Con la llegada de enero, la rutina vuelve a imponerse con rapidez. Las vacaciones quedan atrás, los horarios se normalizan y, probablemente el árbol de Navidad y las luces ya hayan desaparecido en buena parte de los salones de España. Sin embargo, si eres de los que no sabe cuándo se debe hacer y aún no lo has hecho, este gesto aparentemente práctico choca con una costumbre profundamente arraigada en la tradición cristiana europea, que prolonga el espíritu navideño bastante más allá de la Epifanía.. En distintos países y regiones, el calendario litúrgico marca un cierre simbólico de la Navidad que no coincide con el inicio del año laboral ni escolar. Este desfase entre la vida cotidiana y la tradición religiosa explica por qué, para muchas personas, quitar el árbol antes de una fecha concreta sigue considerándose precipitado.. En buena parte de España y de otros países del sur de Europa, el 6 de enero suele marcar el punto final de las celebraciones navideñas. Tras la llegada de los Reyes Magos, se guardan los adornos y se da por concluido el periodo festivo. Sin embargo, esta costumbre es relativamente reciente si se compara con el calendario tradicional de la Iglesia.. Durante siglos, la Navidad no se entendía como una celebración limitada a unas pocas semanas, sino como un ciclo que se extendía desde el nacimiento de Jesús hasta un momento clave de su infancia, cuarenta días después. Ese día concreto es el que explica por qué muchas familias esperan hasta febrero para retirar el árbol.. ¿Por qué se debería esperar al 2 de febrero para quitar los adornos navideños?. El 2 de febrero tiene lugar la festividad de la Candelaria, una celebración cristiana que conmemora la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. Según los evangelios, este acto tuvo lugar cuarenta días después de su nacimiento, cumpliendo con la ley judía de la época.. En la liturgia católica, la fecha también se asocia a la Purificación de María, ya que, según la tradición, era el momento en el que la madre acudía al templo tras el parto. De esta doble referencia nace el simbolismo de la fiesta y su importancia dentro del calendario religioso.. El nombre popular de la festividad, Candelaria, procede del uso ritual de las velas. Durante las celebraciones religiosas, las candelas se bendicen como símbolo de luz, pureza y protección. Esta luz representa, de forma simbólica, la llegada de Jesús al mundo y su reconocimiento público.. Desde esta perspectiva, mantener el árbol y los adornos navideños hasta el 2 de febrero no es solo una cuestión decorativa, sino una forma de acompañar ese ciclo simbólico de la luz que se prolonga más allá de diciembre y enero.. Esta visión explica por qué, históricamente, en muchos hogares el árbol permanecía decorado hasta febrero, incluso cuando ya no había celebraciones visibles en el día a día.. Hoy en día, mantener los adornos durante tanto tiempo no siempre resulta compatible con el ritmo actual. Tiramos de practicidad y solemos aprovechar el último día de vacaciones, el que las tiene, para retirar los adornos. Aun así, la tradición de la Candelaria sigue viva en muchas zonas, tanto en celebraciones religiosas como en costumbres domésticas.. Más allá de creencias personales, esperar hasta el 2 de febrero puede entenderse también como una forma de alargar la sensación de calidez y recogimiento que aporta la decoración navideña en los meses más fríos del año. Para algunos, es una manera de despedirse del invierno con un último gesto simbólico antes de que la luz empiece a ganar terreno.
Aunque para muchos la Navidad termina con los Reyes Magos, una tradición centenaria señala otra fecha muy distinta para despedirse definitivamente de los adornos
Con la llegada de enero, la rutina vuelve a imponerse con rapidez. Las vacaciones quedan atrás, los horarios se normalizan y, probablemente el árbol de Navidad y las luces ya hayan desaparecido en buena parte de los salones de España. Sin embargo, si eres de los que no sabe cuándo se debe hacer y aún no lo has hecho, este gesto aparentemente práctico choca con una costumbre profundamente arraigada en la tradición cristiana europea, que prolonga el espíritu navideño bastante más allá de la Epifanía.. En distintos países y regiones, el calendario litúrgico marca un cierre simbólico de la Navidad que no coincide con el inicio del año laboral ni escolar. Este desfase entre la vida cotidiana y la tradición religiosa explica por qué, para muchas personas, quitar el árbol antes de una fecha concreta sigue considerándose precipitado.. En buena parte de España y de otros países del sur de Europa, el 6 de enero suele marcar el punto final de las celebraciones navideñas. Tras la llegada de los Reyes Magos, se guardan los adornos y se da por concluido el periodo festivo. Sin embargo, esta costumbre es relativamente reciente si se compara con el calendario tradicional de la Iglesia.. Durante siglos, la Navidad no se entendía como una celebración limitada a unas pocas semanas, sino como un ciclo que se extendía desde el nacimiento de Jesús hasta un momento clave de su infancia, cuarenta días después. Ese día concreto es el que explica por qué muchas familias esperan hasta febrero para retirar el árbol.. El 2 de febrero tiene lugar la festividad de la Candelaria, una celebración cristiana que conmemora la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. Según los evangelios, este acto tuvo lugar cuarenta días después de su nacimiento, cumpliendo con la ley judía de la época.. En la liturgia católica, la fecha también se asocia a la Purificación de María, ya que, según la tradición, era el momento en el que la madre acudía al templo tras el parto. De esta doble referencia nace el simbolismo de la fiesta y su importancia dentro del calendario religioso.. El nombre popular de la festividad, Candelaria, procede del uso ritual de las velas. Durante las celebraciones religiosas, las candelas se bendicen como símbolo de luz, pureza y protección. Esta luz representa, de forma simbólica, la llegada de Jesús al mundo y su reconocimiento público.. Desde esta perspectiva, mantener el árbol y los adornos navideños hasta el 2 de febrero no es solo una cuestión decorativa, sino una forma de acompañar ese ciclo simbólico de la luz que se prolonga más allá de diciembre y enero.. Esta visión explica por qué, históricamente, en muchos hogares el árbol permanecía decorado hasta febrero, incluso cuando ya no había celebraciones visibles en el día a día.. Hoy en día, mantener los adornos durante tanto tiempo no siempre resulta compatible con el ritmo actual. Tiramos de practicidad y solemos aprovechar el último día de vacaciones, el que las tiene, para retirar los adornos. Aun así, la tradición de la Candelaria sigue viva en muchas zonas, tanto en celebraciones religiosas como en costumbres domésticas.. Más allá de creencias personales, esperar hasta el 2 de febrero puede entenderse también como una forma de alargar la sensación de calidez y recogimiento que aporta la decoración navideña en los meses más fríos del año. Para algunos, es una manera de despedirse del invierno con un último gesto simbólico antes de que la luz empiece a ganar terreno.
Noticias de Sociedad en La Razón
