Cuando las aguas se agitan y nos preguntamos qué pasará, o quien nos guiará para mantenernos a flote, resulta especialmente valioso contar con personas públicas, o que ejerzan un liderazgo, que sean parte de la solución y no del problema.. Justamente eso es lo que viene haciendo, con decisiones valientes y a veces contestadas, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Valladolid. Luis Javier Argüello, tiene claro que esto va más allá de ser simplemente bueno o aspirar a llenar las iglesias.. Su apuesta por una acción positiva y la búsqueda permanente de fórmulas de entendimiento en lo esencial, no puede ser más firme. Para este palentino de Meneses de Campos, hablar y escuchar, no defrauda nunca.. El diálogo entre personas de pensar y sentir diferente es posible. Luis Javier Argüello lo tiene claro: «el nuestro, puede ser un tiempo habitado por la fraternidad, pues estamos llamados a entendernos y a ser plenamente felices».. Desde que llegó a la presidencia de la Conferencia Episcopal, no ha cesado, por ejemplo, de buscar aliados para una alianza que se concrete en medidas aún más audaces en favor de la vida y de la natalidad.. Ha encarado y está haciendo otras muchas cosas, pero hoy quiero detenerme en esta. Cómo no hacerlo cuando en España hay más de 100.000 abortos al año y nuestro déficit de crecimiento vegetativo es de poco más.. Es decir, que son 100.000 personas que mueren más de las que nacen. Todo un drama social del que se evita hablar, no sea que te cuelguen.. Una tragedia humana, por cierto, en la que influyen -y mucho-, ademas de la ausencia de verdades eternas, las dificultades que hoy existen para la adquisiciión o alquiler de una vivienda, las condiciones laborales precarias y los bajos salarios.. Porque es todo esto, fundamentalmente, «lo que dificulta a los esposos a abrirse a la vida y a ser padres». necesitamos, ciertamente,una alianza social que anime a los poderes públicos y diversas administraciones, a poner en marcha políticas en favor de la vida, mediante realidades que aseguren hogares en unas condiciones económicas mínimas para acoger a los hijos, junto a las ayudas necesarias en el campo de la educación o de la sanidad.. Una alianza en favor de la vida, que nos anime a todos a una presión moral y política, para que el drama del aborto no sea naturalizado, no sea normalizado.. Lo que propone la Iglesia es unir oración y compromiso social y político, de maneras posibles y concretas, en favor de las mujeres embarazadas y también de sus maridos, padres de la nueva criatura, para que la vivienda, las condiciones laborales, las dificultades de salud o de cualquier otro tipo, puedan ser debidamente respaldadas y así la vida, como expresión concreta de la esperanza, se abra paso entre nosotros.. Una alianza, en fin, frente al espíritu de desesperanza de una sociedad que asfixia los valores espirituales y también humanos, con un mercadeo de competencia desenfrenado,que promueve el egoísmo y la indiferencia hacia el otro.
«Desde que llegó a la presidencia de la Conferencia Episcopal, no ha cesado, por ejemplo, de buscar aliados para una alianza que se concrete en medidas aún más audaces en favor de la vida y de la natalidad»
Cuando las aguas se agitan y nos preguntamos qué pasará, o quien nos guiará para mantenernos a flote, resulta especialmente valioso contar con personas públicas, o que ejerzan un liderazgo, que sean parte de la solución y no del problema.. Justamente eso es lo que viene haciendo, con decisiones valientes y a veces contestadas, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Valladolid. Luis Javier Argüello, tiene claro que esto va más allá de ser simplemente bueno o aspirar a llenar las iglesias.. Su apuesta por una acción positiva y la búsqueda permanente de fórmulas de entendimiento en lo esencial, no puede ser más firme. Para este palentino de Meneses de Campos, hablar y escuchar, no defrauda nunca.. El diálogo entre personas de pensar y sentir diferente es posible. Luis Javier Argüello lo tiene claro: «el nuestro, puede ser un tiempo habitado por la fraternidad, pues estamos llamados a entendernos y a ser plenamente felices».. Desde que llegó a la presidencia de la Conferencia Episcopal, no ha cesado, por ejemplo, de buscar aliados para una alianza que se concrete en medidas aún más audaces en favor de la vida y de la natalidad.. Ha encarado y está haciendo otras muchas cosas, pero hoy quiero detenerme en esta. Cómo no hacerlo cuando en España hay más de 100.000 abortos al año y nuestro déficit de crecimiento vegetativo es de poco más.. Es decir, que son 100.000 personas que mueren más de las que nacen. Todo un drama social del que se evita hablar, no sea que te cuelguen.. Una tragedia humana, por cierto, en la que influyen -y mucho-, ademas de la ausencia de verdades eternas, las dificultades que hoy existen para la adquisiciión o alquiler de una vivienda, las condiciones laborales precarias y los bajos salarios.. Porque es todo esto, fundamentalmente, «lo que dificulta a los esposos a abrirse a la vida y a ser padres». necesitamos, ciertamente,una alianza social que anime a los poderes públicos y diversas administraciones, a poner en marcha políticas en favor de la vida, mediante realidades que aseguren hogares en unas condiciones económicas mínimas para acoger a los hijos, junto a las ayudas necesarias en el campo de la educación o de la sanidad.. Una alianza en favor de la vida, que nos anime a todos a una presión moral y política, para que el drama del aborto no sea naturalizado, no sea normalizado.. Lo que propone la Iglesia es unir oración y compromiso social y político, de maneras posibles y concretas, en favor de las mujeres embarazadas y también de sus maridos, padres de la nueva criatura, para que la vivienda, las condiciones laborales, las dificultades de salud o de cualquier otro tipo, puedan ser debidamente respaldadas y así la vida, como expresión concreta de la esperanza, se abra paso entre nosotros.. Una alianza, en fin, frente al espíritu de desesperanza de una sociedad que asfixia los valores espirituales y también humanos, con un mercadeo de competencia desenfrenado,que promueve el egoísmo y la indiferencia hacia el otro.
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