Una exposición recorre la vida de la duquesa de Alba a través del arte, la alta costura, cartas y objetos personales
Al entrar en «Cayetana. Grande de España», en el Palacio de Liria, se hace difícil separar la exposición de la mujer que la inspira. Muchos de los cuadros pertenecieron a sus antepasados, las habitaciones fueron su casa, algunos vestidos salieron de sus armarios y buena parte de las cartas que hoy se contemplan en vitrinas fueron escritas a mano por ella. «La colección condensa la esencia de Cayetana. Lo personal, lo histórico y lo cultural», zanjan Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz a LA RAZÓN después del recorrido.. Como comisarias de la muestra que hoy se inaugura, han pasado tres años revolviendo archivos y álbumes familiares. La primera parada ayuda a entender a la duquesa de Alba en toda su dimensión. Zuloaga pintó a Cayetana de niña. En uno de los retratos aparece a caballo en 1930 y años después volvería a retratarla adolescente. La pequeña modelo no se lo puso fácil. «Mi madre se aburría durante aquellas sesiones y no dejaba de moverse. Decía que más que el caballo», recuerda divertida la duquesa de Montoro. Tanto debió desesperar al pintor que prometió no volver a pintar a una niña. Cayetana terminó enviándole una carta de disculpa que hoy forma parte de la colección.. Mariano Benlliure también la esculpió siendo niña. Después Cecil Beaton, Juan Gyenes y Richard Avedon la retrataron con sus cámaras. Quién no consiguió su propósito fue Picasso. Luis Miguel Dominguín trasladó a Cayetana la propuesta del malagueño. «Quería pintarla como Goya a su Maja, desnuda. Mi padre, Luis Martínez de Irujo, no estuvo de acuerdo. Tampoco ella aceptó entonces, aunque con los años lo lamentó», cuenta su hija sin demasiadas vueltas. Son historias que sirven para entender el sentido de la exposición. «Cayetana perteneció a una dinastía que llevaba siglos sumergida en el arte y trasladó esa tradición al lenguaje del siglo XX. No se limitó a vivir rodeada de patrimonio. Era consciente del valor cultural e histórico de su imagen», explica Carrillo de Albornoz.. La exposición, que llega a Liria después de su primera etapa en Las Dueñas, tiene como eje esa transformación. En Sevilla aparecía la Cayetana más flamenca y sentimental. En Madrid vuelve a la casa donde la genealogía pesa de otra manera. A medida que avanzamos aparecen fotografías poco vistas, documentos familiares, correspondencia, vestidos y piezas que dan fe de su actividad como pintora y coleccionista.. Del arte a la alta costura. «Los Alba poseían siglos de arte, pero ella siguió comprando. Incorporó obras de Courbet, Corot, impresionistas, Esquivel, Julio Romero de Torres o Anglada Camarasa. Pintó además durante años y tuvo su propio estudio en el palacio», relatan las comisarias. Nos invitan a detenernos en su propia obra y también en la moda. Dior, Givenchy y otros grandes nombres. En 1959, Dior usó el Palacio de Liria como pasarela para un desfile benéfico. Al frente creativo estaba un jovencísimo Yves Saint Laurent, que aparece fotografiado junto a Cayetana.. «Recibía a reyes, artistas y toreros, y contestaba a mano todas las cartas que llegaban al palacio». Ahora es su hija quien responde por ella. Entre las vitrinas aparece la correspondencia de Jackie Kennedy, que pasó varios días en Las Dueñas en 1966. Quedaron fotografías en los toros, paseos a caballo y unas palabras afectuosas en la que evocó aquella estancia casi como un cuento de hadas. Hay documentos de Isabel II, recuerdos familiares y la portada de «Life» de 1964 con Cayetana, su marido y varios de sus hijos.. La novedad de Liria aparece a mitad de recorrido con un capítulo dedicado a los 70 años de la reconstrucción del palacio, terminada en 1956. «Ahí aparece la fortaleza de Cayetana. Liria había quedado destruido durante la Guerra Civil. Solo permanecían en pie las fachadas y Jacobo Fitz-James Stuart, mi abuelo, inició la reconstrucción. Murió sin verla terminada y mis padres culminaron el proyecto. Redecoraron las estancias y reorganizaron las colecciones», explica Eugenia al hablar de la responsabilidad de los hijos de conservar, ampliar y entregar el patrimonio a las generaciones siguientes.. Dónde: Palacio de Liria. Madrid.. Cuándo: hasta el 31 de enero de 2027.. Cuánto: 20-22 euros.
Arte
Al entrar en «Cayetana. Grande de España», en el Palacio de Liria, se hace difícil separar la exposición de la mujer que la inspira. Muchos de los cuadros pertenecieron a sus antepasados, las habitaciones fueron su casa, algunos vestidos salieron de sus armarios y buena parte de las cartas que hoy se contemplan en vitrinas fueron escritas a mano por ella. «La colección condensa la esencia de Cayetana. Lo personal, lo histórico y lo cultural», zanjan Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz a LA RAZÓN después del recorrido.. Como comisarias de la muestra que hoy se inaugura, han pasado tres años revolviendo archivos y álbumes familiares. La primera parada ayuda a entender a la duquesa de Alba en toda su dimensión. Zuloaga pintó a Cayetana de niña. En uno de los retratos aparece a caballo en 1930 y años después volvería a retratarla adolescente. La pequeña modelo no se lo puso fácil. «Mi madre se aburría durante aquellas sesiones y no dejaba de moverse. Decía que más que el caballo», recuerda divertida la duquesa de Montoro. Tanto debió desesperar al pintor que prometió no volver a pintar a una niña. Cayetana terminó enviándole una carta de disculpa que hoy forma parte de la colección.. Mariano Benlliure también la esculpió siendo niña. Después Cecil Beaton, Juan Gyenes y Richard Avedon la retrataron con sus cámaras. Quién no consiguió su propósito fue Picasso. Luis Miguel Dominguín trasladó a Cayetana la propuesta del malagueño. «Quería pintarla como Goya a su Maja, desnuda. Mi padre, Luis Martínez de Irujo, no estuvo de acuerdo. Tampoco ella aceptó entonces, aunque con los años lo lamentó», cuenta su hija sin demasiadas vueltas. Son historias que sirven para entender el sentido de la exposición. «Cayetana perteneció a una dinastía que llevaba siglos sumergida en el arte y trasladó esa tradición al lenguaje del siglo XX. No se limitó a vivir rodeada de patrimonio. Era consciente del valor cultural e histórico de su imagen», explica Carrillo de Albornoz.. La exposición, que llega a Liria después de su primera etapa en Las Dueñas, tiene como eje esa transformación. En Sevilla aparecía la Cayetana más flamenca y sentimental. En Madrid vuelve a la casa donde la genealogía pesa de otra manera. A medida que avanzamos aparecen fotografías poco vistas, documentos familiares, correspondencia, vestidos y piezas que dan fe de su actividad como pintora y coleccionista.. «Los Alba poseían siglos de arte, pero ella siguió comprando. Incorporó obras de Courbet, Corot, impresionistas, Esquivel, Julio Romero de Torres o Anglada Camarasa. Pintó además durante años y tuvo su propio estudio en el palacio», relatan las comisarias. Nos invitan a detenernos en su propia obra y también en la moda. Dior, Givenchy y otros grandes nombres. En 1959, Dior usó el Palacio de Liria como pasarela para un desfile benéfico. Al frente creativo estaba un jovencísimo Yves Saint Laurent, que aparece fotografiado junto a Cayetana.. «Recibía a reyes, artistas y toreros, y contestaba a mano todas las cartas que llegaban al palacio». Ahora es su hija quien responde por ella. Entre las vitrinas aparece la correspondencia de Jackie Kennedy, que pasó varios días en Las Dueñas en 1966. Quedaron fotografías en los toros, paseos a caballo y unas palabras afectuosas en la que evocó aquella estancia casi como un cuento de hadas. Hay documentos de Isabel II, recuerdos familiares y la portada de «Life» de 1964 con Cayetana, su marido y varios de sus hijos.. La novedad de Liria aparece a mitad de recorrido con un capítulo dedicado a los 70 años de la reconstrucción del palacio, terminada en 1956. «Ahí aparece la fortaleza de Cayetana. Liria había quedado destruido durante la Guerra Civil. Solo permanecían en pie las fachadas y Jacobo Fitz-James Stuart, mi abuelo, inició la reconstrucción. Murió sin verla terminada y mis padres culminaron el proyecto. Redecoraron las estancias y reorganizaron las colecciones», explica Eugenia al hablar de la responsabilidad de los hijos de conservar, ampliar y entregar el patrimonio a las generaciones siguientes.. Dónde: Palacio de Liria. Madrid.. Cuándo: hasta el 31 de enero de 2027.. Cuánto: 20-22 euros.
