Autoría: Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina. Dirección: Oriol Pla Solina. Reparto: Diana Pla, Oriol Pla Solina, Quimet Pla y Núria Solina. Teatro de la Abadía (Sala José Luis Alonso). Hasta el 24 de mayo.. La carrera de Oriol Pla pasa por un momento exultante de creatividad y de reconocimiento. Después de recalar en el Centro Dramático Nacional con ‘Gula’, que ha sido uno de los montajes más aplaudidos de la temporada -por el público en general y por los propios profesionales de las artes escénicas-, el actor y director catalán vuelve a dejarse ver en Madrid, concretamente en el Teatro de La Abadía, con otra joya que ya se exhibió la temporada pasada en esta misma sala y que ha agotado las localidades en un abrir y cerrar de ojos.. ‘Travy’, que así se llama este espectáculo, puede resumirse como un inteligente y merecido homenaje, rebosante de humor, imaginación y destreza técnica, al mundo del circo y de la interpretación. Un tributo que se concreta y ejemplifica en la propia familia del actor, dedicada desde hace muchísimos años al mundo del teatro y formada por Quimet Pla (su padre), Núria Solina (su madre) y Diana Pla Solina (su hermana).. Los cuatro protagonizan una deliciosa función más compleja de lo que aparenta, con varias capas de metateatralidad en su dramaturgia, que reflexiona con ironía y ternura sobre los inevitables cambios generacionales, sobre la evolución del propio teatro -en cuanto a corrientes y estilos- y sobre la cotidianidad, a veces surrealista, de unas personas unidas por la sangre y la profesión que pasan buena parte de su tiempo en común recabando ideas que puedan incorporar a sus quehaceres artísticos. Una loca y conmovedora burla de lo antiguo y lo moderno, lo clásico y lo contemporáneo, lo popular y lo culto, lo espontáneo y lo meditado, lo callejero y lo institucional, lo literario y lo físico, lo dramático y lo performativo… que se articula en una trama con un agudo y cómico guiño, por si no hubiera ya bastantes ingredientes, al género de la autoficción.. Porque lo que cuenta ‘Travy’, básicamente, es la historia de alguien, el propio Oriol Pla, que se dispone a hacer una obra con -y sobre- su propia familia, y que tiene que lidiar infructuosamente con ella para que el resultado esté a la altura de las expectativas. Se trata, en definitiva, del esquema argumental de cientos de historias prototípicas del mundo del clown y los payasos, pero complejizado aquí intelectualmente con extraordinario talento.. Un talento que no solo pertenece a Oriol Pla, dicho sea de paso, sino también a Pau Matas Nogué, que para eso es el coautor de la obra, como también lo es de ‘Gula’, y cuyo nombre, no sé muy bien por qué, está siendo a menudo obviado cuando se habla de estos dos montajes. La dramaturgia, qué duda cabe, tienen una importancia capital en los dos casos y es brillante en el fondo y la forma en ambas propuestas.. Lo mejor: La originalidad y riqueza dramatúrgica de la función y el bonito trabajo de los cuatro intérpretes para desdibujar las fronteras entre la persona y el artista, con especial atención a Quimet Pla y su imprevisible sentido de la comicidad.. Lo peor: Que la obra haya vuelto a Madrid y que otra vez tantísima gente que se haya quedado sin entradas. No se entiende bien que los programadores privados no se interesen por un éxito tan rotundo que daría, por otra parte, un poco de prestigio a sus depauperadas carteleras.
La carrera de Oriol Pla, aquí junto a su familia, pasa por un momento exultante de creatividad y de reconocimiento
Autoría: Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina. Dirección: Oriol Pla Solina. Reparto: Diana Pla, Oriol Pla Solina, Quimet Pla y Núria Solina. Teatro de la Abadía (Sala José Luis Alonso). Hasta el 24 de mayo.. La carrera de Oriol Pla pasa por un momento exultante de creatividad y de reconocimiento. Después de recalar en el Centro Dramático Nacional con ‘Gula’, que ha sido uno de los montajes más aplaudidos de la temporada -por el público en general y por los propios profesionales de las artes escénicas-, el actor y director catalán vuelve a dejarse ver en Madrid, concretamente en el Teatro de La Abadía, con otra joya que ya se exhibió la temporada pasada en esta misma sala y que ha agotado las localidades en un abrir y cerrar de ojos.. ‘Travy’, que así se llama este espectáculo, puede resumirse como un inteligente y merecido homenaje, rebosante de humor, imaginación y destreza técnica, al mundo del circo y de la interpretación. Un tributo que se concreta y ejemplifica en la propia familia del actor, dedicada desde hace muchísimos años al mundo del teatro y formada por Quimet Pla (su padre), Núria Solina (su madre) y Diana Pla Solina (su hermana).. Los cuatro protagonizan una deliciosa función más compleja de lo que aparenta, con varias capas de metateatralidad en su dramaturgia, que reflexiona con ironía y ternura sobre los inevitables cambios generacionales, sobre la evolución del propio teatro -en cuanto a corrientes y estilos- y sobre la cotidianidad, a veces surrealista, de unas personas unidas por la sangre y la profesión que pasan buena parte de su tiempo en común recabando ideas que puedan incorporar a sus quehaceres artísticos. Una loca y conmovedora burla de lo antiguo y lo moderno, lo clásico y lo contemporáneo, lo popular y lo culto, lo espontáneo y lo meditado, lo callejero y lo institucional, lo literario y lo físico, lo dramático y lo performativo… que se articula en una trama con un agudo y cómico guiño, por si no hubiera ya bastantes ingredientes, al género de la autoficción.. Porque lo que cuenta ‘Travy’, básicamente, es la historia de alguien, el propio Oriol Pla, que se dispone a hacer una obra con -y sobre- su propia familia, y que tiene que lidiar infructuosamente con ella para que el resultado esté a la altura de las expectativas. Se trata, en definitiva, del esquema argumental de cientos de historias prototípicas del mundo del clown y los payasos, pero complejizado aquí intelectualmente con extraordinario talento.. Un talento que no solo pertenece a Oriol Pla, dicho sea de paso, sino también a Pau Matas Nogué, que para eso es el coautor de la obra, como también lo es de ‘Gula’, y cuyo nombre, no sé muy bien por qué, está siendo a menudo obviado cuando se habla de estos dos montajes. La dramaturgia, qué duda cabe, tienen una importancia capital en los dos casos y es brillante en el fondo y la forma en ambas propuestas.. Lo mejor: La originalidad y riqueza dramatúrgica de la función y el bonito trabajo de los cuatro intérpretes para desdibujar las fronteras entre la persona y el artista, con especial atención a Quimet Pla y su imprevisible sentido de la comicidad.. Lo peor: Que la obra haya vuelto a Madrid y que otra vez tantísima gente que se haya quedado sin entradas. No se entiende bien que los programadores privados no se interesen por un éxito tan rotundo que daría, por otra parte, un poco de prestigio a sus depauperadas carteleras.
Noticias de cultura en La Razón
