En plena Sierra del Segura, lejos del ruido de las grandes ciudades y al margen de los ritmos acelerados de la España urbana, existe un lugar donde el tiempo parece avanzar de otra manera. Se llama Moriscote y es una diminuta aldea de la provincia de Albacete que, además de su aislamiento, guarda una singularidad administrativa poco común: su territorio está repartido entre tres municipios distintos (Ayna, Liétor y Alcadozo). No obstante, hay algo más que la hace única: ser un refugio felino.. Las cifras hablan por sí solas. En esta pequeña aldea apenas hay cinco personas empadronadas, según confirma su alcalde, Javier Tercero. Sin embargo, quienes pasean por sus calles no tardan en darse cuenta de que la presencia más habitual no es humana. Al contrario: los auténticos habitantes del lugar se mueven sigilosos, se asoman desde los portales y toman el sol en cualquier rincón.. Se calcula que en Moriscote viven alrededor de 25 gatos, lo que convierte a esta aldea en un caso casi único dentro del medio rural español. Una proporción que sorprende incluso a quienes conocen bien la despoblación de la zona: aquí, cada vecino convive, simbólicamente, con cinco felinos.. La historia de esta colonia no responde a una estrategia turística ni a una campaña institucional. Es, más bien, el resultado de la convivencia, la necesidad y la falta de recursos. Ana, una de las personas implicadas en el cuidado de los animales, recuerda cómo todo comenzó de forma casi accidental, cuando llevaron a uno de los gatos al veterinario.. «Si no lo llevas controlado, los gatos no sobreviven». «No hemos podido llegar a tiempo para todos», explicó a El Digital de Albacete, reconociendo las dificultades que implica atender a una población felina creciente en un entorno con pocos medios. Ante esta situación, los vecinos comenzaron a buscar soluciones por su cuenta.. Para poder afrontar los gastos veterinarios, surgió una iniciativa tan sencilla como comprometida: hacer manualidades para vender y destinar lo recaudado al cuidado de los gatos. El objetivo, según explica Ana, es claro: aplicar el método CER (captura, esterilización y retorno) para mantener una ‘colonia’ controlada y garantizar el bienestar de los animales.. «Si no lo llevas controlado, los gatos no sobreviven», advierte. Además, los vecinos tienen en mente habilitar un pequeño refugio para protegerlos de las temperaturas extremas, tanto en invierno como en verano. Un gesto que demuestra que, en Moriscote, la convivencia con los animales no es improvisada, sino consciente y responsable.
En unas declaraciones ofrecidas para El Digital de Albacete, se ha expresado cuál es el origen de esta presencia felina
En plena Sierra del Segura, lejos del ruido de las grandes ciudades y al margen de los ritmos acelerados de la España urbana, existe un lugar donde el tiempo parece avanzar de otra manera. Se llama Moriscote y es una diminuta aldea de la provincia de Albacete que, además de su aislamiento, guarda una singularidad administrativa poco común: su territorio está repartido entre tres municipios distintos (Ayna, Liétor y Alcadozo). No obstante, hay algo más que la hace única: ser un refugio felino.. Las cifras hablan por sí solas. En esta pequeña aldea apenas hay cinco personas empadronadas, según confirma su alcalde, Javier Tercero. Sin embargo, quienes pasean por sus calles no tardan en darse cuenta de que la presencia más habitual no es humana. Al contrario: los auténticos habitantes del lugar se mueven sigilosos, se asoman desde los portales y toman el sol en cualquier rincón.. Se calcula que en Moriscote viven alrededor de 25 gatos, lo que convierte a esta aldea en un caso casi único dentro del medio rural español. Una proporción que sorprende incluso a quienes conocen bien la despoblación de la zona: aquí, cada vecino convive, simbólicamente, con cinco felinos.. La historia de esta colonia no responde a una estrategia turística ni a una campaña institucional. Es, más bien, el resultado de la convivencia, la necesidad y la falta de recursos. Ana, una de las personas implicadas en el cuidado de los animales, recuerda cómo todo comenzó de forma casi accidental, cuando llevaron a uno de los gatos al veterinario.. «No hemos podido llegar a tiempo para todos», explicó a El Digital de Albacete, reconociendo las dificultades que implica atender a una población felina creciente en un entorno con pocos medios. Ante esta situación, los vecinos comenzaron a buscar soluciones por su cuenta.. Para poder afrontar los gastos veterinarios, surgió una iniciativa tan sencilla como comprometida: hacer manualidades para vender y destinar lo recaudado al cuidado de los gatos. El objetivo, según explica Ana, es claro: aplicar el método CER (captura, esterilización y retorno) para mantener una ‘colonia’ controlada y garantizar el bienestar de los animales.. «Si no lo llevas controlado, los gatos no sobreviven», advierte. Además, los vecinos tienen en mente habilitar un pequeño refugio para protegerlos de las temperaturas extremas, tanto en invierno como en verano. Un gesto que demuestra que, en Moriscote, la convivencia con los animales no es improvisada, sino consciente y responsable.
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