La Catedral de Sevilla no solo fue un espacio de culto, sino también un complejo centro administrativo, económico y simbólico. Dentro de esta dimensión institucional destaca la Sala del Tesoro, conocida históricamente como la Antigua Contaduría, un espacio clave en la gestión económica del cabildo de la Catedral durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna. Su función trascendía la mera custodia de bienes materiales, integrándose en el sistema de gestión eclesiástico y urbano de la Sevilla histórica.. La Sala del Tesoro se configura en un momento de consolidación del cabildo como una de las instituciones más influyentes de la ciudad. Tras la conquista cristiana de Sevilla en 1248 y la posterior construcción de la catedral gótica a partir del siglo XV, fue necesario articular espacios destinados a la administración de los distintos recursos económicos generados por la Iglesia metropolitana. La Antigua Contaduría surgió como respuesta a esta necesidad de control y organización financiera. Su creación se inscribe en un contexto en el que la Catedral de Sevilla se convirtió en una de las instituciones eclesiásticas más ricas de Europa, gracias a rentas territoriales, diezmos, donaciones, fundaciones piadosas y, especialmente, a su vinculación indirecta con el comercio indiano a partir del siglo XVI.. La función principal de la Sala del Tesoro fue la gestión, control y custodia de los bienes económicos del cabildo. En ella se desarrollaban tareas fundamentales como: la contabilidad de ingresos y gastos de la catedral, la administración de rentas procedentes de propiedades rurales y urbanas, la supervisión de pagos a maestros de obras, artistas, clérigos y personal auxiliar y la custodia de documentos contables, libros de cuentas, escrituras y registros patrimoniales.. El término “contaduría” refleja precisamente este carácter técnico y administrativo. Los contadores del cabildo eran oficiales especializados, responsables de garantizar la transparencia y el correcto uso de los fondos, en un sistema que combinaba prácticas medievales con métodos contables cada vez más sofisticados.. Además de su función contable, la sala desempeñó un papel esencial como espacio de seguridad. En ella se guardaban objetos de alto valor económico y simbólico, como: joyas y piezas de orfebrería litúrgica, metales preciosos y reservas monetarias y documentos de especial relevancia jurídica y patrimonial. Este carácter de tesoro reforzaba la necesidad de un espacio arquitectónicamente sólido, discreto y bien protegido, integrado dentro del recinto catedralicio pero separado de las áreas de uso litúrgico.. La Antigua Contaduría no fue únicamente un espacio funcional, sino también un símbolo de la capacidad económica y organizativa de la Iglesia sevillana. Su existencia evidencia el papel de la Catedral como una institución que actuaba de manera comparable a una gran corporación, con una compleja estructura administrativa. En una ciudad como Sevilla, que durante los siglos XVI y XVII fue capital económica del imperio hispánico, la Catedral y su cabildo participaron activamente en la dinámica urbana, influyendo en la vida social, económica y política. La sala del Tesoro representaba, en este sentido, el corazón financiero de la institución eclesiástica.. Con el paso del tiempo y las reformas administrativas de la Iglesia, especialmente a partir del siglo XVIII y del proceso de secularización del siglo XIX, la sala del Tesoro fue perdiendo su función original. La reorganización de archivos, la centralización de la contabilidad y los cambios en la gestión del patrimonio eclesiástico provocaron que estos espacios quedaran relegados a nuevos usos o integrados en recorridos patrimoniales. No obstante, su valor histórico permanece como testimonio material de la compleja maquinaria administrativa que sustentó la grandeza artística y espiritual de la Catedral de Sevilla. Hoy en día, la sala del Tesoro está destinada a la custodia y exposición de piezas litúrgicas destacadas.
La función principal de la Sala del Tesoro fue la gestión, control y custodia de los bienes económicos del cabildo
La Catedral de Sevilla no solo fue un espacio de culto, sino también un complejo centro administrativo, económico y simbólico. Dentro de esta dimensión institucional destaca la Sala del Tesoro, conocida históricamente como la Antigua Contaduría, un espacio clave en la gestión económica del cabildo de la Catedral durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna. Su función trascendía la mera custodia de bienes materiales, integrándose en el sistema de gestión eclesiástico y urbano de la Sevilla histórica.. La Sala del Tesoro se configura en un momento de consolidación del cabildo como una de las instituciones más influyentes de la ciudad. Tras la conquista cristiana de Sevilla en 1248 y la posterior construcción de la catedral gótica a partir del siglo XV, fue necesario articular espacios destinados a la administración de los distintos recursos económicos generados por la Iglesia metropolitana. La Antigua Contaduría surgió como respuesta a esta necesidad de control y organización financiera. Su creación se inscribe en un contexto en el que la Catedral de Sevilla se convirtió en una de las instituciones eclesiásticas más ricas de Europa, gracias a rentas territoriales, diezmos, donaciones, fundaciones piadosas y, especialmente, a su vinculación indirecta con el comercio indiano a partir del siglo XVI.. La función principal de la Sala del Tesoro fue la gestión, control y custodia de los bienes económicos del cabildo. En ella se desarrollaban tareas fundamentales como: la contabilidad de ingresos y gastos de la catedral, la administración de rentas procedentes de propiedades rurales y urbanas, la supervisión de pagos a maestros de obras, artistas, clérigos y personal auxiliar y la custodia de documentos contables, libros de cuentas, escrituras y registros patrimoniales.. El término “contaduría” refleja precisamente este carácter técnico y administrativo. Los contadores del cabildo eran oficiales especializados, responsables de garantizar la transparencia y el correcto uso de los fondos, en un sistema que combinaba prácticas medievales con métodos contables cada vez más sofisticados.. Además de su función contable, la sala desempeñó un papel esencial como espacio de seguridad. En ella se guardaban objetos de alto valor económico y simbólico, como: joyas y piezas de orfebrería litúrgica, metales preciosos y reservas monetarias y documentos de especial relevancia jurídica y patrimonial. Este carácter de tesoro reforzaba la necesidad de un espacio arquitectónicamente sólido, discreto y bien protegido, integrado dentro del recinto catedralicio pero separado de las áreas de uso litúrgico.. La Antigua Contaduría no fue únicamente un espacio funcional, sino también un símbolo de la capacidad económica y organizativa de la Iglesia sevillana. Su existencia evidencia el papel de la Catedral como una institución que actuaba de manera comparable a una gran corporación, con una compleja estructura administrativa. En una ciudad como Sevilla, que durante los siglos XVI y XVII fue capital económica del imperio hispánico, la Catedral y su cabildo participaron activamente en la dinámica urbana, influyendo en la vida social, económica y política. La sala del Tesoro representaba, en este sentido, el corazón financiero de la institución eclesiástica.. Con el paso del tiempo y las reformas administrativas de la Iglesia, especialmente a partir del siglo XVIII y del proceso de secularización del siglo XIX, la sala del Tesoro fue perdiendo su función original. La reorganización de archivos, la centralización de la contabilidad y los cambios en la gestión del patrimonio eclesiástico provocaron que estos espacios quedaran relegados a nuevos usos o integrados en recorridos patrimoniales. No obstante, su valor histórico permanece como testimonio material de la compleja maquinaria administrativa que sustentó la grandeza artística y espiritual de la Catedral de Sevilla. Hoy en día, la sala del Tesoro está destinada a la custodia y exposición de piezas litúrgicas destacadas.
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