Xi Jinping dio una cordial bienvenida a Donald Trump este jueves por la mañana antes de abordar los numerosos puntos de desacuerdo que mantiene abiertos los dos países. El líder de la Casa Blanca había aterrizado en Pekín con ganas de mostrar una sintonía total con su homólogo chino. Ambos se esforzaron en ser diplomáticos al máximo. El líder chino le dio un trato exquisito, pero no fue a recibirle al aeropuerto tras bajar del Air Force One, sino que envió a su vicepresidente.. Este detalle marcó el inicio de una visita histórica que llevó a Trump al corazón del poder imperial chino. En los espacios del Gran Palacio del Pueblo engalanado para la ocasión, el presidente estadounidense no ahorró piropos para su rival, llamando a Xi «gran líder» y asegurando ante las cámaras que ambos mantienen una relación «fantástica» capaz de arreglar cualquier problema con una llamada.. Xi, más sobrio pero muy afable según hemos visto en las imágenes, le ha seguido el juego pero con una idea clara: si las dos potencias cooperan, ganan todos; pero si se pelean, el mundo entero sale perdiendo. El ambiente ha sido de «vieja amistad» hastsa el punto de que Trump incluso ha presumido de que en su país no se habla de otra cosa, elevando la cita a la categoría de la mayor cumbre de la historia.. Lo que ha hecho que esta reunión sea distinta a otras es el séquito que Trump se ha traído bajo el brazo. En lugar de limitarse a diplomáticos, la delegación estadounidense parecía más una junta de accionistas de Silicon Valley, con figuras de la talla de Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang sentadas a la mesa. Los analistas creen que se trata de un mensaje directo de que Trump ha venido a China a hacer negocios, buscando acuerdos que le permitan volver a Washington con victorias tangibles bajo el brazo. Entre los aspectos que quiere negociar están el compromiso de Pekín de comprar más soja, ternera y aviones. Trump lo dejó claro: traía a los «número uno» del mundo empresarial para presentar sus respetos y, sobre todo, para cerrar contratos.. Pese a las sonrisas los elogios, los temas espinosos no tardaron en aparecer. Xi puso los puntos sobre las íes con el asunto de Taiwán, recordando que es su línea roja y que una «mala gestión» de este tema podría acabar en un conflicto abierto. Además de los aranceles y la tecnología, sobre la mesa planea la necesidad de que China medie para calmar el conflicto en el estrecho de Ormuz y ayudar a EEUU con el polvorín de Irán.. Más allá de las negociaciones, Xi quiso agasajar a su invitado en un escenario cargado de simbolismo e historia como es el Templo del Cielo, un conjunto de edificios religiosos del siglo XV donde los emperadores de las dinastías Ming y Qing realizaban ceremonias anuales para pedir buenas cosechas. Es patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998 y uno de los símbolos más reconocibles de la arquitectura imperial china.
Xi Jinping dio una cordial bienvenida a Donald Trump este jueves por la mañana antes de abordar los numerosos puntos de desacuerdo que mantiene abiertos los dos países. El líder de la Casa Blanca había aterrizado en Pekín con ganas de mostrar una sintonía total con su homólogo chino. Ambos se esforzaron en ser diplomáticos al máximo. El líder chino le dio un trato exquisito, pero no fue a recibirle al aeropuerto tras bajar del Air Force One, sino que envió a su vicepresidente.. Este detalle marcó el inicio de una visita histórica que llevó a Trump al corazón del poder imperial chino. Ambos líderes pasearon por el Templo del Cielo de Pekín, un enclave histórico que data del siglo XV y simboliza los vínculos entre el cielo y la tierra en la cosmovisión tradicional china. Trump llegó al lugar, cerrado al público durante dos días, poco después de finalizar su reunión con Xi en el Gran Palacio del Pueblo, y posteriormente lo hizo su anfitrión, que guió al líder estadounidense en un recorrido que no llegó a una hora por los lugares más emblemáticos de un complejo que con 273 hectáreas de extensión es cuatro veces más grande que la Ciudad Prohibida.. En los espacios del Gran Palacio del Pueblo engalanado para la ocasión, el presidente estadounidense no ahorró piropos para su rival, llamando a Xi «gran líder» y asegurando ante las cámaras que ambos mantienen una relación «fantástica» capaz de arreglar cualquier problema con una llamada. «Un gran lugar. Increíble. China es bella», manifestó Trump brevemente a la prensa que le acompaña cuando los reporteros le preguntaron qué tal había ido la reunión previa con Xi.. Trump no es el primer presidente que pisa este lugar sagrado. Ya lo hizo Gerald Ford en 1975 y, años más tarde, Nancy Reagan en 1988. De hecho, Ronald Reagan se quedó con las ganas de ir: tenía la visita en su agenda, pero las reuniones se alargaron más de la cuenta y tuvo que enviar a la primera dama en su lugar.. Xi, más sobrio pero muy afable según hemos visto en las imágenes, le ha seguido el juego pero con una idea clara: si las dos potencias cooperan, ganan todos; pero si se pelean, el mundo entero sale perdiendo. El ambiente ha sido de «vieja amistad» hastsa el punto de que Trump incluso ha presumido de que en su país no se habla de otra cosa, elevando la cita a la categoría de la mayor cumbre de la historia.. Lo que ha hecho que esta reunión sea distinta a otras es el séquito que Trump se ha traído bajo el brazo. En lugar de limitarse a diplomáticos, la delegación estadounidense parecía más una junta de accionistas de Silicon Valley, con figuras de la talla de Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang sentadas a la mesa. Los analistas creen que se trata de un mensaje directo de que Trump ha venido a China a hacer negocios, buscando acuerdos que le permitan volver a Washington con victorias tangibles bajo el brazo. Entre los aspectos que quiere negociar están el compromiso de Pekín de comprar más soja, ternera y aviones. Trump lo dejó claro: traía a los «número uno» del mundo empresarial para presentar sus respetos y, sobre todo, para cerrar contratos.. Pese a las sonrisas los elogios, los temas espinosos no tardaron en aparecer. Xi puso los puntos sobre las íes con el asunto de Taiwán, recordando que es su línea roja y que una «mala gestión» de este tema podría acabar en un conflicto abierto. Además de los aranceles y la tecnología, sobre la mesa planea la necesidad de que China medie para calmar el conflicto en el estrecho de Ormuz y ayudar a EEUU con el polvorín de Irán.. Más allá de las negociaciones, Xi quiso agasajar a su invitado en un escenario cargado de simbolismo e historia como es el Templo del Cielo, un conjunto de edificios religiosos del siglo XV donde los emperadores de las dinastías Ming y Qing realizaban ceremonias anuales para pedir buenas cosechas. Es patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998 y uno de los símbolos más reconocibles de la arquitectura imperial china.. Desde Estados Unidos, la visión general de los grandes medios es que se trata de una visita histórica y de alto riesgo, con el foco puesto en temas comerciales, Taiwán, la IA y el impacto de la guerra en Irán. La CNN, el New York Times, la BBC y el Wall Street Journal destacan que es poco probable que haya grandes avances, más allá del anuncio de grandes compras comerciales y pequeños acuerdos.
Trump fue guiado por su homólogo Xi Jinping en el Palacio del Pueblo y escoltado por Elon Musk, Tim Cook y otros magnates americanos
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