El Cáucaso Sur vive uno de sus momentos de mayor tensión geopolítica en años. Armenia, la pequeña república que durante décadas fue uno de los aliados más fieles de Moscú en el espacio postsoviético, ha decidido apostar por Occidente, y Rusia ha respondido con presión económica y una guerra comercial. El detonante más reciente llegó este miércoles, cuando la Embajada rusa en Ereván entregó una carta formal del ministro de Energía ruso, Serguéi Tsiviliov, al Gobierno armenio.. El mensaje era directo: si Armenia continúa profundizando su proceso de integración con la Unión Europea, Moscú suspenderá o denunciará unilateralmente el acuerdo energético bilateral suscrito en 2013, en virtud del cual Armenia recibe en condiciones altamente preferenciales el 85% de sus importaciones de gas, dos tercios de sus productos petrolíferos y el 50% de sus diamantes en bruto. Esto significaría que, el precio del gas podría pasar de los 177,5 dólares actuales por cada mil metros cúbicos a los 600 dólares que pagan los países europeos. Un auténtico terremoto para una economía del tamaño de la armenia.. La carta no fue el punto de partida, sino la escalada de una presión que lleva meses acumulándose. Primero llegó la prohibición de importar flores y agua mineral armenias, después la suspensión de compras de vino y coñac a varias empresas, y la amenaza de extender las restricciones a frutas y verduras. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, no ocultó el posible fin de los suministros preferenciales. «Los beneficios que reciben los armenios siempre son a costa de otros. No es algo que caiga del cielo. Es a costa de Rusia», manifestó, dejando claro que las condiciones ventajosas tienen un precio político.. Respaldo estadounidense. Mientras Rusia endurecía el tono, Estados Unidos enviaba una señal inequívoca de respaldo. El secretario de Estado Marco Rubio aterrizaba este martes en Ereván y, sin salir del aeropuerto, firmó con el ministro de Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan, tres acuerdos de calado: una Carta de Asociación Estratégica Integral, un memorando sobre cooperación en minerales críticos y tierras raras, y un acuerdo para desarrollar el corredor TRIPP, la ruta impulsada por Washington para conectar Azerbaiyán con Najicheván atravesando el sur de Armenia.. La imagen fue deliberada y su lectura política, obvia. Desde la visita del vicepresidente J.D. Vance en febrero, Washington y Ereván han acelerado acuerdos en ámbitos sensibles como inteligencia artificial, semiconductores, energía nuclear y minerales estratégicos. Armenia se convierte así en uno de los escenarios donde se libra la competencia geopolítica entre Moscú y Occidente.. La respuesta rusa no se hizo esperar. El exdirector del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, acusó al primer ministro armenio de poner bajo «amenaza directa» las relaciones con Moscú y advirtió de que su actitud «no quedará sin respuesta». El secretario Serguéi Shoigú fue en la misma línea, enumerando las «acciones inamistosas» de Ereván: la adhesión a la Corte Penal Internacional, que ha emitido una orden de arresto contra Putin, y la acogida de Zelenski en la cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en la capital armenia hace apenas tres semanas, con más de cuarenta líderes europeos presentes.+. Una línea muy frágil. El primer ministro armenio, Nikol Pashinián, que busca la reelección el próximo siete de junio, ha respondido asegurando que «aquellos socios que responden con amenazas actúan contra sí mismos». «No soy yo quien decidirá el futuro de Armenia, sino los ciudadanos». Pashinián sabe que camina sobre una línea muy frágil. Armenia sigue siendo miembro de la Comunidad de Estados Independientes y de la Unión Económica Euroasiática liderada por Moscú, de la que no ha anunciado su salida. El propio mandatario lo reconoció ante Putin en una reciente reunión en Moscú: pertenecer a la UEE y a la UE «es incompatible», dijo, pero «mientras sea posible compaginarlo, lo haremos.». El punto de inflexión fue la guerra de Nagorno Karabaj de 2023, cuando Azerbaiyán expulsó por la fuerza a más de 100.000 armenios étnicos de sus hogares y Rusia, garante teórico de la seguridad armenia, no prestó la ayuda militar esperada. Ese abandono quebró la confianza de Ereván en Moscú de forma irreversible y abrió la puerta al giro occidental que hoy protagoniza Pashinián.. Las encuestas dan al gobernante Contrato Cívico más del 30% de los votos, frente al 10% de Armenia Fuerte, el partido rival financiado por el multimillonario armenio-ruso Samvel Karapetián. Si los resultados confirman esos pronósticos, el 7 de junio podría convertirse en el certificado electoral del divorcio entre Armenia y Rusia. Un divorcio que Moscú intenta evitar a cualquier precio.
El Cáucaso Sur vive uno de sus momentos de mayor tensión geopolítica en años. Armenia, la pequeña república que durante décadas fue uno de los aliados más fieles de Moscú en el espacio postsoviético, ha decidido apostar por Occidente, y Rusia ha respondido con presión económica y una guerra comercial. El detonante más reciente llegó este miércoles, cuando la Embajada rusa en Ereván entregó una carta formal del ministro de Energía ruso, Serguéi Tsiviliov, al Gobierno armenio.. El mensaje era directo: si Armenia continúa profundizando su proceso de integración con la Unión Europea, Moscú suspenderá o denunciará unilateralmente el acuerdo energético bilateral suscrito en 2013, en virtud del cual Armenia recibe en condiciones altamente preferenciales el 85% de sus importaciones de gas, dos tercios de sus productos petrolíferos y el 50% de sus diamantes en bruto. Esto significaría que, el precio del gas podría pasar de los 177,5 dólares actuales por cada mil metros cúbicos a los 600 dólares que pagan los países europeos. Un auténtico terremoto para una economía del tamaño de la armenia.. La carta no fue el punto de partida, sino la escalada de una presión que lleva meses acumulándose. Primero llegó la prohibición de importar flores y agua mineral armenias, después la suspensión de compras de vino y coñac a varias empresas, y la amenaza de extender las restricciones a frutas y verduras. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, no ocultó el posible fin de los suministros preferenciales. «Los beneficios que reciben los armenios siempre son a costa de otros. No es algo que caiga del cielo. Es a costa de Rusia», manifestó, dejando claro que las condiciones ventajosas tienen un precio político.. Respaldo estadounidense. Mientras Rusia endurecía el tono, Estados Unidos enviaba una señal inequívoca de respaldo. El secretario de Estado Marco Rubio aterrizaba este martes en Ereván y, sin salir del aeropuerto, firmó con el ministro de Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan, tres acuerdos de calado: una Carta de Asociación Estratégica Integral, un memorando sobre cooperación en minerales críticos y tierras raras, y un acuerdo para desarrollar el corredor TRIPP, la ruta impulsada por Washington para conectar Azerbaiyán con Najicheván atravesando el sur de Armenia.. La imagen fue deliberada y su lectura política, obvia. Desde la visita del vicepresidente J.D. Vance en febrero, Washington y Ereván han acelerado acuerdos en ámbitos sensibles como inteligencia artificial, semiconductores, energía nuclear y minerales estratégicos. Armenia se convierte así en uno de los escenarios donde se libra la competencia geopolítica entre Moscú y Occidente.. La respuesta rusa no se hizo esperar. El exdirector del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, acusó al primer ministro armenio de poner bajo «amenaza directa» las relaciones con Moscú y advirtió de que su actitud «no quedará sin respuesta». El secretario Serguéi Shoigú fue en la misma línea, enumerando las «acciones inamistosas» de Ereván: la adhesión a la Corte Penal Internacional, que ha emitido una orden de arresto contra Putin, y la acogida de Zelenski en la cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en la capital armenia hace apenas tres semanas, con más de cuarenta líderes europeos presentes.+. Una línea muy frágil. El primer ministro armenio, Nikol Pashinián, que busca la reelección el próximo siete de junio, ha respondido asegurando que «aquellos socios que responden con amenazas actúan contra sí mismos». «No soy yo quien decidirá el futuro de Armenia, sino los ciudadanos». Pashinián sabe que camina sobre una línea muy frágil. Armenia sigue siendo miembro de la Comunidad de Estados Independientes y de la Unión Económica Euroasiática liderada por Moscú, de la que no ha anunciado su salida. El propio mandatario lo reconoció ante Putin en una reciente reunión en Moscú: pertenecer a la UEE y a la UE «es incompatible», dijo, pero «mientras sea posible compaginarlo, lo haremos.». El punto de inflexión fue la guerra de Nagorno Karabaj de 2023, cuando Azerbaiyán expulsó por la fuerza a más de 100.000 armenios étnicos de sus hogares y Rusia, garante teórico de la seguridad armenia, no prestó la ayuda militar esperada. Ese abandono quebró la confianza de Ereván en Moscú de forma irreversible y abrió la puerta al giro occidental que hoy protagoniza Pashinián.. Las encuestas dan al gobernante Contrato Cívico más del 30% de los votos, frente al 10% de Armenia Fuerte, el partido rival financiado por el multimillonario armenio-ruso Samvel Karapetián. Si los resultados confirman esos pronósticos, el 7 de junio podría convertirse en el certificado electoral del divorcio entre Armenia y Rusia. Un divorcio que Moscú intenta evitar a cualquier precio.
A menos de dos semanas de los comicios del 7 de junio, el Kremlin presiona a Ereván con suspender el suministro de gas, petróleo y diamantes si continúa su acercamiento a la Unión Europea.
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