Día clave en el juicio contra Luis Lorenzo y Arancha Palomino por el trato dispensado a Isabel Suárez durante los últimos meses de su vida. Este viernes en la Audiencia Provincial de Madrid prestarán declaración los acusados, a quien la Fiscalía solicita seis años de prisión por presuntos delitos contra la integridad moral, trato degradante y apropiación indebida.. En este contexto adquieren gran relevancia los documentos, incorporados en la instrucción de la Guardia Civil, a los que ha tenido acceso 20minutos, pues permiten reconstruir el profundo conflicto familiar que rodeó a la anciana mucho antes de su fallecimiento. A pesar de que Lorenzo y Palomino insisten en que tía Isabel recibió los cuidados necesarios desde que abandonó Grado, Asturias, para instalarse con ellos en Madrid, las testificales de los técnicos y cuidadoras contratadas por el matrimonio perfilan una realidad totalmente distinta. A tenor de sus declaraciones, la anciana tenía problemas de higiene, no tomaba la medicación adecuada ni era tratada de forma amable en el entorno familiar.. Una tesis que también confirma la familia, que acabó denunciando el secuestro de Isabel el 11 de junio de 2021, después de que ni Arancha ni Luis les permitieran tener acceso físico a ella ni tampoco mantener comunicaciones telefónicas. La negativa era constante, tal y como se acredita en la conversación que obra en poder de este periódico y que adquiere una nueva dimensión a la vista de los testimonios escuchados durante las primeras jornadas del juicio: “Isabel se encuentra perfectamente atendida y con el seguimiento médico que necesita y que estaba teniendo en Grado y que acreditaré donde corresponda”, escribía.. La parte más significativa del mensaje llegaba unas líneas después. “Insisto en que Isabel tiene todos los cuidados médicos y personales necesarios que no tenía en Grado viviendo sola y desatendida en su domicilio cuando requería de los cuidados y atenciones que llevamos tanto mi familia como yo proporcionándole estos dos meses”, añadía.. Sin embargo, el contenido del WhatsApp no solo resulta relevante por la defensa que realiza de los cuidados prestados a la anciana, sino que evidencia que la familia de Isabel tenía claras sospechas de que la situación era tan anómala que incluso interesarse por ella resultaba amenazante: “Te ruego no me vuelvas a amenazar ni a enviar ningún mensaje coactivo como el que me has enviado o me veré obligada a emprender las acciones judiciales correspondientes”, advertía.. En conversación con 20minutos, la familia de la fallecida recuerda que durante varias semanas pidió ayuda a las administraciones ante la desesperante realidad que estaba afrontando: “Nosotros no conocíamos la dirección de Arancha. Teníamos una dirección antigua que resultó que no era la actual. Una prima fue a Madrid. Fuimos en varias ocasiones a la Policía, llamamos a Asuntos Sociales, abogados… y la única opción era poner una denuncia por secuestro y así lo hicimos”, aseguran.. En medio de esas contradicciones emerge además otro documento incorporado a las actuaciones. Según una diligencia de la Guardia Civil a la que ha tenido acceso este periódico, Arancha Palomino realizó una sorprendente manifestación tras su detención en mayo de 2022.. Los agentes recogen que, durante su traslado al Hospital Universitario La Paz tras un intento autolítico, la acusada afirmó espontáneamente: “Si llego a saber que pasa esto, hubiese incinerado a mi tía, así nadie se entera y nada de esto hubiese pasado, que no soy gilipollas. Yo solamente cumplí con su última voluntad, que era enterrarla en el pueblo junto a su marido”.. La frase quedó reflejada en el atestado policial y forma parte de la abundante documentación generada durante una investigación que inicialmente llegó a contemplar la posibilidad de que Isabel Suárez hubiera sido víctima de un asesinato, una hipótesis posteriormente descartada al no poder acreditarse un supuesto envenenamiento prolongado.. El contenido de esa manifestación plantea hoy nuevos interrogantes. Especialmente porque la exhumación del cadáver y los posteriores análisis toxicológicos resultaron determinantes para el desarrollo de una investigación que ha terminado sentando en el banquillo a quienes debían proteger la salud de la fallecida. Será ahora el tribunal quien determine si los testimonios escuchados durante estas semanas, la documentación incorporada a la causa y las explicaciones ofrecidas por los acusados permiten esclarecer qué ocurrió realmente durante los últimos meses de vida de Isabel Suárez.
Día clave en el juicio contra Luis Lorenzo y Arancha Palomino por el trato dispensado a Isabel Suárez durante los últimos meses de su vida. Este viernes en la Audiencia Provincial de Madrid prestarán declaración los acusados, a quien la Fiscalía solicita seis años de prisión por presuntos delitos contra la integridad moral, trato degradante y apropiación indebida.. En este contexto adquieren gran relevancia los documentos, incorporados en la instrucción de la Guardia Civil, a los que ha tenido acceso 20minutos, pues permiten reconstruir el profundo conflicto familiar que rodeó a la anciana mucho antes de su fallecimiento. A pesar de que Lorenzo y Palomino insisten en que tía Isabel recibió los cuidados necesarios desde que abandonó Grado, Asturias, para instalarse con ellos en Madrid, las testificales de los técnicos y cuidadoras contratadas por el matrimonio perfilan una realidad totalmente distinta. A tenor de sus declaraciones, la anciana tenía problemas de higiene, no tomaba la medicación adecuada ni era tratada de forma amable en el entorno familiar.. Una tesis que también confirma la familia, que acabó denunciando el secuestro de Isabel el 11 de junio de 2021, después de que ni Arancha ni Luis les permitieran tener acceso físico a ella ni tampoco mantener comunicaciones telefónicas. La negativa era constante, tal y como se acredita en la conversación que obra en poder de este periódico y que adquiere una nueva dimensión a la vista de los testimonios escuchados durante las primeras jornadas del juicio: “Isabel se encuentra perfectamente atendida y con el seguimiento médico que necesita y que estaba teniendo en Grado y que acreditaré donde corresponda”, escribía.. La parte más significativa del mensaje llegaba unas líneas después. “Insisto en que Isabel tiene todos los cuidados médicos y personales necesarios que no tenía en Grado viviendo sola y desatendida en su domicilio cuando requería de los cuidados y atenciones que llevamos tanto mi familia como yo proporcionándole estos dos meses”, añadía.. Sin embargo, el contenido del WhatsApp no solo resulta relevante por la defensa que realiza de los cuidados prestados a la anciana, sino que evidencia que la familia de Isabel tenía claras sospechas de que la situación era tan anómala que incluso interesarse por ella resultaba amenazante: “Te ruego no me vuelvas a amenazar ni a enviar ningún mensaje coactivo como el que me has enviado o me veré obligada a emprender las acciones judiciales correspondientes”, advertía.. En conversación con 20minutos, la familia de la fallecida recuerda que durante varias semanas pidió ayuda a las administraciones ante la desesperante realidad que estaba afrontando: “Nosotros no conocíamos la dirección de Arancha. Teníamos una dirección antigua que resultó que no era la actual. Una prima fue a Madrid. Fuimos en varias ocasiones a la Policía, llamamos a Asuntos Sociales, abogados… y la única opción era poner una denuncia por secuestro y así lo hicimos”, aseguran.. Una confesión en el furgón. En medio de esas contradicciones emerge además otro documento incorporado a las actuaciones. Según una diligencia de la Guardia Civil a la que ha tenido acceso este periódico, Arancha Palomino realizó una sorprendente manifestación tras su detención en mayo de 2022.. Los agentes recogen que, durante su traslado al Hospital Universitario La Paz tras un intento autolítico, la acusada afirmó espontáneamente: “Si llego a saber que pasa esto, hubiese incinerado a mi tía, así nadie se entera y nada de esto hubiese pasado, que no soy gilipollas. Yo solamente cumplí con su última voluntad, que era enterrarla en el pueblo junto a su marido”.. La frase quedó reflejada en el atestado policial y forma parte de la abundante documentación generada durante una investigación que inicialmente llegó a contemplar la posibilidad de que Isabel Suárez hubiera sido víctima de un asesinato, una hipótesis posteriormente descartada al no poder acreditarse un supuesto envenenamiento prolongado.. El contenido de esa manifestación plantea hoy nuevos interrogantes. Especialmente porque la exhumación del cadáver y los posteriores análisis toxicológicos resultaron determinantes para el desarrollo de una investigación que ha terminado sentando en el banquillo a quienes debían proteger la salud de la fallecida. Será ahora el tribunal quien determine si los testimonios escuchados durante estas semanas, la documentación incorporada a la causa y las explicaciones ofrecidas por los acusados permiten esclarecer qué ocurrió realmente durante los últimos meses de vida de Isabel Suárez.
