Pocos conocían las jornadas 1936: la guerra que todos perdimos, dentro del festival Letras de Sevilla. Pero la renuncia de uno de los ponentes anunciados, David Uclés, ha colocado el evento en el centro del interés mediático.. Sobre todo por la forma en la que se ha comunicado la baja. Con un buen vídeo viral, de tú a tú, como se proclaman las cosas en la sociedad en la que sin like no hay paraíso. Así el reciente Premio Nadal ha explicado que da marcha atrás a su compromiso porque no quiere compartir cartel con Aznar y Espinosa de los Monteros. Aunque su participación ni siquiera coincidía con ellos en tiempo y espacio. Solo en el cartel. Pero un cartel es decisivo en una civilización en donde la apariencia adelanta al contenido.. Por la misma regla de tres, Uclés tampoco debería ir a la feria del libro, donde va todo quisqui y todos, juntos, están anunciados en largos carteles y catálogos. Sin embargo, todos somos contradictorios y el nivel de ejemplaridad que cada uno se pone puede transformarse en un efecto boomerang.. Pero, de momento, ha ganado la promoción que coloca los focos sobre la persona. Todos hablamos de que no estará en un sitio que si hubiera estado probablemente no nos hubiéramos enterado. Y todos reflexionamos sobre lo adecuado del título de los seminarios. Ese debate es más esencial. Porque sí hubo ganadores y perdedores en una Guerra Civil que no se puede tratar nunca desde la equidistancia. Eso no es incompatible con percatarnos de la paradoja del tiempo en el que vivimos, en el que se saca más rédito promocional a un plantón que con otros menesteres. De hecho, con la queja viral, la popularidad se multiplica, pues das la razón a tus convencidos y a tus odiados. Consecuencias de la civilización con ideas simplificadas en vídeos de menos de 3 minutos y en tuits con límite de caracteres. El golpe en la mesa es el atajo para ser vistos y afianzar nuestras parroquias de fieles. El algoritmo esconde los argumentos repletos de matices, como este artículo, y destaca los berrinches, sean contra el gobierno, contra la oposición o contra la Tierra redonda.. En tal abreviatura, qué difícil es encontrar puntos de encuentro para el diálogo real. Es más, parece que está mal visto el diálogo. Se critica a los periodistas que entrevistan en sus podcast a invitados que no concuerdan con la ideología que se espera del programa en cuestión. Se veta compartir espacio con personas en las antípodas del pensamiento. Se tiene miedo a escuchar a los que no te van a dar la razón.. Olvidamos de lo necesario que es ocupar espacios para no dejar solos a los que tergiversan la historia, la ciencia o el pensamiento crítico. Suelen ser los mismos que se apropian de avances sociales que ellos solo frenaron. Alguien tendrá que rebatirlos con realidades contrastadas.. La puesta en escena del rechazo de Uclés, al final, denota una victoria de la civilización del arrebato: él logra la ovación de su fandom, él vende más libros, el festival adquiere notoriedad y sus haters ya cuentan con una nueva excusa para dedicar un buen rato de su valioso tiempo a enjuiciarlo. Y todos superentretenidos creyéndonos en posesión de la razón absoluta en la edad de oro de las obviedades.. En la Guerra Civil no, pero en la distracción digital sí que perdemos todos. Ya no es que sea difícil hallar espacios sanos para el diálogo y la reflexión, es que estamos muy cómodos calentando cabezas desde nuestro bando. Es el camino fácil. Pero, algunos, confiamos más en la complejidad que duda, que se cuestiona las vehemencias ciegas y que intenta mirar con la mente abierta que, a veces, hasta desactiva a los que utilizan los prejuicios para manejar en beneficio propio el odio hacia los demás. Como recordó Maruja Torres una vez a Andreu Buenafuente, dándole vueltas a maneras de superar conflictos enquistados: “Lo primero que hay que hacer es humanizar al enemigo y si humanizas al enemigo, poco a poco, dejará de ser enemigo. Encontrémonos en un punto medio”. A veces, entre demócratas, funciona. Al menos, cuando la democracia era sinónimo de esperanza.
Estar o no estar, esa es la cuestión.
20MINUTOS.ES – Televisión
Pocos conocían las jornadas 1936: la guerra que todos perdimos, dentro del festival Letras de Sevilla. Pero la renuncia de uno de los ponentes anunciados, David Uclés, ha colocado el evento en el centro del interés mediático.. Sobre todo por la forma en la que se ha comunicado la baja. Con un buen vídeo viral, de tú a tú, como se proclaman las cosas en la sociedad en la que sin like no hay paraíso. Así el reciente Premio Nadal ha explicado que da marcha atrás a su compromiso porque no quiere compartir cartel con Aznar y Espinosa de los Monteros. Aunque su participación ni siquiera coincidía con ellos en tiempo y espacio. Solo en el cartel. Pero un cartel es decisivo en una civilización en donde la apariencia adelanta al contenido.. Por la misma regla de tres, Uclés tampoco debería ir a la feria del libro, donde va todo quisqui y todos, juntos, están anunciados en largos carteles y catálogos. Sin embargo, todos somos contradictorios y el nivel de ejemplaridad que cada uno se pone puede transformarse en un efecto boomerang.. Pero, de momento, ha ganado la promoción que coloca los focos sobre la persona. Todos hablamos de que no estará en un sitio que si hubiera estado probablemente no nos hubiéramos enterado. Y todos reflexionamos sobre lo adecuado del título de los seminarios. Ese debate es más esencial. Porque sí hubo ganadores y perdedores en una Guerra Civil que no se puede tratar nunca desde la equidistancia. Eso no es incompatible con percatarnos de la paradoja del tiempo en el que vivimos, en el que se saca más rédito promocional a un plantón que con otros menesteres. De hecho, con la queja viral, la popularidad se multiplica, pues das la razón a tus convencidos y a tus odiados. Consecuencias de la civilización con ideas simplificadas en vídeos de menos de 3 minutos y en tuits con límite de caracteres. El golpe en la mesa es el atajo para ser vistos y afianzar nuestras parroquias de fieles. El algoritmo esconde los argumentos repletos de matices, como este artículo, y destaca los berrinches, sean contra el gobierno, contra la oposición o contra la Tierra redonda.. En tal abreviatura, qué difícil es encontrar puntos de encuentro para el diálogo real. Es más, parece que está mal visto el diálogo. Se critica a los periodistas que entrevistan en sus podcast a invitados que no concuerdan con la ideología que se espera del programa en cuestión. Se veta compartir espacio con personas en las antípodas del pensamiento. Se tiene miedo a escuchar a los que no te van a dar la razón.. Olvidamos de lo necesario que es ocupar espacios para no dejar solos a los que tergiversan la historia, la ciencia o el pensamiento crítico. Suelen ser los mismos que se apropian de avances sociales que ellos solo frenaron. Alguien tendrá que rebatirlos con realidades contrastadas.. La puesta en escena del rechazo de Uclés, al final, denota una victoria de la civilización del arrebato: él logra la ovación de su fandom, él vende más libros, el festival adquiere notoriedad y sus haters ya cuentan con una nueva excusa para dedicar un buen rato de su valioso tiempo a enjuiciarlo. Y todos superentretenidos creyéndonos en posesión de la razón absoluta en la edad de oro de las obviedades.. En la Guerra Civil no, pero en la distracción digital sí que perdemos todos.Ya no es que sea difícil hallar espacios sanos para el diálogo y la reflexión, es que estamos muy cómodos calentando cabezas desde nuestro bando. Es el camino fácil. Pero, algunos, confiamos más en la complejidad que duda, que se cuestiona las vehemencias ciegas y que intenta mirar con la mente abierta que, a veces, hasta desactiva a los que utilizan los prejuicios para manejar en beneficio propio el odio hacia los demás. Como recordó Maruja Torres una vez a Andreu Buenafuente, dándole vueltas a maneras de superar conflictos enquistados: “Lo primero que hay que hacer es humanizar al enemigo y si humanizas al enemigo, poco a poco, dejará de ser enemigo. Encontrémonos en un punto medio”. A veces, entre demócratas, funciona. Al menos, cuando la democracia era sinónimo de esperanza.
