El renovado interés de Donald Trump por adquirir Groenlandia ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión clave en la historia de Estados Unidos: la expansión territorial mediante la compra o incorporación de nuevos territorios. Sin embargo, si Washington no hubiera recurrido nunca a este tipo de operaciones, el mapa actual del país sería radicalmente distinto al que hoy se conoce.. Desde el siglo XIX, Estados Unidos ha ampliado sus fronteras a través de compras, anexiones y acuerdos derivados de conflictos armados. Sin estas decisiones, el país no habría alcanzado su actual extensión ni su posición geoestratégica global. El debate sobre Groenlandia recuerda precisamente ese pasado expansionista, aunque hoy el marco legal internacional hace estas operaciones mucho más complejas.. Un país mucho más pequeño. Si Estados Unidos no hubiera comprado ni incorporado territorios, su tamaño se limitaría esencialmente a las trece colonias originales de la costa este. No existirían estados como Luisiana, California, Texas, Alaska o Hawái, y el país carecería de salida directa al océano Pacífico y al Ártico, dos espacios clave para la proyección militar, comercial y estratégica.. La Compra de Luisiana en 1803, por 15 millones de dólares, duplicó el tamaño del país al añadir 828.000 millas cuadradas y asegurar el control del río Misisipi y el acceso al Golfo de México. Sin esa operación, Estados Unidos habría quedado encerrado entre potencias europeas con presencia en el continente.. Sin acceso al Pacífico ni al Ártico. La expansión hacia el oeste fue posible gracias a operaciones como el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, que añadió más de 525.000 millas cuadradas, incluyendo California, Nevada y Utah, o la Compra de Gadsden en 1853, que ajustó la frontera sur. Sin estas adquisiciones, Estados Unidos no habría tenido una salida directa al Pacífico ni control sobre la costa occidental.. El caso de Alaska, comprada a Rusia en 1867 por 7,2 millones de dólares, es especialmente relevante en el contexto actual. Sin esa operación, Estados Unidos no tendría presencia en el Ártico ni acceso a sus recursos estratégicos, un escenario muy distinto al que hoy justifica el interés por Groenlandia.. Sin territorios estratégicos fuera del continente. Tampoco formarían parte de Estados Unidos territorios como Hawái, anexionado en 1898, ni Puerto Rico, Guam o las Islas Vírgenes de EEUU, adquiridas tras conflictos o mediante compra. Esto limitaría enormemente su capacidad de proyección militar y comercial en el Pacífico y el Caribe.. Las Islas Vírgenes, compradas a Dinamarca en 1917 por 25 millones de dólares, son además el precedente más cercano al caso de Groenlandia, ya que también respondieron a motivos de seguridad nacional.. Un precedente que explica el interés por Groenlandia. El actual planteamiento de Trump de adquirir Groenlandia encaja en una larga tradición estadounidense de expansión por razones estratégicas, económicas y de seguridad. Sin embargo, a diferencia de los siglos XIX y principios del XX, el derecho internacional moderno prioriza la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos, lo que hace que una compra de este tipo sea hoy. extremadamente difícil.. Si Estados Unidos no hubiera llevado a cabo ninguna de estas adquisiciones históricas, su mapa sería el de un país mucho más reducido, con menor influencia global y sin acceso directo a regiones clave como el Pacífico o el Ártico. Un escenario que ayuda a entender por qué, más de dos siglos después, Washington sigue mirando hacia territorios estratégicos como Groenlandia.
El renovado interés de Donald Trump por adquirir Groenlandia ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión clave en la historia de Estados Unidos: la expansión territorial mediante la compra o incorporación de nuevos territorios. Sin embargo, si Washington no hubiera recurrido nunca a este tipo de operaciones, el mapa actual del país sería radicalmente distinto al que hoy se conoce.. Desde el siglo XIX, Estados Unidos ha ampliado sus fronteras a través de compras, anexiones y acuerdos derivados de conflictos armados. Sin estas decisiones, el país no habría alcanzado su actual extensión ni su posición geoestratégica global. El debate sobre Groenlandia recuerda precisamente ese pasado expansionista, aunque hoy el marco legal internacional hace estas operaciones mucho más complejas.. Un país mucho más pequeño. Si Estados Unidos no hubiera comprado ni incorporado territorios, su tamaño se limitaría esencialmente a las trece colonias originales de la costa este. No existirían estados como Luisiana, California, Texas, Alaska o Hawái, y el país carecería de salida directa al océano Pacífico y al Ártico, dos espacios clave para la proyección militar, comercial y estratégica.. La Compra de Luisiana en 1803, por 15 millones de dólares, duplicó el tamaño del país al añadir 828.000 millas cuadradas y asegurar el control del río Misisipi y el acceso al Golfo de México. Sin esa operación, Estados Unidos habría quedado encerrado entre potencias europeas con presencia en el continente.. Sin acceso al Pacífico ni al Ártico. La expansión hacia el oeste fue posible gracias a operaciones como el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, que añadió más de 525.000 millas cuadradas, incluyendo California, Nevada y Utah, o la Compra de Gadsden en 1853, que ajustó la frontera sur. Sin estas adquisiciones, Estados Unidos no habría tenido una salida directa al Pacífico ni control sobre la costa occidental.. El caso de Alaska, comprada a Rusia en 1867 por 7,2 millones de dólares, es especialmente relevante en el contexto actual. Sin esa operación, Estados Unidos no tendría presencia en el Ártico ni acceso a sus recursos estratégicos, un escenario muy distinto al que hoy justifica el interés por Groenlandia.. Sin territorios estratégicos fuera del continente. Tampoco formarían parte de Estados Unidos territorios como Hawái, anexionado en 1898, ni Puerto Rico, Guam o las Islas Vírgenes de EEUU, adquiridas tras conflictos o mediante compra. Esto limitaría enormemente su capacidad de proyección militar y comercial en el Pacífico y el Caribe.. Las Islas Vírgenes, compradas a Dinamarca en 1917 por 25 millones de dólares, son además el precedente más cercano al caso de Groenlandia, ya que también respondieron a motivos de seguridad nacional.. Un precedente que explica el interés por Groenlandia. El actual planteamiento de Trump de adquirir Groenlandia encaja en una larga tradición estadounidense de expansión por razones estratégicas, económicas y de seguridad. Sin embargo, a diferencia de los siglos XIX y principios del XX, el derecho internacional moderno prioriza la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos, lo que hace que una compra de este tipo sea hoy. extremadamente difícil.. Si Estados Unidos no hubiera llevado a cabo ninguna de estas adquisiciones históricas, su mapa sería el de un país mucho más reducido, con menor influencia global y sin acceso directo a regiones clave como el Pacífico o el Ártico. Un escenario que ayuda a entender por qué, más de dos siglos después, Washington sigue mirando hacia territorios estratégicos como Groenlandia.
Si Estados Unidos no hubiera llevado a cabo ninguna de estas adquisiciones históricas, su mapa sería el de un país mucho más reducido, con menor influencia global y sin acceso directo a regiones clave como el Pacífico o el Ártico
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