El damasquinado, una de las señas de identidad más reconocibles de Toledo, vuelve a las aulas. La Escuela de Artes y Oficios de Toledo retomará a partir de enero la enseñanza reglada de esta técnica artesanal mediante cuatro módulos formativos dirigidos tanto a personas desempleadas como a quienes buscan mejorar su cualificación profesional. Una iniciativa que persigue un doble objetivo: garantizar el relevo generacional y evitar que un oficio milenario vuelva a quedar al borde de la desaparición.. La recuperación de esta enseñanza no es casual. El propio presidente regional, Emiliano García-Page, tomó conciencia de la necesidad de asegurar una formación estable tras visitar la exposición dedicada al damasquinado entre Toledo y Éibar, celebrada en la Mezquita de Tornerías. Aquella muestra evidenció el interés social y cultural que sigue despertando una técnica que, durante décadas, fue motor económico y símbolo artístico de la ciudad.. De la crisis de los talleres a la enseñanza reglada. El damasquinado sufrió un duro golpe a partir de los años setenta, cuando la introducción de la estampación mecánica provocó el cierre de numerosos talleres. Con ellos desapareció también el aprendizaje tradicional, basado en la transmisión directa del oficio entre maestros y aprendices. Muchos artesanos se vieron obligados a abandonar su profesión y la enseñanza quedó relegada al ámbito informal.. Ahora, las consejerías de Economía y Educación han apostado por devolver el damasquinado a su espacio natural de formación. No es la primera vez que la Escuela de Artes asume este papel: en la primera mitad del siglo XX formó a destacados damasquinadores, incluidas numerosas mujeres, antes de que esta especialidad se extinguiera de su oferta académica.. El arranque de la Formación Profesional en damasquinado coincide, además, con el proceso para declarar esta técnica Bien de Interés Cultural. El expediente, iniciado en abril de 2025, sigue pendiente de resolución y caducaría si no se aprueba antes de mediados de enero de 2026, un escenario que complicaría su protección futura.. Certificado profesional y apoyo institucional. La apuesta se completa con un Certificado de Profesionalidad de 180 horas incluido en la Oferta Integrada de FP. La consejera de Economía, Patricia Franco, ha subrayado que este programa forma parte de una inversión regional de dos millones de euros destinada a formar a más de 1.000 personas en centros públicos de Castilla-La Mancha.. La visibilidad del damasquinado también se ha reforzado fuera de las aulas. La técnica protagoniza cinco millones de cupones de la ONCE con motivo del sorteo del 13 de enero y ha sido uno de los grandes reclamos culturales del último año en Toledo, con más de 17.000 visitantes solo en la exposición inaugural de la Mezquita de Tornerías.. Con esta combinación de formación, promoción y protección patrimonial, Castilla-La Mancha busca asegurar que el damasquinado no sea solo un recuerdo del pasado, sino un oficio vivo con futuro para las nuevas generaciones.
La Escuela de Artes de Toledo recupera esta técnica artesanal con módulos formativos y un certificado profesional, en plena carrera para lograr su protección como Bien de Interés Cultural
El damasquinado, una de las señas de identidad más reconocibles de Toledo, vuelve a las aulas. La Escuela de Artes y Oficios de Toledo retomará a partir de enero la enseñanza reglada de esta técnica artesanal mediante cuatro módulos formativos dirigidos tanto a personas desempleadas como a quienes buscan mejorar su cualificación profesional. Una iniciativa que persigue un doble objetivo: garantizar el relevo generacional y evitar que un oficio milenario vuelva a quedar al borde de la desaparición.. La recuperación de esta enseñanza no es casual. El propio presidente regional, Emiliano García-Page, tomó conciencia de la necesidad de asegurar una formación estable tras visitar la exposición dedicada al damasquinado entre Toledo y Éibar, celebrada en la Mezquita de Tornerías. Aquella muestra evidenció el interés social y cultural que sigue despertando una técnica que, durante décadas, fue motor económico y símbolo artístico de la ciudad.. De la crisis de los talleres a la enseñanza reglada. El damasquinado sufrió un duro golpe a partir de los años setenta, cuando la introducción de la estampación mecánica provocó el cierre de numerosos talleres. Con ellos desapareció también el aprendizaje tradicional, basado en la transmisión directa del oficio entre maestros y aprendices. Muchos artesanos se vieron obligados a abandonar su profesión y la enseñanza quedó relegada al ámbito informal.. Ahora, las consejerías de Economía y Educación han apostado por devolver el damasquinado a su espacio natural de formación. No es la primera vez que la Escuela de Artes asume este papel: en la primera mitad del siglo XX formó a destacados damasquinadores, incluidas numerosas mujeres, antes de que esta especialidad se extinguiera de su oferta académica.. El arranque de la Formación Profesional en damasquinado coincide, además, con el proceso para declarar esta técnica Bien de Interés Cultural. El expediente, iniciado en abril de 2025, sigue pendiente de resolución y caducaría si no se aprueba antes de mediados de enero de 2026, un escenario que complicaría su protección futura.. Certificado profesional y apoyo institucional. La apuesta se completa con un Certificado de Profesionalidad de 180 horas incluido en la Oferta Integrada de FP. La consejera de Economía, Patricia Franco, ha subrayado que este programa forma parte de una inversión regional de dos millones de euros destinada a formar a más de 1.000 personas en centros públicos de Castilla-La Mancha.. La visibilidad del damasquinado también se ha reforzado fuera de las aulas. La técnica protagoniza cinco millones de cupones de la ONCE con motivo del sorteo del 13 de enero y ha sido uno de los grandes reclamos culturales del último año en Toledo, con más de 17.000 visitantes solo en la exposición inaugural de la Mezquita de Tornerías.. Con esta combinación de formación, promoción y protección patrimonial, Castilla-La Mancha busca asegurar que el damasquinado no sea solo un recuerdo del pasado, sino un oficio vivo con futuro para las nuevas generaciones.
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