Durante décadas, la participación de republicanos españoles en la liberación de París permaneció en un discreto segundo plano. Hoy «La Nueve» se ha convertido en uno de los símbolos más citados de aquel episodio. El historiador Joaquín Mañes revisa en su nuevo libro, «Los españoles del general Leclerc», las fuentes y los documentos que permiten entender qué ocurrió realmente con aquellos combatientes y qué parte del relato posterior pertenece más al mito que a la historia.. En la liberación de París, ¿qué papel tuvieron realmente los españoles de «La Nueve»?. El de una gran fuerza simbólica. Fue una de las primeras unidades francesas que llegó hasta el Ayuntamiento de la capital francesa en la tarde-noche del 24 de agosto de 1944. Integrados en el destacamento francés, 68 españoles fueron emblema de la libertad recuperada por los parisinos. Aquella noche no hubo lucha, solo emoción y euforia en esos españoles a los que el destino les había regalado el protagonismo de un hecho histórico tan relevante.. Su libro revisa varios mitos sobre «La Nueve». ¿Cuáles?. Por ejemplo, el hecho de que realmente no fueron tantos los españoles que entraron en París. A la cifra anteriormente indicada habría que añadir los que llegaron el 25 de agosto con el resto de la compañía, lo que no suponía más de 122 compatriotas en La Nueve. Y no fueron los únicos, pues estaban integrados en unidades de más envergadura del Ejército francés. Otro mito ha sido el de la rendición del gobernador alemán ante un español, Antonio Gutiérrez, algo que en realidad pertenece más a la leyenda que a los hechos. También se ha repetido mucho que los españoles de La Nueve que llegaron a Berchtesgaden fueron 16, cuando en realidad fueron 39 los que terminaron la guerra en condiciones de luchar. Se han construido algunos mitos para magnificar su papel en el conflicto mundial, pero lo cierto es que, con lo que realmente hicieron, su aventura bélica resulta ya de por sí magnífica.. En la compañía convivían anarquistas, socialistas, republicanos y hombres sin militancia política clara. ¿Cómo funcionaba esa diversidad dentro de la unidad?. Por encima de las adscripciones ideológicas está la solidaridad con el compañero, la camaradería del combatiente, la amistad forjada entre soldados y el instinto de supervivencia. En una guerra todo se relativiza y lo que no sea permanecer con vida carece de importancia.. Tras la derrota, el exilio y los campos de internamiento, ¿qué les empujaba a luchar?. Aunque pueda parecer contradictorio, lo que realmente querían nuestros compatriotas era sobrevivir. Perseguían vivir y hacerlo con dignidad, la que les otorgaba el ser soldados de un ejército aliado, luchadores contra la Alemania nazi.. En España el término memoria histórica sigue generando mucho debate. ¿Dónde situaría usted la frontera entre memoria, historia y política?. La memoria no se puede adjetivar. Hay diferentes tipos de memoria, como la sensorial, pero a la memoria no cabe calificarla. Más que una frontera entre historia, memoria y política, diría que lo que hay es una secuencia: la historia se sostiene sobre la memoria, que nos permite recordar hechos pasados, y la política está, desgraciadamente, para tergiversarlos.. ¿Hubo alguna historia que le impresionara especialmente?. Sí, el recorrido vital de Miguel Campos, un suboficial de un arrojo sin igual que incluso asombraba a sus propios compañeros y cuyo final dio lugar al nacimiento de su leyenda. Y también el perfil del teniente Amado Granell Mesado, un español con una vida muy interesante, el único que llegó a estar al frente de una unidad de combate de un ejército aliado durante la Segunda Guerra Mundial.. Cuando se estudian trayectorias como la de estos combatientes republicanos en el exilio, ¿también se está reconstruyendo la historia de los vencidos?. Sí, efectivamente. Estudiar a esos combatientes republicanos en el exilio permite rescatar trayectorias que durante mucho tiempo quedaron en los márgenes del gran relato. Pero hacerlo exige rigor, documentos y distancia frente a cualquier tentación de convertir la historia en una herramienta de parte.. En las últimas semanas han reaparecido documentos y debates sobre episodios como el 23-F. ¿Hasta qué punto nuevos archivos pueden cambiar lo que creemos saber del pasado?. Los archivos son útiles cuando la historia, por su transmisión eminentemente verbal, se ha construido sobre mistificaciones. Entonces los documentos vienen a resarcir a la propia historia en la verdad. La historia, para calificarse de tal, debe sustentarse en cierto trazado probatorio.. ¿Entendemos hoy mejor la historia reciente de España?. En absoluto. Como sociedad vamos para atrás. No cabe reescribir la historia: esta es la que es. Lo que no se puede hacer es escribir un relato conforme a intereses y deseos para que sustituya a la historia como tal. A la historia no le caben, en ningún caso, juicios de valor desde principios de contenido ideológico y prejuicios sociales del presente. Desde la Guerra Civil hasta el episodio del 23-F, España ha vivido momentos trascendentales, cierto, pero con una clara vocación de seguir adelante, de avanzar; no se había detenido para mirar atrás. Ahora sí, y es una tragedia.
El historiador Joaquín Mañes revisa en «Los españoles del general Leclerc» algunos episodios de los combatientes que participaron en la liberación de París
Durante décadas, la participación de republicanos españoles en la liberación de París permaneció en un discreto segundo plano. Hoy «La Nueve» se ha convertido en uno de los símbolos más citados de aquel episodio. El historiador Joaquín Mañes revisa en su nuevo libro, «Los españoles del general Leclerc», las fuentes y los documentos que permiten entender qué ocurrió realmente con aquellos combatientes y qué parte del relato posterior pertenece más al mito que a la historia.. En la liberación de París, ¿qué papel tuvieron realmente los españoles de «La Nueve»?. El de una gran fuerza simbólica. Fue una de las primeras unidades francesas que llegó hasta el Ayuntamiento de la capital francesa en la tarde-noche del 24 de agosto de 1944. Integrados en el destacamento francés, 68 españoles fueron emblema de la libertad recuperada por los parisinos. Aquella noche no hubo lucha, solo emoción y euforia en esos españoles a los que el destino les había regalado el protagonismo de un hecho histórico tan relevante.. Su libro revisa varios mitos sobre «La Nueve». ¿Cuáles?. Por ejemplo, el hecho de que realmente no fueron tantos los españoles que entraron en París. A la cifra anteriormente indicada habría que añadir los que llegaron el 25 de agosto con el resto de la compañía, lo que no suponía más de 122 compatriotas en La Nueve. Y no fueron los únicos, pues estaban integrados en unidades de más envergadura del Ejército francés. Otro mito ha sido el de la rendición del gobernador alemán ante un español, Antonio Gutiérrez, algo que en realidad pertenece más a la leyenda que a los hechos. También se ha repetido mucho que los españoles de La Nueve que llegaron a Berchtesgaden fueron 16, cuando en realidad fueron 39 los que terminaron la guerra en condiciones de luchar. Se han construido algunos mitos para magnificar su papel en el conflicto mundial, pero lo cierto es que, con lo que realmente hicieron, su aventura bélica resulta ya de por sí magnífica.. En la compañía convivían anarquistas, socialistas, republicanos y hombres sin militancia política clara. ¿Cómo funcionaba esa diversidad dentro de la unidad?. Por encima de las adscripciones ideológicas está la solidaridad con el compañero, la camaradería del combatiente, la amistad forjada entre soldados y el instinto de supervivencia. En una guerra todo se relativiza y lo que no sea permanecer con vida carece de importancia.. Tras la derrota, el exilio y los campos de internamiento, ¿qué les empujaba a luchar?. Aunque pueda parecer contradictorio, lo que realmente querían nuestros compatriotas era sobrevivir. Perseguían vivir y hacerlo con dignidad, la que les otorgaba el ser soldados de un ejército aliado, luchadores contra la Alemania nazi.. En España el término memoria histórica sigue generando mucho debate. ¿Dónde situaría usted la frontera entre memoria, historia y política?. La memoria no se puede adjetivar. Hay diferentes tipos de memoria, como la sensorial, pero a la memoria no cabe calificarla. Más que una frontera entre historia, memoria y política, diría que lo que hay es una secuencia: la historia se sostiene sobre la memoria, que nos permite recordar hechos pasados, y la política está, desgraciadamente, para tergiversarlos.. ¿Hubo alguna historia que le impresionara especialmente?. Sí, el recorrido vital de Miguel Campos, un suboficial de un arrojo sin igual que incluso asombraba a sus propios compañeros y cuyo final dio lugar al nacimiento de su leyenda. Y también el perfil del teniente Amado Granell Mesado, un español con una vida muy interesante, el único que llegó a estar al frente de una unidad de combate de un ejército aliado durante la Segunda Guerra Mundial.. Cuando se estudian trayectorias como la de estos combatientes republicanos en el exilio, ¿también se está reconstruyendo la historia de los vencidos?. Sí, efectivamente. Estudiar a esos combatientes republicanos en el exilio permite rescatar trayectorias que durante mucho tiempo quedaron en los márgenes del gran relato. Pero hacerlo exige rigor, documentos y distancia frente a cualquier tentación de convertir la historia en una herramienta de parte.. En las últimas semanas han reaparecido documentos y debates sobre episodios como el 23-F. ¿Hasta qué punto nuevos archivos pueden cambiar lo que creemos saber del pasado?. Los archivos son útiles cuando la historia, por su transmisión eminentemente verbal, se ha construido sobre mistificaciones. Entonces los documentos vienen a resarcir a la propia historia en la verdad. La historia, para calificarse de tal, debe sustentarse en cierto trazado probatorio.. ¿Entendemos hoy mejor la historia reciente de España?. En absoluto. Como sociedad vamos para atrás. No cabe reescribir la historia: esta es la que es. Lo que no se puede hacer es escribir un relato conforme a intereses y deseos para que sustituya a la historia como tal. A la historia no le caben, en ningún caso, juicios de valor desde principios de contenido ideológico y prejuicios sociales del presente. Desde la Guerra Civil hasta el episodio del 23-F, España ha vivido momentos trascendentales, cierto, pero con una clara vocación de seguir adelante, de avanzar; no se había detenido para mirar atrás. Ahora sí, y es una tragedia.
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