No es casual que una de las estrellas invitadas de “Nouvelle Vague” sea Roberto Rossellini, el padre del Neorrealismo que los jóvenes cachorros de Cahiers du Cinéma bautizaron como inventor del cine moderno. Es con él con quién Richard Linklater se identifica cuando le hace decir ante los miembros de la redacción de la revista que siempre quiso crear un movimiento, aunque sus esfuerzos habían sido, de momento, en vano: eso solo puede lograrse cuando uno se coloca en una posición fija, y Rossellini (como Linklater), en sí mismo, era puro cambio. El director de “Boyhood” sabe que la Nouvelle Vague fue un sumatorio de individualidades, tanto como lo fue el mal llamado cine independiente americano que acogió la existencia de “Slacker” o “Movida del 76”. Ahí es donde Linklater se encuentra también con Godard: en la autonomía de un talento ejercido desde la más joven, entusiasta de las libertades.. Pero, y volviendo a Rossellini, el que esto suscribe tiene la impresión de que el más realista de los cineastas contemporáneos no ha hecho una película nostálgica. Acaso ha hecho lo contrario, algo así como su versión de “La toma de poder por Luis XIV”, aquella memorable obra maestra en la que el cineasta italiano explicaba el triunfo del absolutismo en la corte de Versalles como si estuviera ocurriendo en presente, como si la Historia se invocara desde el aquí y ahora.. Es la misma sensación que obtenemos de ver este ‘making of’ de los diecisiete días de rodaje de “Al final de la escapada”, el célebre debut en el largo de Godard: que ese momento mítico de la historia del cine se reconstruye ante nuestros ojos como si el cine tuviera la capacidad de hacer que el pasado se conjugue presente, y en ese viaje en el tiempo verbal se recupere la frescura del gesto, algo así como su contemporaneidad.. En “Nouvelle Vague” no hay plagio ni revolución: por un lado, su manera de entender la copia es fiel a su objeto de estudio, lleva al extremo la intertextualidad godardiana minimizando la dramaturgia del acto, y, por otro, sublima la modestia de una película que, en secreto, aspira a hacernos vivir la belleza de la cinefilia como si la descubriéramos por primera vez.. Lo mejor:. Es una reconstrucción antinostálgica, con el fin de hacernos sentir espectadores privilegiados de un momento histórico que se desentraña en presente.. Lo peor:. Es una película que se disfruta mucho más conociendo sus abundantes guiños cinéfilos.
Dirección: Richard Linklater. Guion: Holly Gent Palmo, Richard Linklater, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr., Michèle Pétin. Intérpretes: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Adrien Rouyard. Francia, 2025. Duración: 106 minutos. Biopic.
No es casual que una de las estrellas invitadas de “Nouvelle Vague” sea Roberto Rossellini, el padre del Neorrealismo que los jóvenes cachorros de Cahiers du Cinéma bautizaron como inventor del cine moderno. Es con él con quién Richard Linklater se identifica cuando le hace decir ante los miembros de la redacción de la revista que siempre quiso crear un movimiento, aunque sus esfuerzos habían sido, de momento, en vano: eso solo puede lograrse cuando uno se coloca en una posición fija, y Rossellini (como Linklater), en sí mismo, era puro cambio. El director de “Boyhood” sabe que la Nouvelle Vague fue un sumatorio de individualidades, tanto como lo fue el mal llamado cine independiente americano que acogió la existencia de “Slacker” o “Movida del 76”. Ahí es donde Linklater se encuentra también con Godard: en la autonomía de un talento ejercido desde la más joven, entusiasta de las libertades.. Pero, y volviendo a Rossellini, el que esto suscribe tiene la impresión de que el más realista de los cineastas contemporáneos no ha hecho una película nostálgica. Acaso ha hecho lo contrario, algo así como su versión de “La toma de poder por Luis XIV”, aquella memorable obra maestra en la que el cineasta italiano explicaba el triunfo del absolutismo en la corte de Versalles como si estuviera ocurriendo en presente, como si la Historia se invocara desde el aquí y ahora.. Es la misma sensación que obtenemos de ver este ‘making of’ de los diecisiete días de rodaje de “Al final de la escapada”, el célebre debut en el largo de Godard: que ese momento mítico de la historia del cine se reconstruye ante nuestros ojos como si el cine tuviera la capacidad de hacer que el pasado se conjugue presente, y en ese viaje en el tiempo verbal se recupere la frescura del gesto, algo así como su contemporaneidad.. En “Nouvelle Vague” no hay plagio ni revolución: por un lado, su manera de entender la copia es fiel a su objeto de estudio, lleva al extremo la intertextualidad godardiana minimizando la dramaturgia del acto, y, por otro, sublima la modestia de una película que, en secreto, aspira a hacernos vivir la belleza de la cinefilia como si la descubriéramos por primera vez.. Lo mejor:. Es una reconstrucción antinostálgica, con el fin de hacernos sentir espectadores privilegiados de un momento histórico que se desentraña en presente.. Lo peor:. Es una película que se disfruta mucho más conociendo sus abundantes guiños cinéfilos.
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