Unas 115.000 personas recibieron la llegada del año 2026 en la avenida Maria Cristina de Barcelona, donde este miércoles por la noche se organizó una fiesta con pirotecnia, música y drones.. Este año el espectáculo se ha renovado con la participación del músico Marc Parrot y la producción, como en los últimos años, ha estado a cargo del Groupe F, con cuatro partes inspiradas en los cuatro elementos (aire, agua, tierra y fuego), informa el Ayuntamiento de Barcelona en un comunicado este jueves.. Según el consistorio, la música de Parrot ha unido «un pasado que ha tomado la forma de ritmos y sonidos tradicionales con un futuro encarnado por la electrónica y sonidos más nuevos».. Con instrumentos como la guitarra, las grallas y el flabiol se han recorrido distintos estilos musicales, desde la rumba a la habanera, aportando «texturas sonoras nuevas».. Además, la Font Màgica de Montjuïc volvió a ser parte del espectáculo, después de unos años apagada debido a los periodos de sequía, y se integró en la narrativa visual con una coreografía de agua creada para la ocasión.
Según el consistorio, la música de Parrot ha unido «un pasado que ha tomado la forma de ritmos y sonidos tradicionales con un futuro encarnado por la electrónica y sonidos más nuevos»
Unas 115.000 personas recibieron la llegada del año 2026 en la avenida Maria Cristina de Barcelona, donde este miércoles por la noche se organizó una fiesta con pirotecnia, música y drones.. Este año el espectáculo se ha renovado con la participación del músico Marc Parrot y la producción, como en los últimos años, ha estado a cargo del Groupe F, con cuatro partes inspiradas en los cuatro elementos (aire, agua, tierra y fuego), informa el Ayuntamiento de Barcelona en un comunicado este jueves.. Según el consistorio, la música de Parrot ha unido «un pasado que ha tomado la forma de ritmos y sonidos tradicionales con un futuro encarnado por la electrónica y sonidos más nuevos».. Con instrumentos como la guitarra, las grallas y el flabiol se han recorrido distintos estilos musicales, desde la rumba a la habanera, aportando «texturas sonoras nuevas».. Además, la Font Màgica de Montjuïc volvió a ser parte del espectáculo, después de unos años apagada debido a los periodos de sequía, y se integró en la narrativa visual con una coreografía de agua creada para la ocasión.
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