La escritora y politóloga argentina Antonella Marty asegura que el nacionalismo cristiano no es un fenómeno coyuntural ni aislado, sino una ola reaccionaria que se alimenta del descontento social, la nostalgia de un pasado idealizado y el miedo a los cambios acelerados del mundo actual. Autora de libros como «La nueva derecha» e «Ideologías», advierte, además, de que esta ideología representa un peligro para las democracias liberales y laicas porque busca sustituir el gobierno del pueblo por un supuesto “mandato divino”.. Usted viene de Argentina, un país que hoy está en el centro de todas las miradas por la figura polémica de Javier Milei. ¿Cómo describe el clima social actual?. La situación es extremadamente compleja. Vivimos una fragilidad económica evidente: el desempleo aumenta, la economía no arranca en muchos sectores y sufrimos una inflación en dólares muy alta. Pero lo más inquietante es el clima en torno a la libertad de prensa; Argentina ha caído 47 puntos en el índice de Reporteros Sin Fronteras desde que Milei llegó al poder. Existe una atmósfera extraña, marcada por la falta de una oposición fuerte que haga contrapeso al mesianismo presidencial. La imagen de Milei está cayendo, la gente vive peor, pero persiste el escepticismo porque no hay una alternativa clara.. Usted menciona el «mesianismo» de Milei. ¿Hasta qué punto la religión dicta su agenda política?. Milei no solo usa la religión, la ha convertido en la guía de la política pública, lo que destruye la idea misma del Estado laico. Él afirma haber hablado con Dios, sostiene que tiene el mandato de combatir a las «fuerzas del maligno» en la tierra y llega a comparar a su hermana con Moisés. Hace poco, inauguró un megatemplo evangélico en El Chaco, liderado por un pastor que afirma haber recibido 100.000 dólares en su cuenta «por obra de gracia». Además, recibió en la Casa Rosada a Franklin Graham, un telepredicador conocido por su discurso racista y homofóbico. Esta unión entre religión y política es peligrosa; históricamente, cuando estos dos mundos se fusionan, el resultado son estragos como la Inquisición o las guerras de religión.. Usted está estudiando ahora el «nacionalismo cristiano» en Estados Unidos. ¿Qué es exactamente este movimiento?. No es un simple «revival» conservador; es una reconfiguración estructural de la relación entre política y religión. Es una ideología que hoy impulsa el movimiento MAGA y que ve en Donald Trump al «elegido de Dios». Se trata de estructuras centenarias que intentan transformar la democracia en una teocracia. Utilizan una «cruzada moral» para tildar de comunista o decadente cualquier cosa que no encaje en sus ideales de los años 50 o, incluso, en valores medievales.. ¿Trump es la culminación de un proceso que comenzó con el Tea Party, el ala más conservadora del Partido Republicano ?. Es la culminación de un trabajo centenario. Durante casi un siglo, fundaciones, iglesias y lobistas han moldeado la política combinando el dominionismo, la misoginia y la supremacía blanca. Trump es el síntoma de un proyecto deliberado que estalló el 6 de enero de 2021 con el asalto al Capitolio, un evento que mostró un claro carácter religioso con banderas cristianas y oraciones. No fue algo accidental, sino la exposición de décadas de nacionalismo cristiano. En ese asalto vimos banderas confederadas que nos recuerdan que la supremacía blanca nunca desapareció, solo mutó.. Usted menciona raíces muy profundas, incluso vinculadas al racismo.. Es fundamental entender esto. Los «pecados» del cristianismo blanco estadounidense incluyen la limpieza de pueblos originarios y la defensa de la esclavitud. Las leyes de segregación Jim Crow, que inspiraron a los propios nazis para segregar a los judíos, son parte de ese legado. De hecho, la derecha religiosa moderna no nació para combatir el aborto, sino para proteger los privilegios racistas. Surgieron como respuesta a la sentencia Brown vs. Board de 1954, que ordenaba la desegregación escolar; las familias blancas fundaron entonces «academias de segregación» cristianas. Cuando el Estado amenazó el estatus fiscal de esas escuelas racistas, los teleevangelistas se lanzaron a la política.. ¿Cómo se estructura intelectualmente este asalto al poder secular?. Hay organizaciones como la Heritage Foundation que constituyen la columna vertebral de este movimiento. En 1981 entregaron a Reagan el «Mandato para el Liderazgo», y ahora han diseñado el «Proyecto 2025» para Trump, que busca imponer una visión de familia tradicional y roles de género estrictos. Pero hay algo más profundo: el «dominionismo». Es la idea de que los cristianos deben alcanzar el dominio total basándose en el Génesis. Esto se traduce en el «Mandato de las Siete Montañas», que sostiene que los cristianos deben controlar las siete esferas clave de la sociedad: gobierno, medios, negocios, religión, educación, familia y entretenimiento. Personas como Lance Wallnau comparan a Trump con el rey persa Ciro, un «ungido» destinado a demoler la corrección política.. ¿Y cómo afecta todo esto a la convivencia social?. Han creado un nuevo mandamiento: «tira piedras y ordena al prójimo». Se escudan en un supuesto «derecho a ofender» para deshumanizar al otro. Es una política del odio que capitaliza el enojo de personas que prefieren teorías conspirativas -desde QAnon hasta la negación del COVID- antes que el pensamiento crítico. Milei, por ejemplo, ha llegado a atacar públicamente en redes sociales a un niño con autismo de 13 años. Esto no es solo política; es una apología del odio que busca destruir al prójimo.. Usted menciona que muchos seguidores de estos líderes son varones jóvenes. ¿Qué buscan en ellos?. Es una legión de «hombres blancos enojados» que, a pesar de tener el control, se sienten víctimas de una supuesta discriminación. Sienten que la igualdad de las mujeres ha ido demasiado lejos y culpan al feminismo, a los inmigrantes y a los colectivos LGBT de su vacío existencial. Buscan una figura paterna en líderes narcisistas que se comportan como reyes. Estos líderes validan su agresión y rechazan la empatía. Y así se construye una identidad basada en el odio al otro.. ¿Es este un fenómeno puramente americano o lo ve expandirse a Europa y España?. Es una expansión global. En América Latina fue la respuesta a la Teología de la Liberación; en Brasil, el impacto es tal que existen documentales como Apocalipsis en los trópicos que lo explican. En España estamos viviendo un boom de iglesias evangélicas, especialmente en Madrid, y ya se perciben acercamientos de partidos como el Partido Popular a estos sectores. Es un proceso lento pero constante al que hay que prestar atención.. Ha mencionado antes a Paula White. ¿Qué otros pastores o predicadores están forjando este proyecto?. Además de Paula White, tenemos a Milei hablando de las «fuerzas del cielo» o a Bolsonaro insistiendo en que Dios lo puso en la presidencia. Esta nueva derecha necesita más fieles que ciudadanos críticos. Los grupos que antes defendían las jerarquías y privilegios nunca desaparecieron; ahora disputan el espacio público reforzados por discursos de odio. Es un proceso de deshumanización similar al que advierte el museo de Auschwitz. Los racistas y misóginos se sienten cómodos hoy en día, e incluso se ven saludos nazis en algunos parlamentos. La gente vota a estos personajes por lo que prometen destruir, no por lo que prometen construir.. ¿Cree que este movimiento se desvanecerá si Trump o Milei pierden el poder?. No, porque estas redes son centenarias y están muy bien organizadas. La historia es pendular: tras periodos de liberación, surgen reacciones que intentan llevarnos hacia atrás. Sucedió tras la Primera Guerra con el auge de los fascismos, y tras los años 60 y 70 con la nostalgia conservadora de los 80. El problema es que hoy los discursos de odio se han naturalizado tanto que los racistas y misóginos vuelven a sentirse cómodos.
La escritora y politóloga argentina Antonella Marty asegura que el nacionalismo cristiano no es un fenómeno coyuntural ni aislado, sino una ola reaccionaria que se alimenta del descontento social, la nostalgia de un pasado idealizado y el miedo a los cambios acelerados del mundo actual. Autora de libros como «La nueva derecha» e «Ideologías», advierte, además, de que esta ideología representa un peligro para las democracias liberales y laicas porque busca sustituir el gobierno del pueblo por un supuesto “mandato divino”.. Usted viene de Argentina, un país que hoy está en el centro de todas las miradas por la figura polémica de Javier Milei. ¿Cómo describe el clima social actual?. La situación es extremadamente compleja. Vivimos una fragilidad económica evidente: el desempleo aumenta, la economía no arranca en muchos sectores y sufrimos una inflación en dólares muy alta. Pero lo más inquietante es el clima en torno a la libertad de prensa; Argentina ha caído 47 puntos en el índice de Reporteros Sin Fronteras desde que Milei llegó al poder. Existe una atmósfera extraña, marcada por la falta de una oposición fuerte que haga contrapeso al mesianismo presidencial. La imagen de Milei está cayendo, la gente vive peor, pero persiste el escepticismo porque no hay una alternativa clara.. Usted menciona el «mesianismo» de Milei. ¿Hasta qué punto la religión dicta su agenda política?. Milei no solo usa la religión, la ha convertido en la guía de la política pública, lo que destruye la idea misma del Estado laico. Él afirma haber hablado con Dios, sostiene que tiene el mandato de combatir a las «fuerzas del maligno» en la tierra y llega a comparar a su hermana con Moisés. Hace poco, inauguró un megatemplo evangélico en El Chaco, liderado por un pastor que afirma haber recibido 100.000 dólares en su cuenta «por obra de gracia». Además, recibió en la Casa Rosada a Franklin Graham, un telepredicador conocido por su discurso racista y homofóbico. Esta unión entre religión y política es peligrosa; históricamente, cuando estos dos mundos se fusionan, el resultado son estragos como la Inquisición o las guerras de religión.. Usted está estudiando ahora el «nacionalismo cristiano» en Estados Unidos. ¿Qué es exactamente este movimiento?. No es un simple «revival» conservador; es una reconfiguración estructural de la relación entre política y religión. Es una ideología que hoy impulsa el movimiento MAGA y que ve en Donald Trump al «elegido de Dios». Se trata de estructuras centenarias que intentan transformar la democracia en una teocracia. Utilizan una «cruzada moral» para tildar de comunista o decadente cualquier cosa que no encaje en sus ideales de los años 50 o, incluso, en valores medievales.. ¿Trump es la culminación de un proceso que comenzó con el Tea Party, el ala más conservadora del Partido Republicano ?. Es la culminación de un trabajo centenario. Durante casi un siglo, fundaciones, iglesias y lobistas han moldeado la política combinando el dominionismo, la misoginia y la supremacía blanca. Trump es el síntoma de un proyecto deliberado que estalló el 6 de enero de 2021 con el asalto al Capitolio, un evento que mostró un claro carácter religioso con banderas cristianas y oraciones. No fue algo accidental, sino la exposición de décadas de nacionalismo cristiano. En ese asalto vimos banderas confederadas que nos recuerdan que la supremacía blanca nunca desapareció, solo mutó.. Usted menciona raíces muy profundas, incluso vinculadas al racismo.. Es fundamental entender esto. Los «pecados» del cristianismo blanco estadounidense incluyen la limpieza de pueblos originarios y la defensa de la esclavitud. Las leyes de segregación Jim Crow, que inspiraron a los propios nazis para segregar a los judíos, son parte de ese legado. De hecho, la derecha religiosa moderna no nació para combatir el aborto, sino para proteger los privilegios racistas. Surgieron como respuesta a la sentencia Brown vs. Board de 1954, que ordenaba la desegregación escolar; las familias blancas fundaron entonces «academias de segregación» cristianas. Cuando el Estado amenazó el estatus fiscal de esas escuelas racistas, los teleevangelistas se lanzaron a la política.. ¿Cómo se estructura intelectualmente este asalto al poder secular?. Hay organizaciones como la Heritage Foundation que constituyen la columna vertebral de este movimiento. En 1981 entregaron a Reagan el «Mandato para el Liderazgo», y ahora han diseñado el «Proyecto 2025» para Trump, que busca imponer una visión de familia tradicional y roles de género estrictos. Pero hay algo más profundo: el «dominionismo». Es la idea de que los cristianos deben alcanzar el dominio total basándose en el Génesis. Esto se traduce en el «Mandato de las Siete Montañas», que sostiene que los cristianos deben controlar las siete esferas clave de la sociedad: gobierno, medios, negocios, religión, educación, familia y entretenimiento. Personas como Lance Wallnau comparan a Trump con el rey persa Ciro, un «ungido» destinado a demoler la corrección política.. ¿Y cómo afecta todo esto a la convivencia social?. Han creado un nuevo mandamiento: «tira piedras y ordena al prójimo». Se escudan en un supuesto «derecho a ofender» para deshumanizar al otro. Es una política del odio que capitaliza el enojo de personas que prefieren teorías conspirativas -desde QAnon hasta la negación del COVID- antes que el pensamiento crítico. Milei, por ejemplo, ha llegado a atacar públicamente en redes sociales a un niño con autismo de 13 años. Esto no es solo política; es una apología del odio que busca destruir al prójimo.. Usted menciona que muchos seguidores de estos líderes son varones jóvenes. ¿Qué buscan en ellos?. Es una legión de «hombres blancos enojados» que, a pesar de tener el control, se sienten víctimas de una supuesta discriminación. Sienten que la igualdad de las mujeres ha ido demasiado lejos y culpan al feminismo, a los inmigrantes y a los colectivos LGBT de su vacío existencial. Buscan una figura paterna en líderes narcisistas que se comportan como reyes. Estos líderes validan su agresión y rechazan la empatía. Y así se construye una identidad basada en el odio al otro.. ¿Es este un fenómeno puramente americano o lo ve expandirse a Europa y España?. Es una expansión global. En América Latina fue la respuesta a la Teología de la Liberación; en Brasil, el impacto es tal que existen documentales como Apocalipsis en los trópicos que lo explican. En España estamos viviendo un boom de iglesias evangélicas, especialmente en Madrid, y ya se perciben acercamientos de partidos como el Partido Popular a estos sectores. Es un proceso lento pero constante al que hay que prestar atención.. Ha mencionado antes a Paula White. ¿Qué otros pastores o predicadores están forjando este proyecto?. Además de Paula White, tenemos a Milei hablando de las «fuerzas del cielo» o a Bolsonaro insistiendo en que Dios lo puso en la presidencia. Esta nueva derecha necesita más fieles que ciudadanos críticos. Los grupos que antes defendían las jerarquías y privilegios nunca desaparecieron; ahora disputan el espacio público reforzados por discursos de odio. Es un proceso de deshumanización similar al que advierte el museo de Auschwitz. Los racistas y misóginos se sienten cómodos hoy en día, e incluso se ven saludos nazis en algunos parlamentos. La gente vota a estos personajes por lo que prometen destruir, no por lo que prometen construir.. ¿Cree que este movimiento se desvanecerá si Trump o Milei pierden el poder?. No, porque estas redes son centenarias y están muy bien organizadas. La historia es pendular: tras periodos de liberación, surgen reacciones que intentan llevarnos hacia atrás. Sucedió tras la Primera Guerra con el auge de los fascismos, y tras los años 60 y 70 con la nostalgia conservadora de los 80. El problema es que hoy los discursos de odio se han naturalizado tanto que los racistas y misóginos vuelven a sentirse cómodos.
La escritora analiza las raíces históricas del nacionalismo cristiano en Estados Unidos y su vínculo con movimientos como MAGA
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