En una era de notificaciones constantes, gratificación instantánea y presión social por la felicidad perpetua, una máxima acuñada hace más de dos milenios por Platón resuena con una fuerza sorprendente: «La primera y mayor victoria es vencerse a uno mismo».. Esta idea, central en su filosofía, no es un llamado a la represión, es una invitación a un gobierno interior donde la razón guíe nuestras emociones y deseos, un concepto que los griegos llamaban akrasia o debilidad de la voluntad, y que hoy reconocemos en la procrastinación o en la dificultad para gestionar impulsos. En tiempos de incertidumbre, como los que vivimos, los filósofos señalan que volver a estas preguntas fundamentales no es un lujo, se trata de una necesidad para navegar la complejidad de nuestro mundo.. Para Platón, esta victoria sobre uno mismo era la base de toda vida virtuosa y el fundamento de una sociedad justa. El filósofo entendía que, sin este autodominio, el ser humano se convierte en «esclavo de sí mismo», dominado por pasiones, prejuicios y vicios que le impiden actuar con libertad y cordura.. Esta lucha interior es, por tanto, el primer y más esencial campo de batalla, previo a cualquier otro logro significativo en la vida social, profesional o personal. Contrario a lo que podría pensarse, esta visión no busca anular la emoción, pretende ordenar la vida interior para que la razón, en diálogo con el sentimiento, tome las riendas.. De la teoría a la práctica: estrategias cotidianas para el autogobierno. Aplicar esta máxima hoy implica transformar una idea abstracta en acciones concretas. Quizás el primer paso es adoptar una actitud de reflexión y cuestionamiento constante sobre nuestras propias decisiones. ¿Actuamos por impulso o por convicción? ¿Nos dejamos llevar por la inercia o elegimos con propósito? Un método eficaz es el «examen socrático» aplicado a uno mismo: dedicar un momento al final del día a preguntarnos honestamente en qué situaciones hemos sido gobernados por nuestras pasiones y en cuáles hemos logrado el autodominio.. Otra estrategia poderosa, inspirada tanto en Platón como en los estoicos posteriores, es aprender a distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. Gran parte de nuestra ansiedad y desgaste surge de intentar controlar lo incontrolable (las opiniones ajenas, los eventos externos), mientras descuidamos el gobierno de lo único que realmente está en nuestro poder: nuestros pensamientos, juicios y reacciones.. Ante un estímulo que despierta ira o ansiedad, la práctica filosófica nos invita a hacer una pausa, observar el impulso y, desde la razón, elegir la respuesta más constructiva. Este espacio entre estímulo y respuesta es el terreno donde se gana la victoria sobre uno mismo.. Esta conquista interior, lejos de ser un fin egoísta, tiene profundas repercusiones sociales, como señalaba Platón, una sociedad compuesta por individuos que se gobiernan a sí mismos es una sociedad más justa y armoniosa. En un mundo hiperconectado pero a menudo superficial, cultivar el autodominio significa recuperar la capacidad de atención profunda, de escucha activa y de diálogo razonado, alejándonos de los prejuicios y las reacciones viscerales.
La antigua sabiduría del filósofo griego sobre el autodominio es un antídoto perfecto para el mundo moderno, ofreciendo un camino hacia la libertad personal mediante el gobierno de nuestras propias pasiones y la reflexión constante
En una era de notificaciones constantes, gratificación instantánea y presión social por la felicidad perpetua, una máxima acuñada hace más de dos milenios por Platón resuena con una fuerza sorprendente: «La primera y mayor victoria es vencerse a uno mismo».. Esta idea, central en su filosofía, no es un llamado a la represión, es una invitación a un gobierno interior donde la razón guíe nuestras emociones y deseos, un concepto que los griegos llamaban akrasia o debilidad de la voluntad, y que hoy reconocemos en la procrastinación o en la dificultad para gestionar impulsos. En tiempos de incertidumbre, como los que vivimos, los filósofos señalan que volver a estas preguntas fundamentales no es un lujo, se trata de una necesidad para navegar la complejidad de nuestro mundo.. Para Platón, esta victoria sobre uno mismo era la base de toda vida virtuosa y el fundamento de una sociedad justa. El filósofo entendía que, sin este autodominio, el ser humano se convierte en «esclavo de sí mismo», dominado por pasiones, prejuicios y vicios que le impiden actuar con libertad y cordura.. Esta lucha interior es, por tanto, el primer y más esencial campo de batalla, previo a cualquier otro logro significativo en la vida social, profesional o personal. Contrario a lo que podría pensarse, esta visión no busca anular la emoción, pretende ordenar la vida interior para que la razón, en diálogo con el sentimiento, tome las riendas.. Aplicar esta máxima hoy implica transformar una idea abstracta en acciones concretas. Quizás el primer paso es adoptar una actitud de reflexión y cuestionamiento constante sobre nuestras propias decisiones. ¿Actuamos por impulso o por convicción? ¿Nos dejamos llevar por la inercia o elegimos con propósito? Un método eficaz es el «examen socrático» aplicado a uno mismo: dedicar un momento al final del día a preguntarnos honestamente en qué situaciones hemos sido gobernados por nuestras pasiones y en cuáles hemos logrado el autodominio.. Otra estrategia poderosa, inspirada tanto en Platón como en los estoicos posteriores, es aprender a distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. Gran parte de nuestra ansiedad y desgaste surge de intentar controlar lo incontrolable (las opiniones ajenas, los eventos externos), mientras descuidamos el gobierno de lo único que realmente está en nuestro poder: nuestros pensamientos, juicios y reacciones.. Ante un estímulo que despierta ira o ansiedad, la práctica filosófica nos invita a hacer una pausa, observar el impulso y, desde la razón, elegir la respuesta más constructiva. Este espacio entre estímulo y respuesta es el terreno donde se gana la victoria sobre uno mismo.. Esta conquista interior, lejos de ser un fin egoísta, tiene profundas repercusiones sociales, como señalaba Platón, una sociedad compuesta por individuos que se gobiernan a sí mismos es una sociedad más justa y armoniosa. En un mundo hiperconectado pero a menudo superficial, cultivar el autodominio significa recuperar la capacidad de atención profunda, de escucha activa y de diálogo razonado, alejándonos de los prejuicios y las reacciones viscerales.
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