El deseo de inmortalizar momentos especiales en ocasiones ha llegado demasiado lejos, abriendo de nuevo el debate sobre el uso de los dispositivos electrónicos, especialmente durante la actividad profesional. Así lo demuestra una investigación de la fiscalía surcoreana sobre un accidente ocurrido en 2021 entre dos aviones de combate que acabó costando al ejército cerca de 880 millones de wones, unos 510.000 euros, y cuyas conclusiones han salido a la luz recientemente.. El incidente tuvo lugar mientras varias aeronaves sobrevolaban la ciudad de Daegu, al sureste del país. Uno de los pilotos que participaba en la misión manifestó durante una reunión previa su intención de tomar fotografías y vídeos para conmemorar el que sería su último vuelo con la unidad militar. Algo que el informe reconoce que era «una práctica muy extendida entre los pilotos de la época».. Así es como se gestó el incidente. La colisión entre las aeronaves se produjo durante el regreso a la base. Según el informe, el piloto considerado responsable empezó a grabar vídeos con su teléfono móvil mientras pilotaba el avión de apoyo. La BBC explica que, al percatarse de ello, otro aviador, que iba al mando de la aeronave principal de la misión, le pidió a su compañero que grabara al caza que volaba detrás. Para conseguir una mejor toma, el piloto del aparato elevó bruscamente el avión, una maniobra que redujo peligrosamente la distancia entre ambos.. Cuando advirtió el peligro de choque inminente, el líder de la misión intentó descender con rapidez para evitar el impacto. Sin embargo, ya era demasiado tarde: los dos F-15K acabaron chocando en el aire, lo que causó daños en el ala de uno de los aparatos y en el estabilizador situado en la cola del otro.. Las consecuencias. El incidente se saldó con la suspensión del piloto que asumía el papel de escolta, que actualmente estaría trabajando para una aerolínea comercial tras haber abandonado el ejército. Al segundo involucrado, el piloto acompañante del avión principal, la Fuerza Aérea surcoreana le impuso una multa de 880 millones de wones con el fin de cubrir las reparaciones de las aeronaves, y fue al apelar cuando se inició la investigación para tratar de esclarecer los hechos.. Finalmente, la multa se vio reducida a una décima parte, ya que, si bien el piloto de apoyo reconoció que fue su maniobra la que provocó la colisión, defendió que esta contaba con el visto bueno del piloto multado. No obstante, la auditoría también ha derivado parte de la responsabilidad en la Fuerza Aérea, al considerar que no había regulado el uso personal de cámaras por parte de sus pilotos.
El deseo de inmortalizar momentos especiales en ocasiones ha llegado demasiado lejos, abriendo de nuevo el debate sobre el uso de los dispositivos electrónicos, especialmente durante la actividad profesional. Así lo demuestra una investigación de la fiscalía surcoreana sobre un accidente ocurrido en 2021 entre dos aviones de combate que acabó costando al ejército cerca de 880 millones de wones, unos 510.000 euros, y cuyas conclusiones han salido a la luz recientemente.. El incidente tuvo lugar mientras varias aeronaves sobrevolaban la ciudad de Daegu, al sureste del país. Uno de los pilotos que participaba en la misión manifestó durante una reunión previa su intención de tomar fotografías y vídeos para conmemorar el que sería su último vuelo con la unidad militar. Algo que el informe reconoce que era «una práctica muy extendida entre los pilotos de la época».. Así es como se gestó el incidente. La colisión entre las aeronaves se produjo durante el regreso a la base. Según el informe, el piloto considerado responsable empezó a grabar vídeos con su teléfono móvil mientras pilotaba el avión de apoyo. La BBC explica que, al percatarse de ello, otro aviador, que iba al mando de la aeronave principal de la misión, le pidió a su compañero que grabara al caza que volaba detrás. Para conseguir una mejor toma, el piloto del aparato elevó bruscamente el avión, una maniobra que redujo peligrosamente la distancia entre ambos.. Cuando advirtió el peligro de choque inminente, el líder de la misión intentó descender con rapidez para evitar el impacto. Sin embargo, ya era demasiado tarde: los dos F-15K acabaron chocando en el aire, lo que causó daños en el ala de uno de los aparatos y en el estabilizador situado en la cola del otro.. Las consecuencias. El incidente se saldó con la suspensión del piloto que asumía el papel de escolta, que actualmente estaría trabajando para una aerolínea comercial tras haber abandonado el ejército. Al segundo involucrado, el piloto acompañante del avión principal, la Fuerza Aérea surcoreana le impuso una multa de 880 millones de wones con el fin de cubrir las reparaciones de las aeronaves, y fue al apelar cuando se inició la investigación para tratar de esclarecer los hechos.. Finalmente, la multa se vio reducida a una décima parte, ya que, si bien el piloto de apoyo reconoció que fue su maniobra la que provocó la colisión, defendió que esta contaba con el visto bueno del piloto multado. No obstante, la auditoría también ha derivado parte de la responsabilidad en la Fuerza Aérea, al considerar que no había regulado el uso personal de cámaras por parte de sus pilotos.
Uno de los pilotos trató de inmortalizar su último vuelo con la unidad militar
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