Warren Ellis, compositor y miembro de la banda Nick Cave and the Bad Seeds, lleva guardando un particular trofeo más de dos décadas. Se hizo con él durante un certamen organizado por Cave en Londres hace más de 20 años, y en el que Ellis actuó tanto con la citada agrupación como también al frente de The Dirty Three. En el festival, además, actuó Nina Simone, de quien Ellis siempre se ha demostrado un auténtico fan. Y fue tras la actuación de la estadounidense cuando demostró hasta qué punto llegaba su admiración hacia ella: hasta encargarse de rescatar un chicle masticado por la propia Simone, y guardarlo durante años como un tesoro. La gominola fue fundida en plata, y hoy forma parte de una curiosa y original exposición, que acoge el espacio Somerset House de Londres, bajo el título «Holy pop!».. La muestra trata de explorar cómo la devoción de los fans hacia las estrellas de la cultura pop moldea la identidad, los valores y la comunidad de una sociedad. Cómo, de hecho, el fenómeno fan hacia artistas o creadores suele ser tan determinante y férreo que llega a moldear incluso personalidades, costumbres y tendencias. Todo ello, eso sí, a través de una suerte de coleccionismo impulsivo y casi obsesivo, pues tal y como demuestra esta exhibición el seguidor de un artista puede desde guardar un chicle usado hasta crear una réplica de una lápida. De esto último es ejemplo una reproducción en resina de Graham Dolphin de la lápida cubierta de grafitis de Jim Morrison, líder de The Doors, pieza que se expone entre otros objetos curiosos y llamativos, como es el caso de un absoluto fan de Marc Bolan, quien posee una rama del árbol contra el que se estrelló el coche del músico en 1977, causándole la muerte.. «Holy pop!» representa, en palabras de Tory Turk, comisaria de la exposición, «un diálogo entre las personas y los objetos que atesoran», a partir de los recuerdos «que acumulan en el refrigerador, así como de las flores, notas y ofrendas que dejan en las tumbas de personas famosas. Trata sobre la comunidad que se crea cuando los fanáticos construyen sus propios monumentos a sus héroes y la afinidad que se siente entre desconocidos porque idolatran a la misma estrella del pop, devoran la misma literatura o veneran al mismo actor».. Así, la exposición, según recoge «The Guardian», arranca con un análisis de la devoción, para después explorar el duelo comunitario, o cómo las personas, aún siendo desconocidas, tienden a reunirse en tiempos de dolor para conmemorar y recordar a sus ídolos y héroes. Asimismo, la muestra cuenta con una serie de santuarios dedicados a diversas figuras, que representan que el fenómeno fan en la cultura pop no es sólo admiración por una obra, sino más bien devoción hacia una persona considerada a veces como alguien superior, inalcanzable o diferente a lo demás.
«Holy pop!» es una exhibición ubicada en Londres que reflexiona sobre hasta qué punto la devoción hacia las estrellas de la cultura pop moldea la identidad o valores de una sociedad
Warren Ellis, compositor y miembro de la banda Nick Cave and the Bad Seeds, lleva guardando un particular trofeo más de dos décadas. Se hizo con él durante un certamen organizado por Cave en Londres hace más de 20 años, y en el que Ellis actuó tanto con la citada agrupación como también al frente de The Dirty Three. En el festival, además, actuó Nina Simone, de quien Ellis siempre se ha demostrado un auténtico fan. Y fue tras la actuación de la estadounidense cuando demostró hasta qué punto llegaba su admiración hacia ella: hasta encargarse de rescatar un chicle masticado por la propia Simone, y guardarlo durante años como un tesoro. La gominola fue fundida en plata, y hoy forma parte de una curiosa y original exposición, que acoge el espacio Somerset House de Londres, bajo el título «Holy pop!».. La muestra trata de explorar cómo la devoción de los fans hacia las estrellas de la cultura pop moldea la identidad, los valores y la comunidad de una sociedad. Cómo, de hecho, el fenómeno fan hacia artistas o creadores suele ser tan determinante y férreo que llega a moldear incluso personalidades, costumbres y tendencias. Todo ello, eso sí, a través de una suerte de coleccionismo impulsivo y casi obsesivo, pues tal y como demuestra esta exhibición el seguidor de un artista puede desde guardar un chicle usado hasta crear una réplica de una lápida. De esto último es ejemplo una reproducción en resina de Graham Dolphin de la lápida cubierta de grafitis de Jim Morrison, líder de The Doors, pieza que se expone entre otros objetos curiosos y llamativos, como es el caso de un absoluto fan de Marc Bolan, quien posee una rama del árbol contra el que se estrelló el coche del músico en 1977, causándole la muerte.. «Holy pop!» representa, en palabras de Tory Turk, comisaria de la exposición, «un diálogo entre las personas y los objetos que atesoran», a partir de los recuerdos «que acumulan en el refrigerador, así como de las flores, notas y ofrendas que dejan en las tumbas de personas famosas. Trata sobre la comunidad que se crea cuando los fanáticos construyen sus propios monumentos a sus héroes y la afinidad que se siente entre desconocidos porque idolatran a la misma estrella del pop, devoran la misma literatura o veneran al mismo actor».. Así, la exposición, según recoge «The Guardian», arranca con un análisis de la devoción, para después explorar el duelo comunitario, o cómo las personas, aún siendo desconocidas, tienden a reunirse en tiempos de dolor para conmemorar y recordar a sus ídolos y héroes. Asimismo, la muestra cuenta con una serie de santuarios dedicados a diversas figuras, que representan que el fenómeno fan en la cultura pop no es sólo admiración por una obra, sino más bien devoción hacia una persona considerada a veces como alguien superior, inalcanzable o diferente a lo demás.
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