El minado del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha derivado en una situación de bloqueo sin precedentes para el comercio energético mundial, y ha revelado una debilidad inesperada en la capacidad naval de Estados Unidos.. Según ha informado The New York Times, Irán se ha visto incapaz de reabrir la vía marítima porque «no puede localizar todas las minas que colocó» y actualmente «carece de la capacidad para retirarlas».. Este escenario se ha visto agravado por el hecho de que la Armada estadounidense, que, según fuentes como The Navy Times, retiró sus últimos dragaminas clase Avenger de la región en septiembre de 2025, no dispone de buques específicos para esta tarea en el Golfo Pérsico.. Sus sustitutos, buques de combate litoral, han presentado problemas de fiabilidad y una disponibilidad operativa de apenas el 29%, muy por debajo de los estándares requeridos para una operación de desminado de gran escala, según reporta el Marine Corps Times.. En este contexto de vulnerabilidad, merece la pena poner el foco en la flota de cazaminas de la Armada española, considerada una de las más avanzadas del mundo.. España cuenta con seis buques de la clase Segura: el Segura, Sella, Tambre, Turia, Duero y Tajo, todos con base en Cartagena. Estas unidades fueron diseñadas específicamente para la guerra de minas y han sido sometidas a un ambicioso plan de modernización por valor de 135 millones de euros.. La característica más relevante de estos buques es su casco construido íntegramente con plástico reforzado con fibra de vidrio (PRFV).. Este material, además de ser amagnético para no activar minas de influencia, reduce drásticamente su firma acústica, permitiéndoles operar con sigilo en aguas minadas.. Con una eslora de 54 metros y un desplazamiento de 550 toneladas, cada cazaminas está equipado con un avanzado sonar de profundidad variable AN/SQQ-32, capaz de detectar y clasificar minas en el lecho marino.. Para la neutralización de los artefactos, los buques emplean vehículos submarinos no tripulados como el Pluto Plus y el Mine Sniper, robots teledirigidos que permiten destruir las minas a distancia sin poner en riesgo a la tripulación.. La dotación, compuesta por unos 40 hombres y mujeres, incluye además buceadores especializados en desactivación de explosivos, lo que dota a estas unidades de una capacidad de respuesta integral ante cualquier amenaza submarina.
El minado del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha derivado en una situación de bloqueo sin precedentes para el comercio energético mundial, y ha revelado una debilidad inesperada en la capacidad naval de Estados Unidos.. Según ha informado The New York Times, Irán se ha visto incapaz de reabrir la vía marítima porque «no puede localizar todas las minas que colocó» y actualmente «carece de la capacidad para retirarlas».. Este escenario se ha visto agravado por el hecho de que la Armada estadounidense, que, según fuentes como The Navy Times, retiró sus últimos dragaminas clase Avenger de la región en septiembre de 2025, no dispone de buques específicos para esta tarea en el Golfo Pérsico.. Sus sustitutos, buques de combate litoral, han presentado problemas de fiabilidad y una disponibilidad operativa de apenas el 29%, muy por debajo de los estándares requeridos para una operación de desminado de gran escala, según reporta el Marine Corps Times.. En este contexto de vulnerabilidad, merece la pena poner el foco en la flota de cazaminas de la Armada española, considerada una de las más avanzadas del mundo.. España cuenta con seis buques de la clase Segura: el Segura, Sella, Tambre, Turia, Duero y Tajo, todos con base en Cartagena. Estas unidades fueron diseñadas específicamente para la guerra de minas y han sido sometidas a un ambicioso plan de modernización por valor de 135 millones de euros.. La clave de la tecnología española: sigilo, precisión y autonomía. La característica más relevante de estos buques es su casco construido íntegramente con plástico reforzado con fibra de vidrio (PRFV).. Este material, además de ser amagnético para no activar minas de influencia, reduce drásticamente su firma acústica, permitiéndoles operar con sigilo en aguas minadas.. Con una eslora de 54 metros y un desplazamiento de 550 toneladas, cada cazaminas está equipado con un avanzado sonar de profundidad variable AN/SQQ-32, capaz de detectar y clasificar minas en el lecho marino.. Para la neutralización de los artefactos, los buques emplean vehículos submarinos no tripulados como el Pluto Plus y el Mine Sniper, robots teledirigidos que permiten destruir las minas a distancia sin poner en riesgo a la tripulación.. La dotación, compuesta por unos 40 hombres y mujeres, incluye además buceadores especializados en desactivación de explosivos, lo que dota a estas unidades de una capacidad de respuesta integral ante cualquier amenaza submarina.
La crisis en el estrecho de Ormuz ha puesto de relieve una carencia estratégica de Estados Unidos y, por contraste, el alto valor de la flota de cazaminas de la Armada española
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