o puntuación que capture el global». A continuación, el objetivo era ver si esto se asociaba con el riesgo de ictus .. Para ello, los investigadores seleccionaron nueve tipos de ácidos grasos presenten en la sangre en función de la dieta, seis de ellos relacionados con una dieta saludable, como aquellos procedentes de la ingesta de lácteos, pescado azul, frutos secos y aceites de semillas, y otros tres relacionados con un consumo excesivo de energía y que indican perjuicio, como los azúcares o el alcohol.. A partir de la combinación de estos indicadores o biomarcadores subjetivos, en el marco de este trabajo se llevaron a cabo determinaciones en eritrocitos (glóbulos rojos), en cuyas membranas se incorporan estos ácidos grasos, como en el resto de células de nuestro organismo, con la ventaja en este caso de que, puesto que la vida media de esos eritrocitos es de 120 días, la venta para valorar la dieta es de más tiempo.. Con esta determinación y poniendo el foco en los nueve ácidos grasos mencionados, los investigadores han hecho un score o puntuación, cuya principal particularidad es que «se fija en la fotografía global de los lípidos de nuestra dieta: ¿cuántos lácteos contiene?, ¿cuántos frutos secos y cuánto pescado?, ¿qué exceso de energía estamos consumiendo?», aclara Lázaro, quien al respecto indica que «mirando globalmente esta fotografía, hacemos esta puntuación, que podría ir desde el 0 hasta el 8, siendo cero reflejo de que lo estoy haciendo muy mal y 8, muy bien».. Hipótesis confirmada. Para poder determinar el impacto de estos ácidos grasos en el riesgo de sufrir un ictus isquémico, se seleccionó a 438 personas que habían sufrido un ictus procedentes de la cohorte EPIC, que dispone de muchas muestras y datos recopilados durante años, y se compararon con otros 438 participantes que no había pasado por este accidente cardiovascular, emparejando uno a uno a los integrantes de ambos grupos en función de sus características. «Con todas estas muestras hicimos el perfil de los ácidos grasos a nivel basal de las membranas de los eritrocitos, montamos este score y lo relacionamos con el riesgo de incidencia del ictus», indica Lázaro, quien desvela que lo que pudieron observar es que «las personas con un puntuación más alta en el índice de lípidos en sangre, es decir, con una dieta más sana, presentaban un riesgo 14% menor de padecer en algún momento un ictus isquémico». Además, «comparando a aquellos individuos con un score más alto respecto a los que lo tenían más bajo, la protección era de un 36%», añade.. Con el fin de confirmar estos resultados y la eficacia del score, los investigadores hicieron lo mismo con una segunda cohorte, en esta ocasión con una población de base diferente, concretamente de la cohorte Framingham Offspring Study, de Estados Unidos. Se estudiaron 121 casos que había sufrido un ictus de entre los más de 2.800 participantes para comprobar que el riesgo de quienes seguían una mejor alimentación era un 17% menor y «al comparar grupos extremos, es decir aquellos participantes con un score más alto con aquellos con un score más bajo, el riesgo de los que tenían el score más alto era un 51% inferior que los que tenían un score más bajo».. «Con este trabajo, lo que hemos querido evidenciar es que pequeños cambios en el estilo de vida pueden tener un beneficio en la prevención del ictus isquémico y, en este contexto, en la actual era de la nutrición y la medicina personalizada, puede resultar muy útil hacer una fotografía de en qué estado estás mediante el score que hemos diseñado y qué puedes mejorar de tu dieta para tener menor riesgo, especialmente si formas parte ya de la población de riesgo», concluye la investigadora, quien pone de relieve que» basta con una simple gota de sangre para, mediante nuestra nueva herramienta, poder determinar si realmente sigues una dieta correcta».. Y pese a que aún es necesario validar el score con más datos y ensayos clínicos, los resultados de esta investigación son una primera evidencia que invitaría a estudiar la implementación de este índice en la práctica clínica y más por cuanto se trata de una herramienta muy poco invasiva y de gran usabilidad.
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