La fiesta de Sant Medir, tiene un origen tan sencillo como inesperado: la promesa de un hombre enfermo. Lo que hoy es una multitudinaria celebración en barrios como Gràcia, Sarrià-Sant Gervasi o la Bordeta nació en el siglo XIX a partir de la fe personal de un pastelero que aseguró haberse curado gracias a la intercesión del santo.. La historia sitúa el origen de la tradición en torno a 1830, cuando el pastelero —o panadero, según las versiones— Josep Vidal i Granés, que tenía su negocio en el entorno de la actual plaza de la Virreina y la calle Gran de Gràcia, enfermó gravemente. Convencido de que podía morir, hizo una promesa: si lograba recuperarse, cada 3 de marzo, día de Sant Medir, iría en peregrinación hasta la ermita dedicada al santo en la sierra de Collserola para darle las gracias.. Cuando finalmente se curó, cumplió su palabra. Aquel primer año caminó hasta la ermita situada en el valle de Sant Medir, en el término de Sant Cugat del Vallès. Durante el trayecto decidió compartir su alegría con la gente que encontraba por el camino y empezó a repartir dulces elaborados por él mismo para anunciar lo que consideraba un milagro.. La escena no pasó desapercibida. Al año siguiente repitió la romería, pero ya no lo hizo solo: familiares y amigos lo acompañaron, algunos incluso a caballo. Con el paso del tiempo otros vecinos de Gràcia se sumaron a la caminata con sus propias promesas y agradecimientos, hasta que aquella peregrinación espontánea acabó organizándose en grupos o colles.. En las primeras celebraciones, al regresar de la ermita, Vidal lanzaba habas al público, un gesto simbólico que recordaba la leyenda del propio santo. Según la tradición, Sant Medir —también conocido como Sant Emeteri— habría sido un campesino que vivía hacia el año 303 en el valle de Gausac, en Collserola. Con los años, las habas fueron sustituidas por caramelos, lo que acabaría dando a la fiesta su carácter más distintivo.. A lo largo del siglo XIX la romería fue ganando popularidad en Gràcia y en barrios cercanos como Sant Gervasi. A la caminata se añadieron caballerías, música, carrozas y desfiles por las calles antes de partir hacia la ermita. Con el tiempo, la tradición incorporó actos festivos, pregones, encuentros populares y celebraciones culturales que amplían la fiesta más allá del propio día 3 de marzo.. Actualmente, la celebración reúne a miles de personas que salen a la calle para ver pasar las colles y recoger la famosa lluvia de caramelos. Pocos recuerdan que todo empezó con un hombre enfermo que quiso agradecer su curación, pero su gesto acabó convirtiéndose en una de las tradiciones más singulares y queridas de Barcelona.
La popular celebración de Gràcia nació en el siglo XIX a partir de la promesa de un pastelero que aseguró haber sanado gracias al santo
La fiesta de Sant Medir, tiene un origen tan sencillo como inesperado: la promesa de un hombre enfermo. Lo que hoy es una multitudinaria celebración en barrios como Gràcia, Sarrià-Sant Gervasi o la Bordeta nació en el siglo XIX a partir de la fe personal de un pastelero que aseguró haberse curado gracias a la intercesión del santo.. La historia sitúa el origen de la tradición en torno a 1830, cuando el pastelero —o panadero, según las versiones— Josep Vidal i Granés, que tenía su negocio en el entorno de la actual plaza de la Virreina y la calle Gran de Gràcia, enfermó gravemente. Convencido de que podía morir, hizo una promesa: si lograba recuperarse, cada 3 de marzo, día de Sant Medir, iría en peregrinación hasta la ermita dedicada al santo en la sierra de Collserola para darle las gracias.. Cuando finalmente se curó, cumplió su palabra. Aquel primer año caminó hasta la ermita situada en el valle de Sant Medir, en el término de Sant Cugat del Vallès. Durante el trayecto decidió compartir su alegría con la gente que encontraba por el camino y empezó a repartir dulces elaborados por él mismo para anunciar lo que consideraba un milagro.. La escena no pasó desapercibida. Al año siguiente repitió la romería, pero ya no lo hizo solo: familiares y amigos lo acompañaron, algunos incluso a caballo. Con el paso del tiempo otros vecinos de Gràcia se sumaron a la caminata con sus propias promesas y agradecimientos, hasta que aquella peregrinación espontánea acabó organizándose en grupos o colles.. En las primeras celebraciones, al regresar de la ermita, Vidal lanzaba habas al público, un gesto simbólico que recordaba la leyenda del propio santo. Según la tradición, Sant Medir —también conocido como Sant Emeteri— habría sido un campesino que vivía hacia el año 303 en el valle de Gausac, en Collserola. Con los años, las habas fueron sustituidas por caramelos, lo que acabaría dando a la fiesta su carácter más distintivo.. A lo largo del siglo XIX la romería fue ganando popularidad en Gràcia y en barrios cercanos como Sant Gervasi. A la caminata se añadieron caballerías, música, carrozas y desfiles por las calles antes de partir hacia la ermita. Con el tiempo, la tradición incorporó actos festivos, pregones, encuentros populares y celebraciones culturales que amplían la fiesta más allá del propio día 3 de marzo.. Actualmente, la celebración reúne a miles de personas que salen a la calle para ver pasar las colles y recoger la famosa lluvia de caramelos. Pocos recuerdan que todo empezó con un hombre enfermo que quiso agradecer su curación, pero su gesto acabó convirtiéndose en una de las tradiciones más singulares y queridas de Barcelona.
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