La historia de España aún guarda episodios poco conocidos, pero dignos de convertirse en la trama de un largometraje. Sin duda, uno de esos momentos fue la hazaña de Carlos de Amésquita, un marino de la Armada española que fue capaz de hacer frente a las fuerzas de Isabel I, desembarcar en tierras inglesas, quemar pueblos, humillar a la corona inglesa y realizar una misa católica en una capilla protestante. Todo un hito que merece ser recordado.. Para poder comprender este episodio, es importante conocer el contexto en el que se llevó a cabo. Era el verano de 1595 y el rey Felipe II quería vengarse de Inglaterra tras la derrota de la Armada Invencible. Por ello, mandó a Carlos de Amésquita junto a cuatro galeras: Nuestra Señora de Begoña, El Salvador, La Peregrina y Bazana y 400 hombres, a recuperar las naves que habían sido tomadas por la Armada Inglesa desde la ciudad francesa de Blavet, la cual se encontraba bajo control español.. Sin embargo, Juan del Águila, jefe militar español, tenía otros planes y propuso invadir Inglaterra. Una vez las galeras españolas llegaron a Mount’s Bay, Cornualles. Allí les esperaba Richard Burley, un católico inglés que ayudó a los españoles a llevar a cabo un ataque rápido que tomó desprevenidas a las milicias que se encontraban en la zona. Al no verse capaces de hacer frente a la fuerza española, los agentes huyeron, dejando que Amésquita y sus hombres lograran hacerse con el control de la zona.. Las tropas españolas quemaron varios pueblos ingleses y celebraron una misa católica en una iglesia protestante. Tras invadir Cornualles, las tropas comenzaron a quemar por completo diferentes pueblos cercanos como Mousehole, Paul y Newlyn. Todo ello con el objetivo de purificar una zona controlada por los protestantes, religión que profesaba la reina Isabel I. Llevada a cabo la quema, tomaron rumbo a Penzance, de mayor importancia para la región, en donde solo dejaron en pie la iglesia de St Mary’s, en la cual Burley aseguraba que se habían llevado a cabo misas católicas.. Ante este descubrimiento, Amésquita y sus hombres organizaron una misa al aire libre en la que prometieron reconstruir la iglesia una vez derrotaran a Inglaterra. Todo un gesto simbólico en el que dejaban clara la rivalidad entre católicos y protestantes. Asimismo, también llevaron a cabo la liberación de los prisioneros que se encontraban en la zona, evidenciando la debilidad de las fuerzas inglesas ante la imposibilidad de hacer frente a un ataque de dichas características.. En respuesta, la corona británica envió una flota de emergencia con el objetivo de perseguir y dar caza a Amésquita y sus tropas. Entre los nombres más destacados de la tripulación se encontraban comandantes veteranos como Francis Drake o John Hawkins. Sin embargo, estos se encontraban en Plymouth, por lo que no pudieron alcanzar a las galeras españolas, quienes emprendieron la vuelta a Blavet sin ser localizadas por los ingleses.. Amésquita también se enfrentó a 46 naves holandesas, consiguiendo hundir al menos dos. Sin embargo, su vuelta no estuvo exenta de acción, pues se encontraron con una escuadra holandesa de 46 barcos en las cercanías de Penmarch. A pesar de que las fuerzas de los holandeses eran considerablemente mayores, Amésquita no se acobardó y logró hundir al menos dos naves enemigas. En el choque, las tropas españolas perdieron alrededor de diez hombres, pero volvieron con las naves intactas, dejando clara la fuerza de la Armada española.. Ante esta clara humillación, Isabel I actuó reforzando las defensas del Canal de la Mancha y construyó fortificaciones para aumentar la presencia en las costas. Esta incursión fue la primera y única durante la guerra anglo-española en la que se logró desembarcar de forma exitosa en Inglaterra. No obstante, Carlos de Amésquita quedó olvidado por los libros de historia y su figura no fue rescatada hasta varios siglos después por diferentes historiadores ansiosos por recordar la historia de España.
Los libros de historia suelen olvidar a Carlos de Amásquita, quien realizó el primer y único desembarco exitoso en las costas inglesas y se atrevió a organizar una misa en una capilla protestante, dejando clara la fortaleza de la Armada española frente a las tropas de Isabel I
La historia de España aún guarda episodios poco conocidos, pero dignos de convertirse en la trama de un largometraje. Sin duda, uno de esos momentos fue la hazaña de Carlos de Amésquita, un marino de la Armada española que fue capaz de hacer frente a las fuerzas de Isabel I, desembarcar en tierras inglesas, quemar pueblos, humillar a la corona inglesa y realizar una misa católica en una capilla protestante. Todo un hito que merece ser recordado.. Para poder comprender este episodio, es importante conocer el contexto en el que se llevó a cabo. Era el verano de 1595 y el rey Felipe II quería vengarse de Inglaterra tras la derrota de la Armada Invencible. Por ello, mandó a Carlos de Amésquita junto a cuatro galeras: Nuestra Señora de Begoña, El Salvador, La Peregrina y Bazana y 400 hombres, a recuperar las naves que habían sido tomadas por la Armada Inglesa desde la ciudad francesa de Blavet, la cual se encontraba bajo control español.. Sin embargo, Juan del Águila, jefe militar español, tenía otros planes y propuso invadir Inglaterra. Una vez las galeras españolas llegaron a Mount’s Bay, Cornualles. Allí les esperaba Richard Burley, un católico inglés que ayudó a los españoles a llevar a cabo un ataque rápido que tomó desprevenidas a las milicias que se encontraban en la zona. Al no verse capaces de hacer frente a la fuerza española, los agentes huyeron, dejando que Amésquita y sus hombres lograran hacerse con el control de la zona.. Las tropas españolas quemaron varios pueblos ingleses y celebraron una misa católica en una iglesia protestante. Tras invadir Cornualles, las tropas comenzaron a quemar por completo diferentes pueblos cercanos como Mousehole, Paul y Newlyn. Todo ello con el objetivo de purificar una zona controlada por los protestantes, religión que profesaba la reina Isabel I. Llevada a cabo la quema, tomaron rumbo a Penzance, de mayor importancia para la región, en donde solo dejaron en pie la iglesia de St Mary’s, en la cual Burley aseguraba que se habían llevado a cabo misas católicas.. Ante este descubrimiento, Amésquita y sus hombres organizaron una misa al aire libre en la que prometieron reconstruir la iglesia una vez derrotaran a Inglaterra. Todo un gesto simbólico en el que dejaban clara la rivalidad entre católicos y protestantes. Asimismo, también llevaron a cabo la liberación de los prisioneros que se encontraban en la zona, evidenciando la debilidad de las fuerzas inglesas ante la imposibilidad de hacer frente a un ataque de dichas características.. En respuesta, la corona británica envió una flota de emergencia con el objetivo de perseguir y dar caza a Amésquita y sus tropas. Entre los nombres más destacados de la tripulación se encontraban comandantes veteranos como Francis Drake o John Hawkins. Sin embargo, estos se encontraban en Plymouth, por lo que no pudieron alcanzar a las galeras españolas, quienes emprendieron la vuelta a Blavet sin ser localizadas por los ingleses.. Amésquita también se enfrentó a 46 naves holandesas, consiguiendo hundir al menos dos. Sin embargo, su vuelta no estuvo exenta de acción, pues se encontraron con una escuadra holandesa de 46 barcos en las cercanías de Penmarch. A pesar de que las fuerzas de los holandeses eran considerablemente mayores, Amésquita no se acobardó y logró hundir al menos dos naves enemigas. En el choque, las tropas españolas perdieron alrededor de diez hombres, pero volvieron con las naves intactas, dejando clara la fuerza de la Armada española.. Ante esta clara humillación, Isabel I actuó reforzando las defensas del Canal de la Mancha y construyó fortificaciones para aumentar la presencia en las costas. Esta incursión fue la primera y única durante la guerra anglo-española en la que se logró desembarcar de forma exitosa en Inglaterra. No obstante, Carlos de Amésquita quedó olvidado por los libros de historia y su figura no fue rescatada hasta varios siglos después por diferentes historiadores ansiosos por recordar la historia de España.
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