No hay resurrección sin muerte, pero entonces, ¿el cine ha muerto? Quizás Bi Gan crea que él es su doctor Frankenstein, el único que, en la mejor tradición posmoderna, puede devolverle la sangre en las venas cosiendo trozos de aquí y de allá, construyendo otro cuerpo del cine capaz de echarse a andar cuando come luz y vomita sombras chinescas. Quizás el gesto de Bi Gan es tan generoso como prepotente, porque está seguro de que, imbuido de un poder cuasi divino, puede obrar milagros. “Resurrection” nos demuestra que el cine no está muerto porque Bi Gan así lo ha querido.. Sin embargo, saborea, acaricia, escucha, mira, huele. El cine es un cuerpo que siente, porque ahora, en su nueva existencia, no puede entenderse sino como una experiencia háptica, que se desprende de la hegemonía de lo ocular para abrirse a una percepción total, cósmica. Por ello el viaje que nos proponen los cinco capítulos de “Resurrection” corresponde a cada uno de los cinco sentidos, que a su vez remiten a un estilo, a una narrativa que condensa una manera de entender la historia del cine. El cine es, según la metáfora de Bi Gan, la manifestación barroca de un sueño en un mundo en el que soñar es pecado, un tabú.. Cada género, cada época -desde el expresionismo con desvíos meliesianos al film noir lluvioso y crepuscular, pasando por la fábula vampírica postapocalíptica que se despliega ante nuestros ojos como un plano secuencia de cuarenta minutos, un autohomenaje al ‘tour de force’ de “Largo viaje hacia la noche”, la anterior película de Gan-, se convierten así en un escalón más hacia la sabiduría, aunque en muchas ocasiones “Resurrection” parezca navegar a la deriva, haciendo del deambular su mayor atractivo. Frente a la jerarquía de lo vertical, Bi Gan propone espacializar el tiempo y cultivar la democracia de lo transversal.. No siempre las desbordantes ambiciones formales de la película encuentran un cauce poético a la altura de sus objetivos, aunque tiene momentos inolvidables, en particular el que se articula alrededor del olfato de una niña que tiene que servir para que un padre se reconcilie con la memoria de su hija o el amanecer que dos vampiros deciden compartir al filo de lo imposible, sin que haya cortes de montaje que clausuren su mirada. Es entonces cuando el romanticismo de Bi Gan alcanza la épica con la que sueña, en la emoción pura de un delirio abrumador.. Lo mejor:. La generosidad de su poética, y el riesgo de su despliegue formal.. Lo peor:. A veces la saturación de registros y estilos está a punto de ir en su contra.
Dirección y guion: Bi Gan. Intérpretes: Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Li Gengxi, Hao Lei, Zhang Yi, Dong Zijian, Lee Hong-Chi. Música: M83. Fotografía: Dong Jingsong. China, 2025. Duración: 160 minutos. Ciencia ficción.
No hay resurrección sin muerte, pero entonces, ¿el cine ha muerto? Quizás Bi Gan crea que él es su doctor Frankenstein, el único que, en la mejor tradición posmoderna, puede devolverle la sangre en las venas cosiendo trozos de aquí y de allá, construyendo otro cuerpo del cine capaz de echarse a andar cuando come luz y vomita sombras chinescas. Quizás el gesto de Bi Gan es tan generoso como prepotente, porque está seguro de que, imbuido de un poder cuasi divino, puede obrar milagros. “Resurrection” nos demuestra que el cine no está muerto porque Bi Gan así lo ha querido.. Sin embargo, saborea, acaricia, escucha, mira, huele. El cine es un cuerpo que siente, porque ahora, en su nueva existencia, no puede entenderse sino como una experiencia háptica, que se desprende de la hegemonía de lo ocular para abrirse a una percepción total, cósmica. Por ello el viaje que nos proponen los cinco capítulos de “Resurrection” corresponde a cada uno de los cinco sentidos, que a su vez remiten a un estilo, a una narrativa que condensa una manera de entender la historia del cine. El cine es, según la metáfora de Bi Gan, la manifestación barroca de un sueño en un mundo en el que soñar es pecado, un tabú.. Cada género, cada época -desde el expresionismo con desvíos meliesianos al film noir lluvioso y crepuscular, pasando por la fábula vampírica postapocalíptica que se despliega ante nuestros ojos como un plano secuencia de cuarenta minutos, un autohomenaje al ‘tour de force’ de “Largo viaje hacia la noche”, la anterior película de Gan-, se convierten así en un escalón más hacia la sabiduría, aunque en muchas ocasiones “Resurrection” parezca navegar a la deriva, haciendo del deambular su mayor atractivo. Frente a la jerarquía de lo vertical, Bi Gan propone espacializar el tiempo y cultivar la democracia de lo transversal.. No siempre las desbordantes ambiciones formales de la película encuentran un cauce poético a la altura de sus objetivos, aunque tiene momentos inolvidables, en particular el que se articula alrededor del olfato de una niña que tiene que servir para que un padre se reconcilie con la memoria de su hija o el amanecer que dos vampiros deciden compartir al filo de lo imposible, sin que haya cortes de montaje que clausuren su mirada. Es entonces cuando el romanticismo de Bi Gan alcanza la épica con la que sueña, en la emoción pura de un delirio abrumador.. Lo mejor:. La generosidad de su poética, y el riesgo de su despliegue formal.. Lo peor:. A veces la saturación de registros y estilos está a punto de ir en su contra.
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