La desinformación ha dejado de ser únicamente un problema vinculado a la política o a las redes sociales para convertirse en una auténtica amenaza humanitaria. Ese es el principal mensaje que lanza el Informe Mundial sobre Desastres 2026 de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), presentado este martes en Madrid por Cruz Roja Española.. El estudio, bajo el título “Verdad, confianza y acción humanitaria en la era de la desinformación”, advierte de que la difusión de información falsa o manipulada está afectando de forma creciente a las operaciones de ayuda en todo el mundo, dificultando la actuación de las organizaciones humanitarias y poniendo en peligro tanto a las poblaciones vulnerables como a quienes trabajan para asistirlas.. “La información puede salvar vidas, pero también ponerlas en riesgo”, resume el informe, que identifica la desinformación como una de las grandes amenazas emergentes en un contexto internacional marcado por el aumento de los desastres naturales, los conflictos armados y las crisis humanitarias.. La presidenta de Cruz Roja Española, María del Mar Pageo, alertó durante la presentación de que las narrativas falsas se han convertido en un fenómeno global que genera “desprotección en personas en necesidad de ayuda” y aumenta los riesgos para el personal humanitario encargado de prestar asistencia.. Según el informe, la propagación de contenidos engañosos está erosionando la confianza en instituciones y organizaciones de ayuda precisamente en momentos en los que esa confianza resulta más necesaria. Además, en entornos cada vez más polarizados, principios fundamentales como la neutralidad o la imparcialidad de las organizaciones humanitarias son cuestionados o directamente atacados.. Uno de los ejemplos que recoge el documento se produjo en España tras las devastadoras inundaciones provocadas por la DANA en la Comunidad Valenciana. Durante aquellas semanas circularon por internet mensajes que aseguraban falsamente que Cruz Roja estaba ausente sobre el terreno, que simulaba actuaciones para hacerse fotografías, que desviaba ayudas hacia la población migrante o que utilizaba indebidamente los fondos recaudados.. Las consecuencias fueron mucho más allá de las redes sociales. Según recoge el informe, numerosos voluntarios sufrieron amenazas, acoso e incluso actos de vandalismo, una situación que complicó las labores de respuesta durante una emergencia todavía activa y afectó a la confianza de parte de la población en los equipos desplegados sobre el terreno.. Pero el caso español no es una excepción. El estudio recopila ejemplos similares en distintos continentes. En Sudán del Sur, rumores sobre supuestos alimentos envenenados distribuidos por organizaciones humanitarias provocaron que parte de la población evitara recibir ayuda alimentaria y desencadenaron amenazas contra trabajadores locales. En Sudán, informaciones manipuladas sobre el control de determinadas zonas llevaron a civiles a regresar prematuramente a áreas peligrosas o a retrasar evacuaciones.. En Líbano, durante la pandemia de Covid-19 y las sucesivas crisis que atravesó el país, llegaron a difundirse acusaciones falsas contra voluntarios de la Cruz Roja Libanesa, a quienes se señaló de propagar enfermedades o distribuir ayuda insegura. En Kenia, una sola publicación viral en redes sociales fue suficiente para poner en riesgo vehículos y equipos de emergencia que prestaban asistencia durante unas protestas políticas.. Los autores del informe subrayan que el fenómeno ha adquirido una dimensión global y que su impacto puede ser tan dañino como otras amenazas tradicionales. Los cortes de internet en Myanmar durante episodios de conflicto y catástrofes naturales dificultaron la emisión de alertas tempranas y la coordinación de rescates, mientras que en países como Canadá, Nueva Zelanda o Estados Unidos las campañas de desinformación afectaron a la percepción pública de las organizaciones de ayuda incluso durante grandes emergencias.. Ante este escenario, la Federación Internacional de la Cruz Roja considera imprescindible situar la confianza en el centro de la respuesta humanitaria. La organización reclama una mayor cooperación entre gobiernos, plataformas digitales, medios de comunicación, empresas tecnológicas y organizaciones sociales para detectar y combatir la desinformación antes de que sus consecuencias se traduzcan en daños reales para la población.. El informe plantea cinco grandes líneas de actuación: reforzar la confianza como elemento central de la acción humanitaria, considerar la información perjudicial como un riesgo sistémico, proteger la integridad de la información mediante el apoyo a medios independientes, reafirmar los principios humanitarios e impulsar alianzas estables entre administraciones públicas, empresas tecnológicas y comunidades locales.. Durante la presentación en Madrid, representantes de Cruz Roja, expertos en verificación informativa y profesionales de la comunicación coincidieron en que la lucha contra la desinformación exige un esfuerzo sostenido que combine tecnología, educación y participación ciudadana.. La advertencia llega en un momento especialmente sensible. En una sociedad hiperconectada, donde la información circula a velocidad instantánea y cualquier contenido puede alcanzar a millones de personas en cuestión de minutos, las organizaciones humanitarias alertan de que la batalla por la verdad se ha convertido también en una cuestión de protección civil y de seguridad para las poblaciones afectadas por crisis y catástrofes.. Porque, concluye el informe, cuando la confianza desaparece, la ayuda puede dejar de llegar a quienes más la necesitan.
El Informe Mundial sobre Desastres 2026 advierte de que los bulos durante emergencias erosionan la confianza, dificultan el acceso a la ayuda y llegan a provocar amenazas contra voluntarios y personal de asistencia.
La desinformación ha dejado de ser únicamente un problema vinculado a la política o a las redes sociales para convertirse en una auténtica amenaza humanitaria. Ese es el principal mensaje que lanza el Informe Mundial sobre Desastres 2026 de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), presentado este martes en Madrid por Cruz Roja Española.. El estudio, bajo el título “Verdad, confianza y acción humanitaria en la era de la desinformación”, advierte de que la difusión de información falsa o manipulada está afectando de forma creciente a las operaciones de ayuda en todo el mundo, dificultando la actuación de las organizaciones humanitarias y poniendo en peligro tanto a las poblaciones vulnerables como a quienes trabajan para asistirlas.. “La información puede salvar vidas, pero también ponerlas en riesgo”, resume el informe, que identifica la desinformación como una de las grandes amenazas emergentes en un contexto internacional marcado por el aumento de los desastres naturales, los conflictos armados y las crisis humanitarias.. La presidenta de Cruz Roja Española, María del Mar Pageo, alertó durante la presentación de que las narrativas falsas se han convertido en un fenómeno global que genera “desprotección en personas en necesidad de ayuda” y aumenta los riesgos para el personal humanitario encargado de prestar asistencia.. Según el informe, la propagación de contenidos engañosos está erosionando la confianza en instituciones y organizaciones de ayuda precisamente en momentos en los que esa confianza resulta más necesaria. Además, en entornos cada vez más polarizados, principios fundamentales como la neutralidad o la imparcialidad de las organizaciones humanitarias son cuestionados o directamente atacados.. Uno de los ejemplos que recoge el documento se produjo en España tras las devastadoras inundaciones provocadas por la DANA en la Comunidad Valenciana. Durante aquellas semanas circularon por internet mensajes que aseguraban falsamente que Cruz Roja estaba ausente sobre el terreno, que simulaba actuaciones para hacerse fotografías, que desviaba ayudas hacia la población migrante o que utilizaba indebidamente los fondos recaudados.. Las consecuencias fueron mucho más allá de las redes sociales. Según recoge el informe, numerosos voluntarios sufrieron amenazas, acoso e incluso actos de vandalismo, una situación que complicó las labores de respuesta durante una emergencia todavía activa y afectó a la confianza de parte de la población en los equipos desplegados sobre el terreno.. Pero el caso español no es una excepción. El estudio recopila ejemplos similares en distintos continentes. En Sudán del Sur, rumores sobre supuestos alimentos envenenados distribuidos por organizaciones humanitarias provocaron que parte de la población evitara recibir ayuda alimentaria y desencadenaron amenazas contra trabajadores locales. En Sudán, informaciones manipuladas sobre el control de determinadas zonas llevaron a civiles a regresar prematuramente a áreas peligrosas o a retrasar evacuaciones.. En Líbano, durante la pandemia de Covid-19 y las sucesivas crisis que atravesó el país, llegaron a difundirse acusaciones falsas contra voluntarios de la Cruz Roja Libanesa, a quienes se señaló de propagar enfermedades o distribuir ayuda insegura. En Kenia, una sola publicación viral en redes sociales fue suficiente para poner en riesgo vehículos y equipos de emergencia que prestaban asistencia durante unas protestas políticas.. Los autores del informe subrayan que el fenómeno ha adquirido una dimensión global y que su impacto puede ser tan dañino como otras amenazas tradicionales. Los cortes de internet en Myanmar durante episodios de conflicto y catástrofes naturales dificultaron la emisión de alertas tempranas y la coordinación de rescates, mientras que en países como Canadá, Nueva Zelanda o Estados Unidos las campañas de desinformación afectaron a la percepción pública de las organizaciones de ayuda incluso durante grandes emergencias.. Ante este escenario, la Federación Internacional de la Cruz Roja considera imprescindible situar la confianza en el centro de la respuesta humanitaria. La organización reclama una mayor cooperación entre gobiernos, plataformas digitales, medios de comunicación, empresas tecnológicas y organizaciones sociales para detectar y combatir la desinformación antes de que sus consecuencias se traduzcan en daños reales para la población.. El informe plantea cinco grandes líneas de actuación: reforzar la confianza como elemento central de la acción humanitaria, considerar la información perjudicial como un riesgo sistémico, proteger la integridad de la información mediante el apoyo a medios independientes, reafirmar los principios humanitarios e impulsar alianzas estables entre administraciones públicas, empresas tecnológicas y comunidades locales.. Durante la presentación en Madrid, representantes de Cruz Roja, expertos en verificación informativa y profesionales de la comunicación coincidieron en que la lucha contra la desinformación exige un esfuerzo sostenido que combine tecnología, educación y participación ciudadana.. La advertencia llega en un momento especialmente sensible. En una sociedad hiperconectada, donde la información circula a velocidad instantánea y cualquier contenido puede alcanzar a millones de personas en cuestión de minutos, las organizaciones humanitarias alertan de que la batalla por la verdad se ha convertido también en una cuestión de protección civil y de seguridad para las poblaciones afectadas por crisis y catástrofes.. Porque, concluye el informe, cuando la confianza desaparece, la ayuda puede dejar de llegar a quienes más la necesitan.
Noticias de Sociedad en La Razón
