Castellón es la segunda provincia más montañosa de España, particularidad que combina con sus 120 kilómetros de costa mediterránea. Una franja litoral que es conocida turísticamente como la Costa del Azahar. Los atractivos de Castellón la convierten en un destino excepcional que no se limita al tópico de sol y playa uniforme. Aquí conviven castillos templarios al borde del mar, pueblos medievales suspendidos en la roca, senderos agrestes y una gastronomía marcada por el arroz, el pescado fresco, los guisos y platos contundentes de cuchara, los quesos y embutidos y ese tesoro tan exclusivo del interior montañoso como es la trufa negra.. Convencidos de que Castellón posee un potencial turístico natural y de infraestructuras todavía en parte por descubrir y disfrutar, la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería y Turismo de Castellón (ASHOTUR) ponía en marcha días atrás una iniciativa bajo el enunciado de, «Castellón: Mar, Montaña y Gastronomía», como promoción turística para profesionales de agencias de viajes junto a periodistas, críticos gastronómicos e “influencers”.. Si hubiera que diseñar el viaje perfecto por la provincia castellonense, haría falta mucho más tiempo porque Castellón es Peñíscola, Morella, Villafamés, Benicarló, Benicassim, El Toro, Montanejos, Penyagolosa, la propia capital y mucho más, por eso hubo que seleccionar los destinos y dividir la experiencia en tres grandes encantos que dejaron a la vista su brutal contraste:. El programa comenzaba en Peñíscola, la histórica y cismática ciudad papal, la que gira en torno al magnífico castillo fortaleza del Papa Luna, Benedicto XIII, cuya huella impregna toda la ciudadela templaria del siglo XIII. Peñíscola está situada sobre el mar, en la cima del peñón que la sujeta y está formada por un casco antiguo de empinadas calles estrechas, empedradas y de casas blancas. Un precioso escenario de película.. Aunque no estamos en temporada alta, no falta la gente de variadas nacionalidades recorriendo sus callejas y contemplando los románticos atardeceres, Un escenario que contrasta con el movimiento que se genera en la zona hotelera a pie de playa, con un ir y venir de autobuses con grupos de turistas, sobre todo nacionales, que en este otoño templado eligen Peñíscola como destino suave para descansar en establecimientos como el Gran Hotel Peñíscola, un cuatro estrellas que no conoce más descanso que el que ellos le proporcionan a sus clientes con esmerados servicios hoteleros y que incluyen spa, solárium, piscinas, gimnasio y centro de bienestar en la avenida del Papa Luna. Uno de los pocos abiertos y llenos en esta época del año.. Y de la orilla de la playa mediterránea al interior de una provincia con una gran riqueza natural, de murallas medievales y de tradiciones montañosas. Tras ascender cerca de 1000 metros desde el nivel del mar nos encontramos con la majestuosa Morella en un viaje en el tiempo que nos transporta de nuevo a épocas medievales. Su castillo, imponente y que exige un recorrido extra hacia las alturas, preside esa ciudad amurallada que en su casco histórico parece detenido en el tiempo junto con las puertas de la antigua muralla, sus callejas y soportales o las casas que conservan su aspecto en puertas, ventanas y en su interior.. La experiencia gastronómica. Llegar hasta allá arriba abre el apetito. Y para comer, Morella conserva una serie de establecimientos esenciales integrados en el paisaje urbano más céntrico junto a las tiendas de miel, quesos, embutidos, cecina y licores de la zona.. Necesitábamos traspasar el umbral de Casa Roque, uno de los más clásicos y populares restaurantes de la localidad enclavado en un edificio del siglo XVII y lo conseguimos. El propio Roque Gutierrez, su mujer y su hijo Carlos te reciben desde la puerta y te ofrecen su hospitalidad junto a sus manjares en un ambiente de película de época. Las migas de pastor al estilo de la casa, las sabrosas croquetas morellanas, una joya gastronómica de la ciudad y de la comarca de Els Ports o los embutidos artesanales propios del clima de montaña son delicias con que Roque seduce al visitante. .. Hay varios restaurantes con pedigrí en Morella y nuestra experiencia gastronómica incluía como necesaria una visita también al relevante restaurante del Hotel Cardenal Ram. Con mucho encanto, está enclavado en el antiguo palacio del controvertido clérigo y político del siglo XVI y en su espacio gastronómico se degustan los mejores platos de esa cocina contundente de alta montaña. Un entrante gourmet como el carpaccio de cecina nos daba la bienvenida, antes de degustar la sopa morellana, preparada con un caldo sabroso, que se cuece con tiempo y una variedad de carnes y verduras; de nuevo las croquetas morellanas nos transportaron a las alturas de las delicias culinarias y el ternasco tradicional al horno al estilo aragonés nos devolvió a la tierra para competir con un suculento lomo de bacalao confitado o con las chuletas de lechal a la brasa. Difícil la elección.. El propósito inminente de este viaje de tres días en otoño era aconsejar, también por parte de la Diputación de Castellón, que un destino como Castellón se disfruta todo el año, como así fue, persiguiendo la desestacionalización amparados por un clima mediterráneo muy agradable y disfrutando de una calidad humana muy de agradecer y con ganas de agradar en lo profesional.. De lo mucho visto y disfrutado, quisiera destacar e incluso recomendar tres atracciones únicas e inolvidables en un viaje tan placentero: En Peñíscola, el fantástico Magic Museum Yunke que te acerca al misterioso mundo de la magia que protagoniza el admirado mago de la tierra. En Morella, el Museo de los Dinosaurios en donde se conservan piezas fósiles encontradas en la zona junto a reproducciones de algunos de ellos. Y por último, acercarse a la Jana y contemplar sus impresionantes olivos milenarios. .. Sin duda. Castellón es una opción idónea para escapadas, visitas culturales y experiencias gastronómicas durante todo el año.
Castellón descubre sus tesoros: mar, pueblos medievales y una gastronomía con raíces
Castellón es la segunda provincia más montañosa de España, particularidad que combina con sus 120 kilómetros de costa mediterránea. Una franja litoral que es conocida turísticamente como la Costa del Azahar. Los atractivos de Castellón la convierten en un destino excepcional que no se limita al tópico de sol y playa uniforme. Aquí conviven castillos templarios al borde del mar, pueblos medievales suspendidos en la roca, senderos agrestes y una gastronomía marcada por el arroz, el pescado fresco, los guisos y platos contundentes de cuchara, los quesos y embutidos y ese tesoro tan exclusivo del interior montañoso como es la trufa negra.. Convencidos de que Castellón posee un potencial turístico natural y de infraestructuras todavía en parte por descubrir y disfrutar, la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería y Turismo de Castellón (ASHOTUR) ponía en marcha días atrás una iniciativa bajo el enunciado de, «Castellón: Mar, Montaña y Gastronomía», como promoción turística para profesionales de agencias de viajes junto a periodistas, críticos gastronómicos e “influencers”.. Si hubiera que diseñar el viaje perfecto por la provincia castellonense, haría falta mucho más tiempo porque Castellón es Peñíscola, Morella, Villafamés, Benicarló, Benicassim, El Toro, Montanejos, Penyagolosa, la propia capital y mucho más, por eso hubo que seleccionar los destinos y dividir la experiencia en tres grandes encantos que dejaron a la vista su brutal contraste:. El programa comenzaba en Peñíscola, la histórica y cismática ciudad papal, la que gira en torno al magnífico castillo fortaleza del Papa Luna, Benedicto XIII, cuya huella impregna toda la ciudadela templaria del siglo XIII. Peñíscola está situada sobre el mar, en la cima del peñón que la sujeta y está formada por un casco antiguo de empinadas calles estrechas, empedradas y de casas blancas. Un precioso escenario de película.. Aunque no estamos en temporada alta, no falta la gente de variadas nacionalidades recorriendo sus callejas y contemplando los románticos atardeceres, Un escenario que contrasta con el movimiento que se genera en la zona hotelera a pie de playa, con un ir y venir de autobuses con grupos de turistas, sobre todo nacionales, que en este otoño templado eligen Peñíscola como destino suave para descansar en establecimientos como el Gran Hotel Peñíscola, un cuatro estrellas que no conoce más descanso que el que ellos le proporcionan a sus clientes con esmerados servicios hoteleros y que incluyen spa, solárium, piscinas, gimnasio y centro de bienestar en la avenida del Papa Luna. Uno de los pocos abiertos y llenos en esta época del año.. Y de la orilla de la playa mediterránea al interior de una provincia con una gran riqueza natural, de murallas medievales y de tradiciones montañosas. Tras ascender cerca de 1000 metros desde el nivel del mar nos encontramos con la majestuosa Morella en un viaje en el tiempo que nos transporta de nuevo a épocas medievales. Su castillo, imponente y que exige un recorrido extra hacia las alturas, preside esa ciudad amurallada que en su casco histórico parece detenido en el tiempo junto con las puertas de la antigua muralla, sus callejas y soportales o las casas que conservan su aspecto en puertas, ventanas y en su interior.. Llegar hasta allá arriba abre el apetito. Y para comer, Morella conserva una serie de establecimientos esenciales integrados en el paisaje urbano más céntrico junto a las tiendas de miel, quesos, embutidos, cecina y licores de la zona.. Necesitábamos traspasar el umbral de Casa Roque, uno de los más clásicos y populares restaurantes de la localidad enclavado en un edificio del siglo XVII y lo conseguimos. El propio Roque Gutierrez, su mujer y su hijo Carlos te reciben desde la puerta y te ofrecen su hospitalidad junto a sus manjares en un ambiente de película de época. Las migas de pastor al estilo de la casa, las sabrosas croquetas morellanas, una joya gastronómica de la ciudad y de la comarca de Els Ports o los embutidos artesanales propios del clima de montaña son delicias con que Roque seduce al visitante. .. Hay varios restaurantes con pedigrí en Morella y nuestra experiencia gastronómica incluía como necesaria una visita también al relevante restaurante del Hotel Cardenal Ram. Con mucho encanto, está enclavado en el antiguo palacio del controvertido clérigo y político del siglo XVI y en su espacio gastronómico se degustan los mejores platos de esa cocina contundente de alta montaña. Un entrante gourmet como el carpaccio de cecina nos daba la bienvenida, antes de degustar la sopa morellana, preparada con un caldo sabroso, que se cuece con tiempo y una variedad de carnes y verduras; de nuevo las croquetas morellanas nos transportaron a las alturas de las delicias culinarias y el ternasco tradicional al horno al estilo aragonés nos devolvió a la tierra para competir con un suculento lomo de bacalao confitado o con las chuletas de lechal a la brasa. Difícil la elección.. El propósito inminente de este viaje de tres días en otoño era aconsejar, también por parte de la Diputación de Castellón, que un destino como Castellón se disfruta todo el año, como así fue, persiguiendo la desestacionalización amparados por un clima mediterráneo muy agradable y disfrutando de una calidad humana muy de agradecer y con ganas de agradar en lo profesional.. De lo mucho visto y disfrutado, quisiera destacar e incluso recomendar tres atracciones únicas e inolvidables en un viaje tan placentero: En Peñíscola, el fantástico Magic Museum Yunke que te acerca al misterioso mundo de la magia que protagoniza el admirado mago de la tierra. En Morella, el Museo de los Dinosaurios en donde se conservan piezas fósiles encontradas en la zona junto a reproducciones de algunos de ellos. Y por último, acercarse a la Jana y contemplar sus impresionantes olivos milenarios. .. Sin duda. Castellón es una opción idónea para escapadas, visitas culturales y experiencias gastronómicas durante todo el año.
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