El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha saludado el relevo en el Ministerio de Hacienda como una oportunidad para encarar una nueva etapa en las relaciones entre Cataluña y el Gobierno central. En sendos mensajes públicos, el dirigente socialista ha dado la bienvenida al nuevo titular de la cartera, Arcadi España, y al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, subrayando los “retos trascendentales” que comparten Cataluña y España.. Más allá del gesto institucional, en el Palau de la Generalitat se interpreta el relevo como algo más que un simple cambio de nombres. La salida de María Jesús Montero —a quien Illa ha agradecido su “compromiso y valentía en favor de una España plural»— altera un equilibrio político que había condicionado de forma decisiva la agenda catalana en los últimos meses.. Un bloqueo que no dependía de la Generalitat. Casi toda la negociación presupuestaria en Cataluña estuvo marcada por un asunto que no dependía directamente de la Generalitat, sino del Ejecutivo central: el traspaso de la recaudación del IRPF. Era en Madrid donde debía producirse el movimiento clave. ERC esperaba «gestos» del Gobierno hacia esa dirección. Esos gestos, sin embargo, nunca llegaron. Pese a formar parte de los acuerdos de investidura entre el PSC y Esquerra Republicana, el traspaso del IRPF no registró avances significativos. En tanto ERC ponía ese asunto como principal condición para negociar los presupuestos, nunca llegó a sentarse con Illa para negociarlos.. La falta de progresos acabó por dinamitar la situación. Sin garantías de cumplimiento por parte del Estado, los republicanos endurecieron su posición y el ejecutivo de Illa se vio obligado a retirar las cuentas en el último momento, evidenciando la fragilidad de su mayoría. El bloqueo no respondía únicamente a razones técnicas o jurídicas, sino también a cálculos políticos. La entonces ministra de Hacienda, María Jesús Montero, estaba llamada a ser candidata del PSOE en Andalucía, un escenario en el que cualquier cesión a Cataluña —y especialmente en materia de IRPF— podía tener un alto coste electoral. Esta variable condicionó el margen de maniobra del Gobierno central y, por extensión, dejó a Illa en una posición compleja: comprometido con los acuerdos alcanzados con ERC, pero sin capacidad real para forzar su cumplimiento.. Una nueva ventana de oportunidad. La llegada de Arcadi España introduce ahora un elemento de cambio. Con un perfil negociador y experiencia en la interlocución con comunidades autónomas, el nuevo ministro es percibido en el Govern como un actor más proclive al acuerdo. Su nombramiento abre, según fuentes, una “ventana de oportunidad” para reactivar las negociaciones sobre financiación autonómica y explorar vías de avance en el autogobierno fiscal. No solo en lo relativo al IRPF, sino también en otros ámbitos que en ERC califican como «espacios de soberanía» o de «autogobierno».. Para Illa también supone también la clave para estabilizar la legislatura. Si el nuevo ministro desbloquea esta carpeta —o impulsa medidas equivalentes en términos de autogobierno—, el camino presupuestario podría acabar de encarrilarse y, de ese modo, podrían aprobarse las cuentas antes de julio, como está previsto.. Pese al cambio de escenario, el recorrido no está garantizado. El nuevo modelo de financiación sigue pendiente de aprobación en el Congreso y requiere mayorías complejas. Además, cualquier modificación de calado deberá pasar por el Consejo de Política Fiscal y Financiera y traducirse en reformas legislativas concretas. Con todo, en el Palau se impone un cierto optimismo prudente. Tras meses de bloqueo, la salida de Montero y la llegada de un nuevo interlocutor en Hacienda permiten, al menos, reactivar una negociación que resultaba clave tanto para la estabilidad del Govern como para la relación entre Cataluña y el Estado.
Los intereses electorales de Montero eran el principal escollo para materializar el traspaso del IRPF pactado entre el PSOE y ERC
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha saludado el relevo en el Ministerio de Hacienda como una oportunidad para encarar una nueva etapa en las relaciones entre Cataluña y el Gobierno central. En sendos mensajes públicos, el dirigente socialista ha dado la bienvenida al nuevo titular de la cartera, Arcadi España, y al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, subrayando los “retos trascendentales” que comparten Cataluña y España.. Más allá del gesto institucional, en el Palau de la Generalitat se interpreta el relevo como algo más que un simple cambio de nombres. La salida de María Jesús Montero —a quien Illa ha agradecido su “compromiso y valentía en favor de una España plural»— altera un equilibrio político que había condicionado de forma decisiva la agenda catalana en los últimos meses.. Un bloqueo que no dependía de la Generalitat. Casi toda la negociación presupuestaria en Cataluña estuvo marcada por un asunto que no dependía directamente de la Generalitat, sino del Ejecutivo central: el traspaso de la recaudación del IRPF. Era en Madrid donde debía producirse el movimiento clave. ERC esperaba «gestos» del Gobierno hacia esa dirección. Esos gestos, sin embargo, nunca llegaron. Pese a formar parte de los acuerdos de investidura entre el PSC y Esquerra Republicana, el traspaso del IRPF no registró avances significativos. En tanto ERC ponía ese asunto como principal condición para negociar los presupuestos, nunca llegó a sentarse con Illa para negociarlos.. La falta de progresos acabó por dinamitar la situación. Sin garantías de cumplimiento por parte del Estado, los republicanos endurecieron su posición y el ejecutivo de Illa se vio obligado a retirar las cuentas en el último momento, evidenciando la fragilidad de su mayoría. El bloqueo no respondía únicamente a razones técnicas o jurídicas, sino también a cálculos políticos. La entonces ministra de Hacienda, María Jesús Montero, estaba llamada a ser candidata del PSOE en Andalucía, un escenario en el que cualquier cesión a Cataluña —y especialmente en materia de IRPF— podía tener un alto coste electoral. Esta variable condicionó el margen de maniobra del Gobierno central y, por extensión, dejó a Illa en una posición compleja: comprometido con los acuerdos alcanzados con ERC, pero sin capacidad real para forzar su cumplimiento.. Una nueva ventana de oportunidad. La llegada de Arcadi España introduce ahora un elemento de cambio. Con un perfil negociador y experiencia en la interlocución con comunidades autónomas, el nuevo ministro es percibido en el Govern como un actor más proclive al acuerdo. Su nombramiento abre, según fuentes, una “ventana de oportunidad” para reactivar las negociaciones sobre financiación autonómica y explorar vías de avance en el autogobierno fiscal. No solo en lo relativo al IRPF, sino también en otros ámbitos que en ERC califican como «espacios de soberanía» o de «autogobierno».. Para Illa también supone también la clave para estabilizar la legislatura. Si el nuevo ministro desbloquea esta carpeta —o impulsa medidas equivalentes en términos de autogobierno—, el camino presupuestario podría acabar de encarrilarse y, de ese modo, podrían aprobarse las cuentas antes de julio, como está previsto.. Pese al cambio de escenario, el recorrido no está garantizado. El nuevo modelo de financiación sigue pendiente de aprobación en el Congreso y requiere mayorías complejas. Además, cualquier modificación de calado deberá pasar por el Consejo de Política Fiscal y Financiera y traducirse en reformas legislativas concretas. Con todo, en el Palau se impone un cierto optimismo prudente. Tras meses de bloqueo, la salida de Montero y la llegada de un nuevo interlocutor en Hacienda permiten, al menos, reactivar una negociación que resultaba clave tanto para la estabilidad del Govern como para la relación entre Cataluña y el Estado.
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